lunes, mayo 29, 2017

Acerca de la "Gran Alianza Republicana"


Por @ruiz_senior

Queda un año para la campaña de las elecciones presidenciales de 2018 y no hay la menor claridad respecto de las candidaturas, por lo que se conspira y se hacen cábalas en todos los ambientes y con innumerables variaciones. En el sector de la derecha proliferan las voces que llaman a un acuerdo entre el Centro Democrático y grupos conservadores para una candidatura conjunta. Voy a comentar las posibilidades e inconvenientes de esa alianza.

Si se atendiera sólo a la opinión, no se puede negar que hay una mayoría más bien hostil a Santos y a las FARC, por lo que una candidatura rupturista en apariencia tendría ventajas. Pero el régimen tiene el control de los medios de comunicación y hasta de las redes sociales, además de los recursos del clientelismo (como las cien mil casas que regaló Vargas Lleras en algo que en otra parte sería lisa y llanamente peculado, pero que no tuvo resistencia dada la gratitud de los beneficiados, la inconsciencia de los "paganos" y el burdo cinismo de los demás grupos políticos) y aun las actuaciones del poder judicial, que es verdaderamente una gran oficina de sicarios al servicio del régimen cubano y sus tropas locales.

Pero aun pasando por alto esos datos, ¿hasta qué punto es posible esa coalición? Por ejemplo, entre los miembros del Partido Conservador que no están ligados al régimen por condiciones clientelares hay muchos que siguen a Pastrana, que en una ocasión en 2014 aludió al senador del CD José Obdulio Gaviria atribuyéndole relaciones con el tráfico de drogas. Eso por no hablar de la convicción de los uribistas de ser hegemónicos y poder imponer a su candidato, Iván Duque, a cualquiera que quisieran poner los conservadores.

Más interesante es el porqué de esa coalición. La respuesta "para ganar las elecciones y el poder" es muy obvia para los intereses de los políticos, pero así no se aclara lo que tal coalición le podría proponer a los votantes. Y basta con pensar seriamente en eso para ver que esa coalición estaría tan condenada al fracaso como una candidatura solitaria del CD. Sencillamente, la oferta de "centristas" ya es muy variada, con Fajardo y hasta Clara López como "independientes", mientras que por la "derecha" se alza potente la candidatura de Vargas Lleras, con sus formidables clientelas y recursos. Y aun así seguiría teniendo mucha ventaja un candidato del narcoterrorismo, De la Calle, Robledo o hasta el mismo Petro, con las clientelas de "la paz" eufóricas y dinero incontrolable en cantidades tremendas, además de la maquinaria gubernamental.

Voy a comentar un par de párrafos de un artículo reciente que trata del asunto y que firma Rafael Nieto Loaiza.
Esa alianza, que he llamado frente republicano, debe tener como base los partidos, movimientos y grupos que conformaron la coalición del No, pero ampliándose a muchos que votaron Sí pero que están inconformes con este desastre de gobierno y a los millones que se abstuvieron, a quienes hay que ofrecer esperanza y un futuro. 
La segunda labor es construir una plataforma de gobierno que permita al nuevo gobierno hacer de inmediato los cambios políticos, institucionales y normativos indispensables para retomar el rumbo de inversión, generar riqueza, y recuperar la seguridad que se perdió con Santos. Esa plataforma no puede centrarse solo en los desastres del acuerdo remendado con las Farc. Debe atacar los cuatro enemigos: narcotráfico, violencia e inseguridad, pobreza y corrupción. Y construirse sobre cinco pilares que den esperanza a los ciudadanos: defender y recuperar la Constitución y la democracia representativa; construir un país donde todos sean propietarios y eliminemos la pobreza; recuperar la ética y los valores de la familia; luchar contra la corrupción; y proteger el medio ambiente para que el desarrollo sea sustentable.
¿Se entiende? La Gran Alianza Republicana que propone el articulista no pretende excluir a los partidarios del SÍ, sino atraerlos dejando en segundo lugar la cuestión de la negociación. ¿Qué hay implícito en esa propuesta? Lo previsible, no cuestionar el acuerdo final entre el gobierno y las FARC sino acomodarse a él. Sólo hacen falta algunos cambios para "retomar el rumbo", porque el gobierno de Santos cometió algunos errores. Lo demás son esas frases bonitas que coinciden con las buenas intenciones de todos los candidatos, ansiosos de ofrecer esperanza y futuro, luchar contra la corrupción y proteger el medio ambiente.

Nadie se entera, a nadie le parece que eso sea un problema: en su biografía de Cuervo, Fernando Vallejo describe a los colombianos como unas criaturas cuya meta central es la presidencia de la república, "el bien supremo". Ante la posibilidad de ganar la presidencia, ¿qué importa que el poder real lo tengan los cubanos y sus socios oligarcas y terroristas? Ya pasó con la presidencia de Uribe, en que las cortes surgidas de la Constituyente de 1991 impedían gobernar pero a nadie le pareció importante hacerles frente, toda vez que la meta (el bien supremo) la había alcanzado el "pantalonudo" (esa palabra asquerosa describe enterito al país, como si el problema de Chávez o de los Castro fuera la falta de carácter).

De modo que la alianza que propone Nieto Loaiza, y que ciertamente corresponde a la disposición real de los uribistas y conservadores, comporta la renuncia a deshacer la obra de Santos, que sencillamente se reconocerá, aprovechando el "estado de no violencia" que supuestamente ha traído (cualquier intento de contener la expansión del narcotráfico o el control territorial de las FARC-ELN se responderá con mucha más violencia, ahora que además controlan las Fuerzas Armadas). Nadie debe engañarse al respecto, el propio Uribe se jacta de traicionar a la gente que votó NO por rechazar el acuerdo.

Se debe tener en cuenta que el poder terrorista podrá encarcelar y perseguir de muy diversas maneras a quienes intenten alterar el nuevo statu quo. De modo que estos políticos y comentaristas simplemente "se curan en salud" y aspiran a ser subalternos del narcorrégimen, tal como ya lo son los mandos militares y policiales y los congresistas y otros representantes populares. De lo que se trata es de conseguir algunas curules y alguna cuota de poder "representando" a los descontentos.

Pero como tales es imposible que avancen, aunque algún senador seguirán teniendo, y el beneficiado y aquellos a los que nombre estarán en todo caso contentos. Sencillamente, al renunciar a combatir el narcorrégimen y a restaurar la ley se hacen indistinguibles de los demás candidatos, salvo para los nostálgicos y desinformados, los mismos que en 2012 seguían creyendo que Santos era el amigo de Uribe, como les hacían creer comentaristas como el mismo Nieto Loaiza, para el que "a nadie, salvo a los criminales, le conviene que a Santos le vaya mal". Cada vez son menos, y para votar por palabrería contra la corrupción o por el medio ambiente votan por Claudia López o por Robledo.

Ésa es la situación en este momento, hay un consenso entre los líderes acerca de la conveniencia de unificar las campañas del CD y de los conservadores que no están atados al gobierno, y aun en que se debe evitar centrar la campaña en la negociación con las FARC. Sí que se mencionará el asunto, porque habrá quien quiera creer que no están enteramente con el narcorrégimen, pero la esencia de la campaña será el vacío que ya fue la campaña de Zuluaga en 2014. Promesas ridículas y peligrosas, como la de ofrecer universidad para todos o cualquier ocurrencia semejante.

Pero objetivamente el acuerdo final es la implantación de una tiranía que arrastrará a Colombia a la hambruna que ya se conoce en Venezuela, y objetivamente hay amplios sectores de la población que no quieren someterse. Los cálculos de estos socios de Santos y las FARC son que los descontentos tendrán que abstenerse o votar por ellos, y son cálculos justificados por todo lo que ha ocurrido desde 2010.

Y entonces los traidores ya no serán ellos, sino todos los que se dicen enemigos del narcoterrorismo pero no son capaces de apartarse del caudillo que abiertamente trata de salvar el infame acuerdo. Lo único que es claro es que esa suma que proponen simplemente resta, y que el "nicho de mercado" de los millones de colombianos que nos oponemos a la tiranía quedará sin representación. Esta encuesta de Twitter pretende dar una idea, ciertamente vaga, de la inclinación de los usuarios de esa red al respecto.

(Publicado en el blog País Bizarro el 21 de marzo de 2017.)

viernes, mayo 12, 2017

¡Todos a marchar, por lo que sea!

Por @ruiz_senior

Una de las formas características de la mentira es el sobreentendido. Aquello que no hace falta hacer explícito porque ya todos saben, y que después resulta que no se mencionaba para poderlo ocultar. Por ejemplo, durante casi siete años en Twitter miles de personas han criticado la disposición de Santos a negociar con los terroristas, todas suponiendo que Uribe estaría en contra, a lo que contribuían los lloriqueos del expresidente. Había como un consenso, el que no quería premiar a los asesinos estaba con Uribe y el que estaba con Uribe no quería premiar a los asesinos. Los hechos que probaban que Uribe apoyaba la negociación y sólo se planteaba "cómo iba él ahí" se soslayaban porque la aversión a Santos era lo importante, hasta que el compromiso de Uribe con el acuerdo fue directo y claro y entonces resultó que en realidad casi nadie estaba en contra del premio al terrorismo porque eso no les importa, sólo cuenta la pasión de exaltados inconscientes por el líder o la adulación interesada de los lagartos que no se vieron favorecidos por los nombramientos de Santos. 

Esos mismos sobreentendidos pesan sobre las marchas propuestas para el 1 de abril. El senador Iván Duque señala en una columna que
Día a día son más los ciudadanos que manifiestan su inconformidad, indignación y desilusión con la obra del gobierno Santos. En el manejo de la economía, la seguridad, la política social y en casi todos los temas, las encuestas registran el rechazo popular, al igual que precarios niveles de aceptación.
Resultando que la cuestión de "la paz" ni siquiera es de las que hay que mencionar. Más adelante sí la menciona, pero a la manera uribista, interpretando el NO como apoyo a la participación del CD en la mesa de La Habana.
Diremos que refrendar los acuerdos por las mismas mayorías parlamentarias derrotadas en las urnas, fue un desafío a la democracia directa y que no haber permitido modificaciones de fondo a los Acuerdos en La Habana, fue poner los intereses de las Farc por encima de las mayorías.
La negrita es mía: ¿de modo que la gente votó NO en aras de que hubiera "modificaciones de fondo" a los acuerdos? Esto remite a un asunto trascendental, que es la ausencia de representación política de las mayorías, síntoma de la inautenticidad y primitivismo de la democracia colombiana: para todos los políticos es más rentable hacerse socios de los señores de la cocaína que corresponder de algún modo a sus votantes. La negociación de La Habana es un golpe de Estado y una violación flagrante de la ley, los que la bendicen están en el lado de los terroristas. ¿Qué decir de un senador y candidato presidencial que cree que un plebiscito es "democracia directa" y que pone una coma entre el sujeto y el predicado de la frase?

Pero todo lo relacionado con ese prócer me parece secundario, y francamente me produce malestar la oleada de reproches que se le hacen en Twitter. Parece que Zuluaga o Trujillo fueran menos partidarios de premiar el terrorismo, o que Duque de algún modo traicionara a Uribe, cuando la actitud de ambos ante la negociación de La Habana es absolutamente coincidente, como expliqué en la entrada de este blog enlazada arriba.

Queda la impresión de que el uribismo aprovecha la convocatoria de la marcha por parte de Ordóñez para "pescar en río revuelto" y sacar a sus partidarios a la calle contra el mal gobierno y la corrupción y la carestía de la vida, haciendo uso del imaginativo repertorio de la tradición política nacional, no vaya a ser que haya quien vea en ello una actitud peligrosa para la paz. O sea, para el "estado de no violencia", tan difícilmente alcanzado, para usar la jerga uribista.

Pero es que el propio ex procurador publica un video convocando a la marcha en el que no se habla en absoluto de la paz, ni de las FARC, ni de La Habana, ni de la cocaína, sino, previsiblemente, de la corrupción, de la familia y de la patria. ¿Habrá algún acuerdo con Uribe para que el uribismo no se sienta tentado a no participar si la marcha es contra "la paz"? ¿O más bien un cálculo mezquino según el cual es mejor no alejar a los ilusionados con "la paz"? De hecho, el aceptar la adhesión de los uribistas es una renuncia completa de Ordóñez: si quiere ser el candidato del rechazo a los acuerdos, mal hace buscando el apoyo de quienes los apoyan. Si cree que el rechazo a los acuerdos es tan minoritario, ¿en qué basa su aspiración a la presidencia? ¿Será el rechazo a la corrupción, el amor a la patria o la defensa de la familia suficiente causa para formar una mayoría? Yo lo dudo.

La marcha será un rotundo fracaso, como todas las que se han convocado contra Santos. Y no lo sería si se convocara contra los acuerdos del gobierno con los terroristas, incluso si acudieran sólo una cuarta parte de los pocos que acudirán. Se vería una actitud de grupos de ciudadanos que rechazan la implantación de la tiranía y no el apoyo a quienes buscan acomodarse a ella.

Pero es el problema de siempre: el narcorrégimen no tiene un apoyo mayoritario, ni muchísimo menos, pero la gente que lo rechaza no encuentra expresión política, con lo que predominan los nostálgicos de los gobiernos de Uribe y los que no entienden que el uribismo sólo busca "modificaciones" consistentes en nombramientos y cuotas de poder. Incluso han radicado un proyecto de ley para perseguir la opinión disidente en las redes sociales: los jueces nombrados por las FARC serán quienes decidan cuándo un tuitero incurre en delito. Naturalmente, ningún tuitero uribista ha visto ningún problema.

A estas alturas ya no hay duda acerca de lo que hará Uribe. El problema es si algún candidato será capaz de lanzarse sin su apoyo y con la propuesta de defender la nulidad de los acuerdos. Hay un "nicho de mercado" para eso, pero ¿alguien recuerda un solo comentarista, salvo en Twitter, que vea esa necesidad y entienda que no se puede contar con Uribe? Seguir adhiriendo al CD es traicionar la causa de la democracia, de la ley, de la justicia y de la libertad. Pero lo seguirán haciendo, no vaya a ser que los acusen de dividir a los enamorados del Gran Timonel, que es casi tan feo como ser enemigo de la paz.

(Publicado en el blog País Bizarro el 8 de marzo de 2017.)

lunes, mayo 01, 2017

El peligro de la extrema derecha antidemocrática


La reciente discusión entre facciones del Centro Democrático ha servido para que afloren las diferencias entre sectores que simplemente están juntos gracias a la popularidad (menguante) de Uribe pero que tienen poco en común. Me ha parecido que en la discusión se han entendido mal los términos y se ha pasado por encima de lo esencial.

Voy a detenerme en los tres términos hostiles con que Yamhure se refiere a Londoño.

"Extrema derecha"

He leído comentarios según los cuales esto es una "calumnia", para lo cual se fuerza la interpretación de la expresión hasta convertirla en "nazi" o similar. Pero no hay tal: para la izquierda sectaria no existe la derecha ni el centro derecha sino que todo el que ponga en cuestión sus premisas es de extrema derecha. Esas palabras (izquierda derecha) son falaces, como he explicado cientos de veces. ¿La derecha se encarna en Thatcher o en Hitler? Ambos son hostiles a los comunistas, por tanto, son lo mismo, como decir que los ateos y los musulmanes son lo mismo porque ambos pueden ser hostiles hacia los católicos. Son términos que se prestan al engaño y los suelen usar los totalitarios en todo momento. En realidad Hitler y los comunistas son lo mismo, pero nadie lo puede ver porque a uno le pusieron el rótulo de "derecha" y a los otros el de "izquierda", y a los tontos les reemplazan la noción de "buenos" por la de "izquierda".

Queda la cuestión del "extremismo", y es donde hay que entender a Yamhure. Se dirige a gente que se quiere situar en la sensatez, en el equilibrio y la moderación. Para ese público (que es el que Uribe y su sanedrín esperan atraer para formar mayorías, según su enfoque vulgar de la política), en efecto, Londoño es extremista. Es un señor conservador de estilo patético y un tanto soberbio. Lo que a mi modo de ver interesa en esa expresión de Yamhure es el lugar en que se sitúa el uribismo. Y no porque se trate de colores ideológicos, sino porque se vive la implantación de una tiranía comunista y el expresidente intenta remediar las cosas con un enfoque moderado, inclusivo, abierto al diálogo, etc., en el supuesto de que las mayorías que no están de parte de las FARC y Santos siguen viéndolo como su líder. No es que encargue las agresiones a Londoño, es que comparte los puntos de vista sobre la paz y sobre el futuro del país de Yamhure y sus mentores.

La colombiana es una sociedad muy extraña, y creo que su principal peculiaridad es la incapacidad de hacer frente a la verdad. Nadie se ha dado cuenta todavía de que Uribe y el Centro Democrático no se oponen a la negociación de La Habana. ¿Qué importa que lo digan todos los días? No importa nada, Las certezas están más allá de los hechos. Las adhesiones están más allá de las ideologías y los programas. Odian a las FARC, aman a Uribe, los detalles de la política no les interesan. Como la verdad no importa, las palabras significan cualquier cosa, a menudo lo contrario de lo que dice el diccionario, pero ¿y qué? Tampoco la memoria importa nada. Con tantos ríos de tinta como han corrido, no he visto todavía al primero que recuerde que a Londoño ya lo llamaron de "extrema derecha" hace apenas 16 años. Andrés Pastrana, entonces presidente, dijo tras un acto en el Teatro Patria en el que participó Londoño algo como "ha nacido la extrema derecha en Colombia". (Parece que la amnesia afecta también a google, no he podido encontrar el enlace de la noticia.) El otro "fundador" de la "extrema derecha" era Álvaro Uribe Vélez.

"Antidemocrática"

Perdón por repetirme, como he pasado la mayor parte de mi vida fuera de Colombia, no suelo ver las cosas como los demás colombianos. Muchos presupuestos que todos comparten, como lo del "delito político" o el aprecio por la "acción de tutela", me parecen monstruosos, y creo que se lo parecerían a cualquier persona de un país civilizado. También me parece monstruoso ese rasgo cultural que ya señalé antes de la elasticidad de las palabras. ¿Qué es "antidemocrático"? ¿De qué modo el supuesto extremismo de Londoño es "antidemocrático"? Del modo en que para las FARC lo es cualquiera que las cuestione. ¿No se han dado cuenta de que se expresan así? ¿Quién se declara "antidemocrático"? Las palabras significan cualquier cosa. "Democrático" es "chévere", antidemocrático es lo contrario. Por ejemplo el que acusa a alguien de ser "antidemocrático" se indignaría si se le dijera: "Es verdad, es aristocrático", ¡porque "aristocrático" también es "chévere"!

De modo que la acusación es sólo un insulto barato. La extrema derecha es antidemocrática, no es chévere. Cuando se va a la discusión real, cuyo centro es la promesa de Uribe de no revocar el acuerdo final, resulta que lo antidemocrático es exactamente la defensa de la democracia, pero esa posibilidad, de pretender que se revoque el "acuerdo final" es peligrosa.

"Peligrosa"
Esta palabra es la que de verdad importa. La extrema derecha es lo que ahora Yamhure y los "obdulianos" encuentran lejos (ellos quizá que tendrían algo que contar de afinidades pasadas con radicales afines al nazismo). Lo antidemocrático es lo que no parece chévere y el acompañante habitual de la extrema derecha en la jerga de la universidad colombiana. Pero el peligro no es tan elástico. La opción de una candidatura distinta a la de Duque, sea con Uribe o sin él, es lo que es peligroso. No sólo para la carrera de Yamhure y sus mentores, ni para los negocios de quienes los financian, sino sobre todo para el consenso a que han llegado con el narcorrégimen ("no revocar los acuerdos", ¿recuerdan?).

Insisto, no ocurre nada fuera de la cabeza de cada uno, el problema no es lo que maquinen estos personajes ni lo que decida Uribe sino la disposición de la gente a engañarse. La negociación de paz con las FARC es la abolición de la democracia, pues dejan de contar las urnas y las reemplazan unas bandas de asesinos, pero el uribismo no se ha opuesto nunca y ahora promete respetar el acuerdo final, y mucha gente no quiere verlo. Los defensores de ese acuerdo, sean uribistas o santistas, ven el peligro de una candidatura "de extrema derecha" que precisamente restaure la democracia.

Desde mi punto de vista, quienes deben responder son Londoño y sus valedores. Por cálculos de corto plazo han permitido que Uribe promoviera y aplaudiera a Angelino Garzón, antiguo jefe de las FARC, han hecho campaña por Everth Bustamante, han aceptado la versión del fiscal sobre el caso de Sigifredo López, han mirado para otro lado durante más de seis años de continuos renuncios de Uribe. Incluso han callado ante las incesantes manifestaciones de apoyo a la negociación de La Habana. Sin él no son nada, ¿cómo van a salir a esa intemperie en la que los ven como la extrema derecha y los culpables de dividir a la bella mayoría que ama al Gran Timonel? Tras 16 años esa mayoría ha fracasado siempre, pero dividida no sería mayoría.

Se equivoca Yamhure. No hay tal peligro, la implantación de la tiranía ha ocurrido en medio del lloriqueo de Uribe y su coro. Y nadie va a lanzar una candidatura alternativa porque todos son antidemocráticos como él, todos están dispuestos a suscribir la abolición de la democracia porque si no lo hicieran les dirían que son de extrema derecha.<

(Publicado en el blog País Bizarro  el 2 de marzo de 2017.)

sábado, abril 15, 2017

La posición clara de Uribe


El Centro Democrático vive en estos días un conflicto interno que podría conducir a su división. En realidad, lo raro es que se mantenga unido, lo cual sólo se explica por el oportunismo de todos los que lo dirigen, que simplemente se amparan a la sombra del Gran Colombiano y conviven con gentes cuyos valores e ideas son los opuestos. Claro que en todos los partidos hay discrepancias y facciones, y más aún rivalidades personales, pero que en plena campaña el candidato le pida a un senador que renuncie a su curul, como hizo Óscar Iván Zuluaga en 2014, ya es inaudito.

Las presiones para hacer candidato a Iván Duque han forzado la resistencia de sectores conservadores y la apertura de hostilidades. Sencillamente, el CD no tiene sentido porque es un partido a la vez de izquierda, de centro y de derecha, conservador y liberal, pacifista y crítico de la paz. El CD sólo se une por la adhesión a Uribe, que a la vez está con los promotores del terrorismo como Angelino Garzón y con sus víctimas. A pesar de la popularidad del expresidente, sus sobrehumanos atributos no le dan para vencer el viejo refrán de que "el que mucho abarca poco aprieta".

Tras el escándalo que ocasionó el tuit en que Uribe anuncia que su partido no intentará revocar los acuerdos, en su misma cuenta apareció este escrito (que "a su manera" respalda). No es algo que publique Ernesto Yamhure sino Uribe, atribuyéndole la autoría a aquél.
Sobre la traición y la responsabilidad

Yamhure


Unos quieren plantear el asunto como un escenario de traición de parte suya. También caen en el ataque vil como el que me hicieron.
Efectivamente, pese a la proeza inverosímil de presentar un asunto como un escenario, no se puede decir de ningún modo que Uribe traicione a los uribistas, porque éstos se reconocen por estar de acuerdo con Uribe. Y el aserto tampoco sería cierto si diera a entender que traiciona a quienes compartían con él determinada opinión, pues tanto Uribe como los dirigentes del CD siempre han mostrado su apoyo (con críticas constructivas) a las negociaciones de La Habana. Nadie se puede sentir traicionado porque no quisiera ver lo que tenía delante o quisiera interpretarlo al revés. En ese punto el error no está en Uribe ni en los uribistas, sino en los que no quieren hacer frente a la realidad. (En este post he demostrado esa adhesión clara del uribismo a "la paz", si no reinara la mala fe se admitiría que es algo indiscutible, también por parte de Uribe.)

Respecto al "vil" ataque que dice haber sufrido Yamhure (y que no explica), creo que alguien debería escribir la novela de la persecución a Ricardo Puentes Melo, porque se podría ver al amanuense de Uribe ya no como un canalla, sino claramente como un malhechor.
Con cabeza fría he redactado este artículo para mañana en el que pongo el asunto en el plano que debe estar: el de las ideas.

Una posición responsable

En los últimos días hubo oportunidad de leer algunas posiciones y reflexiones del expresidente Álvaro Uribe sobre el futuro del acuerdo de paz después de 2018, año en el que se espera que la oposición gane las elecciones presidenciales.
 
El debate comenzó por cuenta de unas declaraciones del senador José Obdulio Gaviria en las que aseguraba que el Centro Democrático en el poder reversaría algunos elementos del acuerdo Santos-Farc.
Fieles a su posición, Uribe, Gaviria y Yamhure pasan por encima del hecho de que esos acuerdos fueron rechazados en el plebiscito al que tanto se opusieron. Ya apoyaron la violación monstruosa de la ley consistente en negociarla con quienes la violan, ¿por qué no van a seguir ayudando a pasar por encima de lo que la gente votó? Claro que para quienes han ido a la universidad hace falta una aclaración: resulta que en la idea de "reversar (?) algunos elementos del acuerdo" se da por sobreentendido que éste tiene valor jurídico. ¿Lo tiene? Para Uribe y los uribistas sí, es lo que dicen. Quienes mienten y engañan no son ellos, sino quienes viven interpretando sus palabras para que resulte que no están con Santos y las FARC.
La discusión está servida: ¿Qué debe mantenerse, qué debe modificarse, qué debe mejorarse y qué debe suprimirse? Y ahí entró el expresidente Uribe a separar los elementos del análisis. Nadie con un mínimo de sensatez estará en contra de que, por ejemplo, las Farc concentren a sus integrantes en determinadas zonas de ubicación temporal. Tampoco habrá disenso en que se produzca una desmovilización de los guerrilleros de la base con una amnistía amplia y generosa para todos aquellos que no hayan cometido crímenes de lesa humanidad.
¿Qué debe mantenerse del acuerdo? NADA, porque no existe, no tiene valor jurídico, fue rechazado por el pueblo en plebiscito. El problema, lo que no se quiere ver, es que ese acuerdo no sólo era el propósito de Santos y las FARC sino también del uribismo, que intenta mantenerlo y no sencillamente revocarlo. Con apego a la ley y a la democracia, habría que procesar a quienes lo han llevado a cabo, pues su contenido es una suplantación de la Constitución y su trámite surgió de un engaño.

Es que ese "mínimo de sensatez" que demandan Uribe y Yamhure supone la aceptación de la negociación. Pero es aún más grave porque las FARC no se están concentrando en determinadas zonas de forma temporal sino tomando posesión de amplios territorios sin la menor contraprestación. No se han desmovilizado, no se sabe quiénes son sus integrantes y es muy posible que tengan ahí a clientelas que esperan disfrutar de rentas cómodas declarándose parte de las organizaciones de nuevos amos. Los verdaderos miembros de las FARC se volverán activistas políticos legales en otras partes, y si son jóvenes y aptos para matar y secuestrar, se integrarán en el ELN, como ya ocurrió con el M-19.

Pues con la máxima insensatez tenemos que decir que sí habrá "disenso" en que se produzca una desmovilización de los guerrilleros de base, porque esa desmovilización no está contemplada en los acuerdos: como en un cuento de Borges, en que se dice "Ni el prohibido perdón ni la recomendada crueldad tuvieron ocasión de ejercerse", los colombianos no pueden perdonar ni dejar de perdonar a los terroristas porque la negociación comporta un reconocimiento de legitimidad a las bandas. No serán los demás colombianos quienes castiguen o perdonen a los terroristas, sino lo contrario. Eso es lo que llaman "jurisdicción especial para la paz", y ese castigo a quien se considere causante del conflicto está contemplado hace tiempo en los planes del gobierno y las FARC. (Al respecto, lean este impagable anuncio del magistrado Rodolfo Arango.)

De modo que Uribe y Yamhure no sólo aplauden la llamada negociación de paz y reconocen la violación de la soberanía popular sino que ayudan a divulgar las mentiras del narcorrégimen.

¿Quiénes han cometido delitos de lesa humanidad? Por ejemplo, ¿un niño que castró a un policía podría haber cometido un delito de lesa humanidad? Si es así, ni Hitler ni Himmler ni Heydrich ni Bormann ni Goering ni ningún jerarca nazi cometió delitos de lesa humanidad, sino algún rústico reclutado para las SS. Todos los miles de crímenes de lesa humanidad los cometieron todos los jefes terroristas, pues quienes los cometían simplemente obedecían sus órdenes. Pero ¿hay acaso algún reconocimiento de cada acción que pudiera ser susceptible de ese castigo? Ni lo hay ni lo habrá. Lo del castigo específico de esa clase de crímenes es la propaganda del narcorrégimen que sus socios divulgan.
El estado de no violencia es fundamental. Que los ilegales dejen de matar, dejen de extorsionar, de traficar estupefacientes, de desplazar campesinos, de reclutar a niños. Aquello debe mantenerse.
Préstese especial atención a este párrafo, porque la mentira es sencillamente una burla. ¿Han dejado los ilegales de PRODUCIR cocaína? ¿Alguien cree que van a dejar de hacerlo? Ni se menciona. ¿Hay un "estado de no violencia"? Como ya he explicado, los terroristas aptos se integran en el ELN, pero ¿no desplazan campesinos de las áreas que les entrega el gobierno? Todo es excesivo, una mentira monstruosa, porque mientras descubrimos esa mentira pasamos por alto que ese "estado de no violencia" (el mismo "cese al fuego bilateral" llamado por otro nombre para consumo de uribistas) presupone la impunidad efectiva de los terroristas y el desistimiento de la ley. Insisto, ya demostré que los uribistas siempre han apoyado la negociación, pero lo negarán haciendo caso omiso de las pruebas. Si después de las infinitas atrocidades de las FARC se llega a un "estado de no violencia", toda la ley penal sobra, pues ¿quién va a denunciar un secuestro si tras pagar el rescate se llega a un "estado de libertad"? El que vaya a denunciar pone en riesgo el "estado de libertad" y aun su vida. Eso no lo digo con sarcasmo, no es sarcasmo, es sólo el punto de vista del secuestrador. Es que en aras de intereses mezquinos y de su cuota de poder, Uribe y su sanedrín reproducen las razones de las FARC y Santos.
Pero al mismo tiempo hay elementos que son de obligatoria revisión, para efectos de proceder a introducir los cambios que sean necesarios. El primero de ellos, los alcances de la denominada justicia especial de paz, mecanismo macabro que romperá en mi pedazos la juridicidad colombiana y convertirá a la justicia ordinaria de nuestro país en una convidada de piedra. La manera como se integrará el tribunal, la forma como se designarán los magistrados y los alcances infinitos de la jurisdicción son elementos que no son admisibles, tal y como han sido planteados.
Una vez que se defiende la negociación (para la que se resucitó a una banda derrotada y en realidad desterrada) y también el acuerdo final, llega la hora de hablar con autoridad sobre lo que es "de obligatoria revisión", ojo "para efectos de proceder a introducir los cambios que sean necesarios". Alguien lo entiende. Yo no. Es que no tengo estudios. Hay elementos que son de obligatoria revisión, para efectos de proceder a introducir los cambios que sean necesarios. Entonces llega el matiz de los límites de la JEP, toda vez que los nuevos jueces podrían molestar a los uribistas. Lo demás no importa, los muertos y los mutilados y los arruinados por el secuestro, que agradezcan el "estado de no violencia".
Tampoco es aceptable que un delito autónomo como el narcotráfico pase a convertirse en conexo del delito político para efectos de cobijarlo con amnistía.
Uno que razone como Uribe-Yamhure cae en una isla de caníbales y al cabo de poco tiempo empieza a convencerlos de que no se coman la carne humana cruda. Resulta que no hay ningún problema en que la producción y tráfico de drogas sea "conexa" a los delitos "políticos" sino que haya delitos que resten penas de otros. ¿De modo que producir o vender cocaína no debe restar pena pero matar gente y pretender imponer un régimen de partido único sí? ¿En qué ordenamiento jurídico existe algo así? Obviamente en ninguno. Es como si se redujera la pena a los asesinatos de Alfredo Garavito porque su motivación era sexual. Pero para los uribistas no hay ningún problema porque son bastante parecidos a Santos y al hampa que lo sostiene.
Aquella nueva calificación del narcotráfico pone a la democracia colombiana al borde del abismo y amenaza con convertir a nuestro país en un narcoestado.
Insisto, si hubiera comprensión de lectura Colombia avanzaría muchísimo. Resulta que legitimar el negocio de la cocaína pone la democracia colombiana al borde del abismo porque NO LO ESTÁ. ¿Quién va a atreverse a cuestionar una democracia cuyas leyes son dictadas por una secta de sociópatas? Podría considerarse un pequeño defecto de una democracia, no es cuestión de arrastrarla hasta el borde del abismo y "amenazar con convertir a nuestro país en un narcoestado", cosa que obviamente no es (según Uribe-Yamhure).
Adicionalmente, el acuerdo con las Farc debe ser modificado en temas sustantivos como los son la reparación a las víctimas, el esclarecimiento a la verdad y la garantía de no repetición. Tal y como está la redacción del documento actual, un reincidente podrá mantener los beneficios que otorga la JEP y aquello, en pocas palabras, significa que los guerrilleros de las Farc han quedado con una licencia ilimitada para delinquir.
El acuerdo con las FARC no existe, no tiene ninguna validez y el pueblo lo ha rechazado. Los uribistas lo aceptan y sólo buscan mejorarlo de forma que convenga a sus intereses. Durante más de seis años sólo los cuatro gatos (el número es una exageración) de este blog hemos visto que el uribismo se sometía, pero eso no quiere decir que no seamos un bando diferente. Como los primeros que se abstuvieron de comer carne humana en las comunidades caníbales. Este párrafo del escrito de Uribe-Yamhure reincide en el apoyo al acuerdo. Las modificaciones hacen pensar en alguien que desaprobara los arañazos y mordiscos en las violaciones. 

En realidad, no hay nada nuevo en todo eso que dicen y hacen. Sólo unos pocos se incomodaron por la candidatura de Iván Duque, un personaje al que extrañamente el narcorrégimen no intenta matar ni encarcelar sino que lo promueve en los medios. Me atrevo a suponer que en cierta medida habrá un pacto entre el uribismo y el gobierno para hacerlo elegir, pacto que Santos romperá cuando Duque sea el candidato. Pero todos esos descontentos deberían plantearse cómo es que no vieron que todo eso lo dicen y hacen los uribistas desde 2010.
Esas y otras consideraciones adicionales fueron ampliamente expuestas durante la campaña del plebiscito que tuvo lugar el pasado 2 de octubre. El pueblo concurrió a las urnas y mayoritariamente respaldó la opción del NO.

El presidente Uribe y demás líderes del NO, entre los que se contaban los 3 precandidatos del Centro Democrático a la presidencia, el exprocurador Ordóñez, la exministra Martha Lucía Ramírez, cristianos y representantes de las víctimas hicieron lo que correspondía: establecer un diálogo con el gobierno para efectos de encontrar un mecanismo que no generara traumatismos institucionales con miras a incorporar un nuevo acuerdo que incluyera todas, absolutamente todas, las exigencias de los ciudadanos que votaron por el NO.
La relación con los colombianos plantea siempre un problema de comunicación. Veamos. Yo me opongo a la negociación con los terroristas y voto NO. Pero el resultado de mi voto es que me representa Yamhure, que se oponía a votar NO. Es genial. Es la cultura del país, donde siempre aparece la camarilla de lambones representando a los demás viendo "cómo van ellos" ahí. Pero el párrafo contiene otra perla que el señor Ordóñez debería aclarar lo antes posible. ¡El pueblo votó no pero los representantes autodesignados del pueblo fueron a modificar el acuerdo en aras de uno nuevo que incorporara ABSOLUTAMENTE, ABSOLUTAMENTE (insisto, Colombia no es parte de la humanidad) todas (TODAS) las exigencias de los ciudadanos que votamos por el NO! ¿Cómo las conocerían? El pueblo votó NO pero ellos se convirtieron en sus representantes y fueron a decir SÍ, pues la pregunta no era si se modificaba el acuerdo ni si salía uno nuevo. Eso es el interés del uribismo, no del "pueblo".
Y aquella actitud era la que requería el momento histórico. No fue, como se ha querido insinuar desde algunos sectores, un acto de traición, ni mucho menos. Aquello era lo que podían y debían hacer aquellos que ejercieron la vocería ciudadana.
No fue un acto de traición sino de suplantación. Sencillamente, nadie los nombró representantes de los ciudadanos que votamos NO. Ejercieron la vocería ciudadana para encauzarla hacia la satisfacción de sus intereses particulares, nadie los nombró para eso. Si fueran la oposición habrían declarado nula la negociación, pero es que sólo son el adorno del narcorrégimen.
Distinto fue lo que hizo el gobierno que de manera tramposa, mientras dialogaba con los jefes de la oposición, se fue a La Habana a maquillar el acuerdo improbado para luego desconocer el resultado de las urnas e imponer el documento de manera ilegítima a través de unas mayorías clientelistas en el Congreso de la República. 
Nadie puede esperar que un demócrata integral como el presidente Uribe, respetuoso de las instituciones obrara de manera distinta. Su deber con los millones de colombianos que acogieron sus argumentos y votaron por el NO, pero además su responsabilidad con Colombia, lo obligaban a proceder como hizo en ese momento y lo obligan a plantear el futuro del acuerdo de paz en los términos que ahora está utilizando.
Pero, ¿qué clase de demócrata integral puede suscribir un crimen monstruoso como la negociación de paz con los terroristas, para la cual se han cometido todos los crímenes? Es la retórica del maoísmo, el elogio debido al amado líder (a ver quién ponía en duda que Pol Pot, Kim Il-sung o Mugabe son "demócratas integrales"). Este demócrata integral se opone a que se vote NO a un acuerdo criminal (el documento oficial del CD se quejaba de que no les dejaban otra opción) y después resulta el representante de los que votamos NO, en aras de sus intereses particulares. Ahora espera recuperar una partecita del poder llevando a su candidato conjunto con el gobierno y para eso anuncia que reconoce el acuerdo final, al que en realidad sólo le falta alguna concesión para que los tontos que todavía lo siguen se consuelen.

Empecé suponiendo que el desacuerdo con la candidatura de Duque llevaría a la ruptura del CD. Pensándolo bien es dudoso. Ya son demasiados años para que los ahora descontentos no hayan querido enterarse de lo que hace el CD respecto de "la paz". Todavía llaman a Uribe a recapacitar y elogian sus infinitas virtudes. Algún gesto comprensivo del gran timonel los hará recapacitar a ellos. Incluso dudo de que haya una candidatura de Ordóñez, nadie va a soportar que lo acusen de dividir el uribismo.

La tiranía y aun la hambruna (como en Venezuela) son un hecho. El que pueda que emigre a tiempo.

(Publicado en el blog País Bizarro el 1 de marzo de 2017.)

viernes, abril 07, 2017

La zona oscura

Por @ruiz_senior

Las recientes protestas del uribismo tras la prevista aprobación por el Congreso de puntos muy sensibles del acuerdo de La Habana son en cierta medida desconcertantes, pues parece puro fingimiento, dado que se sabe desde el comienzo qué se buscaba con los diálogos y sencillamente no se ha querido hacer nada para impedirlo, únicamente aprovechar el descontento para acceder a las curules desde las cuales lloriquear y en algunos casos entenderse con los demás congresistas en aras de beneficios personales o grupales.

Lo mismo se puede decir de las movilizaciones previstas, cuyo motivo no son los acuerdos de paz sino la corrupción del gobierno, como si alguna vez en algún país hispanoamericano hubiera habido un gobierno al que no se acusara de corrupción para derribarlo. Tácitamente hay una aprobación de esos acuerdos, que, según manifiesta Uribe en un tuit muy comentado, no intentarán revocar sino corregir para que no conduzcan a un régimen castrochavista. Un régimen castrochavista ya existe en Colombia desde 1991, cuando el crimen organizado accedió al control del poder judicial (personajes tan fascinantes como Carlos Gaviria y Eduardo Montealegre fueron presidentes de la Corte Constitucional, mientras que otros magistrados hicieron su carrera como militantes de organizaciones marxistas ligadas al terrorismo, caso de Alfredo Beltrán o Armando Novoa, por citar sólo un par de ellos).

Para Uribe y su sanedrín ha habido siempre algo más importante que el porvenir del país, evidente desde que Santos anunció en su discurso de posesión de 2010 que la llave de la paz no estaba en el fondo del mar. Se trata de su cuota de poder, que puede menguar pero no desaparecer de golpe. De ahí esa percepción de "normalidad" que se evidencia en el "rechazo al gobierno corrupto", como si la entrega del país a una banda de asesinos fuera igual que cualquier desmán de algún funcionario. (A propósito, es muy llamativo que la corrupción aumentara durante los gobiernos de Uribe, respecto al de Pastrana, aunque eso se podría atribuir a la multiplicación de las oportunidades empresariales que trajo la mejora de la situación de seguridad.)

Pero de eso ya me he ocupado en muchísimos posts de este blog, lo que me interesa señalar es que nada de eso ha tenido la menor resistencia ni el menor reproche hasta la reciente carta de algunos comentaristas descontentos. Con perdón por la jactancia, fuera de este blog no recuerdo a nadie que estuviera fuera de dos bandos claramente identificables, el de los odiadores de Uribe que acompañan toda la persecución mediática y judicial, y el de sus adoradores, que NUNCA dijeron nada de que en las elecciones de 2011 no hubiera ningún candidato diferenciado de los que promovía Santos (salvo Peñalosa, que resultó elegido en 2015 con el apoyo de grupos afines al narcoterrorismo y que simplemente era la alternativa a Petro; probablemente habría ganado en 2011 de no ser por el apoyo de Uribe, al ser tan urgente para el gobierno impedirle a éste demostrar que los votos eran suyos, por lo que se promovieron las tres candidaturas de distracción que permitieron ganar al payaso).

NADIE se sintió incómodo cuando Óscar Iván Zuluaga aseguraba en un artículo publicado en El Tiempo el 7 de agosto de 2011 que el gobierno merecía aprobación, ni cuando ya en 2012 aseguraba que quería que a Santos le fuera bien porque era lo que convenía a su partido (el PSUN), ni cuando Rafael Nieto Loaiza aseguraba que "sólo los criminales" deseaban que a Santos le fuera mal en sus negociaciones de paz. Francisco Santos declaró en una entrevista que si su primo conseguía la paz sería "el rey del universo". Fui el único que la leyó. La he enlazado MUCHOS MILES de veces en Twitter y NUNCA nadie me ha dicho que la conociera o que supiera que el uribismo aprobaba la negociación o que alguien discrepaba de Santos. 

Mucho más grave es que tampoco nadie discutiera nunca que la propaganda del gobierno confundía "paz" con "negociaciones de paz". Como ya he señalado, para mantenerse en una zona de confort se asumía que los colombianos aceptarían el atajo de la negociación, cosa que en sí es complicidad con el crimen, pues tácitamente el Estado renuncia a la ley. Pero como no es cuestión de ser descritos como culpables de la "guerra" ("enemigos de la paz"), pues tampoco va a pasar nada con que "paz" sea lo que se hacía en La Habana. Buenas personas, al fin y al cabo, en lugar de crear problemas con la semántica, denunciaban todos los días las atrocidades terroristas, como si no se cometieran precisamente como "pedagogía de paz". Como quien negocia un secuestro les pone a los paganos la grabación con el llanto del niño para convencerlos de que paguen, así estos "descontentos" publicaban el horror sin negarse a premiarlo, a lo sumo matizando algunos puntos y siempre buscando producir la impresión en el público de que ellos eran los "intérpretes de la angustia popular".

En las tres elecciones que se celebraron en 2014 (las legislativas y las dos vueltas presidenciales), tampoco hubo el menor interés en aludir a la "guerra", o sea, a la "paz". En la cuenta de Twitter de Óscar Iván Zuluaga se hablaba de "consolidar la paz" mediante inversiones en Inzá, pero fui el único que lo leyó. También lo he mostrado cientos de veces en Twitter, pero en los terminales ajenos no llega, nadie lo vio. El único que recuerdo que con ocasión de esas campañas manifestó algo sobre la paz fue Saúl Hernández, que protestaba porque se la utilizara como tema electoral. Debería prohibirse. Para que no crean que me lo invento, cito el fragmento.
Por eso, un tema tan azaroso, que suele ser presa del oportunismo político, debería estar excluido del debate electoral.
Esa renuncia generalizada a la verdad, que es lo que hay en esa aparente filigrana semántica, tampoco la detectó nadie, y los uribistas proclamaban después de las elecciones que nada habría cambiado con Zuluaga respecto a "la paz". ¿O alguien ejecutó la inverosímil proeza de leer esta perla del uribista Sergio Araújo, entenderla y darse por enterado? 
Un gobierno de Zuluaga habría sido reconciliador. La suya hubiera sido una paz responsable. Su álter ego, Luis Alfonso Hoyos –y no Uribe– habría sido el hombre más importante del Gobierno. Y Colombia hubiera dado seguramente el salto educacional que nos insertara en el primer mundo, transformándonos.
Nadie lo leyó. Es sencillo, lo he explicado muchísimas veces con base en lo que afirmaba Octavio Paz: la Contrarreforma de los siglos XVI y XVII dejó en la América española el rastro del rechazo a la crítica. No hay discusión real porque en cualquier momento Roma locuta, resulta uno discrepando con Uribe y echa a perder su carrera. En el mismo enlace afirma Mauricio Vargas que un grupo de amigos de Uribe lo intentaba persuadir para que aplaudiera los acuerdos. Parece que lo convencieron.

Tras las elecciones declaraba Óscar Iván Zuluaga:
Siete millones de colombianos cuya voz tendrá que ser escuchada por el nuevo gobierno. Aquí hay una opinión ciudadana que reclama un espacio en la política de construcción de la paz negociada.
(Citado por Rafael Guarín en un artículo obviamente dedicado a aplaudir la paz negociada y a llamar a la inclusión del uribismo.) 

Pero eso tampoco lo leyó nadie, no faltaría más sino que además lo recordaran. Y no obstante lo que ocurrió después fue mucho peor: ¿qué pasó con las reuniones de representantes del uribismo con Álvaro Leyva? No le interesan a nadie y son paparruchas tan despreciables que nadie las va a comentar, como el testimonio del vendedor de fruta que vio a Sigifredo López dirigiendo el secuestro de los diputados, según el inefable Montealegre. (El caso de ese asesino bastaría para demostrar que el uribismo es sólo una farsa de unos canallas, una evidente suplantación de la sociedad en aras de beneficios particulares: se renuncia a la justicia a cambio de quién sabe qué incentivos.)

Y como NADIE sabe ni quiere saber, salvo los "exegetas", que siempre interpretan las cosas de modo que resulte lo que quieran, tampoco se puede conocer lo que piensa NADIE del proyecto de acordar una Constituyente con las FARC, explícito en este artículo de Juan Lozano que Uribe divulgó en su cuenta de Twitter y que obviamente corresponde a los cálculos del uribismo. Por entonces creían posible anular el referendo, que daban por perdido pues ¿quién no va a aprobar una paz estable y duradera? La solución, visto que el acuerdo que pedía Zuluaga y proponía Guarín no se conseguía, era acordar una Constituyente en la que a cambio de la sumisión a la paz las FARC concederían algo al uribismo, yo casi apuesto a que sería la posibilidad de Uribe de volver a ser candidato.

En ese escrito, Lozano le reprocha a Santos incumplir sus promesas a las FARC, pero curiosamente NADIE lo leyó. Ahora se sorprenden de que Uribe anuncie que no buscará revocar el acuerdo final, pero ¿no es un poco cínico y a la vez ridículo sorprenderse? Es ocasión simplemente de renovar el voto de amor al Gran Timonel y advertirlo contra los malos consejeros, recomendándole que dé marcha atrás y mantenga la ficción de que se opone al acuerdo, como en aquella canción de Camilo Sesto:
Miénteme, porque sólo así me harás saber / que aún nos podemos entender. / Miénteme, tus ojos dicen la verdad, / miénteme.
Y es que sólo esa ficción permite mantener los hechos reales en esa zona oscura en la que no existen, en la que se puede no ver lo que abiertamente ocurre hace muchos años.

Cuando se acusa a los uribistas de rendirse lanzan su protesta: #NoClaudicamos. Ya claudicaron en 2010 y en realidad antes, cuando el gobierno en lugar de acabar con el engendro del 91 prefirió "corregirlo" sólo para poder instaurar un "uribato" inspirado en Mao Zedong y el "culto de la personalidad" que cultivó el comunista chino. Y cuando en combinación con esa proeza aplaudieron la alianza con la politiquería regional y Santos para conservar su cuota de poder.

Y es que el problema de Colombia no es el narcoterrorismo ni la mafia gubernamental sino el uribismo, tal como el enemigo de la salud en África no es el mosquito que transmite la malaria sino la falta de políticas eficientes para erradicarla. No habrá remedio para Colombia mientras no haya una movilización ciudadana que incluya al uribismo en el bando de "la paz" y lo rechace tajantemente, y eso no ocurrirá durante mucho tiempo. Tampoco habrá después de 2018 ningún gobierno uribista, pues la alianza planeada con el gobierno y sus aliados para hacer elegir a Duque se acabará en cuanto sea el candidato oficial: ya no lo querrán tanto los medios y puede que algún juez le encuentre alguna conducta dudosa. Pero es que ¿qué candidato es? ¿Qué representa? Bueno, representa el uribismo, la más vil politiquería y falta de principios que ha permitido la instauración de una dictadura criminal de la que será muy difícil salir.

Pero insisto, para la historia quedará esa derrota total y previsible, para la historia de la conciencia quedará ese milagro increíble de que NADIE haya visto lo que pasaba. Esa zona oscura en la que los hechos obvios no demandan respuesta y ni siquiera se registran.

(Publicado en el blog País Bizarro el 23 de febrero de 2017.)

martes, marzo 28, 2017

El pantano moral del uribismo

Por @ruiz_senior

1. Opinar y obrar

En Twitter me contestó el señor Fernando Alameda (@fernandoal1), hasta donde sé ligado al CD y al Centro de Pensamiento Primero Colombia, con un reproche que podría resumirse así: "una cosa es publicar opiniones y otra hacer política en la realidad". Le contesté explicando la idea de que el problema es el sentido de lo que se hace. Me parece necesario señalarlo: más importante que la seriedad o responsabilidad de una acción es su sentido. El problema de la actuación del uribismo respecto del gobierno de Santos no es su compromiso mayor o menor, sino su complacencia con la negociación de paz. No se contesta acerca de si esto está bien o mal descalificando a quien lo cuestiona. Lo que buscaba Alameda era descalificar cualquier cuestionamiento al apoyo del uribismo a "la paz" como "habladera de paja".

2. Propuestas

Al final me pregunta qué es lo que propongo. Pero si está claro en cada tuit que escribo: propongo rechazar toda la negociación del gobierno colombiano con los terroristas, movilizar a la sociedad para anularla y castigar penalmente a quienes la llevaron a cabo. Eso no es tan difícil si se piensa que los jefes de las FARC son reos de diversos delitos ante las autoridades estadounidenses, que podrían pedir su extradición, y que no sería muy difícil demostrar que han cometido muchos crímenes de lesa humanidad y llevarlos a la CPI. Sencillamente, el uribismo nunca se ha opuesto a dicha negociación ni ciertamente propone no acatarla ni deslegitimarla. No es que obren y no sólo opinen, sino que obran en el sentido opuesto al que debería tener quien se planteara defender la democracia. El lloriqueo por los crímenes de las FARC durante los años anteriores, y por los resultados de la negociación ahora, sólo es demanda de integración en la mesa negociadora. En todo caso, le enlacé un post que publiqué tras las elecciones de 2014. No vio ninguna propuesta, y es que no hay ahí ninguna propuesta que interese al uribismo porque lo que interesa al uribismo son los nombramientos de fichas en las entidades públicas, aunque para eso haya que ayudar a nombrar procurador (quien vigila a los funcionarios) al más grotesco peón del gobierno.

3. El uribismo y el MOIR
Como la actuación del uribismo tras 17 años de unidad me parece realmente ajena al interés de defensa de la democracia y la libertad, le explico al señor Alameda que lo primero que propongo es alejarse del uribismo y su MOIR interno. No era una alusión personal, ni sabía que Alameda proviniera del MOIR, aunque se habla de algunos dirigentes del CPPC. Sobre esa cuestión de los moiristas en el uribismo ya había publicado dos posts (1 y 2) porque es ciertamente un asunto pintoresco. Y porque, me parece, permite entender qué es realmente el uribismo. Pero para responder a esa cuestión el señor Alameda publicó un escrito que me propongo comentar.

4. Tres letras ausentes
En el escrito de Alameda no se encuentran tres letras que son lo que define al MOIR y a sus herederos. La M, la A y la O, Un nombre remoto de un líder que casualmente es el mayor genocida de la historia; no se crea que sólo por la elevada población china, los testimonios lo delatan como un monstruo singular. Por ejemplo, los militares estadounidenses que tomaron parte en la Guerra de Corea relatan que de nada servía aniquilar a varias filas seguidas de combatientes chinos, siempre aparecían otros kamikaze a los que los comunistas sacrificaban sin preocuparse. Cuando una periodista occidental le preguntó por los millones de muertos causados por sus ocurrencias del "Gran Salto Adelante" y la "Revolución Cultural", le respondió tranquilamente que esas personas de todos modos habrían de morir. La ruptura chino-soviética de finales de los años cincuenta tuvo dos causas: una fue el discurso de Jruschov en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (1956) en que denunció los crímenes de Stalin, la otra fue la resistencia de los soviéticos a transferir a los chinos la tecnología nuclear, que no esperaban tener sólo para intimidar. Es conocida la frase de Jruschov de que "Me arreglaría con los chinos en cinco minutos si les diera la bomba atómica". Ese conflicto se extendió a todos los partidos comunistas del mundo en forma de ruptura entre "revisionistas" y ortodoxos, que se proclamaban herederos de Stalin. El maoísmo era el bando de los revolucionarios radicales que no transigían con la "coexistencia pacífica" que promovían los soviéticos.

5. El MOEC, Francisco Mosquera y el MOIR

El 7 de enero de 1959 se produjeron disturbios estudiantiles en Bogotá de los que surgió un grupo de extrema izquierda independiente del Partido Comunista. Se llamó "Movimiento Obrero Estudiantil Campesino 7 de Enero" y durante un tiempo vaciló entre diversas opciones, hasta que una facción adoptó oficialmente el maoísmo y dio lugar en 1969 al MOIR, dirigido por Francisco Mosquera, un activista de Bucaramanga inicialmente ligado al Partido Liberal que terminó encontrando en el maoísmo su ideología. Al igual que ocurría con el PCC, hay que pensar en la generosidad de los camaradas chinos, que por entonces inundaban a toda Latinoamérica de propaganda (no importaba la hambruna que vivían los chinos, los libros que un joven colombiano de entonces encontraba más fácilmente eran los de Ediciones en Lenguas Extranjeras de Pekín, así como revistas en papel satinado como China Reconstruye China.  Yo incluso recuerdo un libro ilustrado llamado Guerra de minas, en el que se daban instrucciones para matar diablos japoneses usando minas). Para no extenderme remito al interesado en la trayectoria de Mosquera a este trabajo universitario.

6. Las mentiras de Alameda
Tenemos pues que el MOIR era un movimiento maoísta que se identificaba con el llamado "marxismo-leninismo-pensamiento Mao-Tse-Tung" y promovía la "revolución cultural" en Colombia. No mencionar los rasgos reales de ese movimiento, cuyo principal texto doctrinal era el Libro rojo de Mao es sencillamente mentir. 
¿Por qué fui del Moir y ahora soy uribista?
La amenaza terrorista encarnada en los grupos guerrilleros y auspiciados en su comienzo por la URSS, el Partido Comunista Colombiano y Fidel Castro aparece en la década de los 60's del siglo pasado. El apacigusionismo que no considera a estos grupos como terroristas sino como parte de un conflicto interno armado y defiende la tesis de que esa lucha aunque equivocada, tiene razones objetivas justas, hace parte de la respuesta equivocada de la sociedad colombiana y se expresa inicialmente desde el Estado, en el proceso de paz de Belisario Betancur.
En el 1970 me vínculo al extinto Moir que defiende dos postulados centrales: que las guerrillas y sus áulicos, además de ser mercenarios de paises extranjeros representan una fuerza terrorista y no a ningún sector de la sociedad levantada en armas por justa causa y segundo, que en Colombia se debe construir tarde que temprano una sociedad socialista.
¿No le queda la impresión al lector de que el MOIR aparece como quien denuncia al PCC, al ELN y al M-19 como terroristas? Todo eso es obscenamente falso. El PCC les parecía "revisionista" en la medida en que adhería a las tesis de los dirigentes soviéticos, que se habían apartado de la ortodoxia de Stalin. Es verdad que el MOIR no practicó la lucha armada, pero no porque la rechazara sino porque creía que antes era necesario un "movimiento de masas" que le sirviera de base social. Según el autor del libro enlazado arriba sobre el MOEC,
En una especie de acuerdo entre las dos tendencias que ya eran visibles en el movimiento [MOEC] (la que reivindicaba un pronto proceder a las acciones armadas y la que reivindicaba preparar las condiciones para ello), viajaron a la isla [Cuba] Antonio Larrota y Raúl Alameda, los dos más visibles exponentes de dichas corrientes. [Esperemos que este Alameda no sea un pariente del líder uribista.]
"Terrorismo" es una palabra que confunde. Las FARC de 1969 o de 1974 venían de la "autodefensa" de las llamadas "repúblicas independientes" y eran un grupo pequeño cuya acción no era exactamente "terrorista", pero ¿cabe mayor terrorismo que la "revolución cultural" que Mosquera y su grupo trataban de "replicar"? Si la "lucha armada" les parecía tan mala, ¿a qué venía toda la mitología sobre la "guerra popular prolongada" y la "larga marcha" de Mao? La lucha armada de las FARC no les gustaba porque eran sus rivales.

La primera de las dos "tesis centrales" del MOIR es escandalosamente falsa, no se creó el movimiento para oponerse al PCC sino para hacer la revolución, y la enemistad era tan grande que en 1974 acudieron a las elecciones en las mismas listas, en la llamada Unión Nacional de Oposición. Quien tenga sentido del humor para aguantar la oratoria del fundador del MOIR y precursor de Horacio Serpa puede ver este video sobre un discurso suyo de 1973, cuando eran aliados del Partido Comunista, como lo volvieron a ser desde principios de este siglo, cuando fundaron juntos el Frente Social y Político y después el Polo Democrático.



De modo que ya se parte de una mentira increíble: que el MOIR surgió como movimiento antiguerrillero. Pero sobre esa premisa casi cómica sigue Alameda:
Con esta visión y convencido que había que hacer algo, me retiré de la universidad a vivir en una región campesina desde 1974. Estando allá aparece Belsario con su proceso de paz al cual nuestra corriente se opone radicalmente. Nuestra crítica era que esas negociaciones aceptaban a la guerrilla como unos luchadores del pueblo y que por tanto se debía negociar con ellos las grandes transformaciones sociales para eliminar las causas objetivas del supuesto conflicto. Nuestra radical oposición a ese proceso de paz provocó que la guerrilla decidiera proceder contra nuestros militantes vinculados al campo. Nos asesinaron varios intelectuales y campesinos, que lo único que hacían era trabajar en la organización campesina, con cooperativas o en busca de mejorar las condiciones de vida en las regiones, con dispensarios, arreglo comunitario de vías, escuelas, etc.
Ojalá alguna vez alguien cuente esa historia de los jóvenes del MOIR que se "descalzaban" (así se decía), es decir, que se iban a vivir al campo a adoctrinar gente y a preparar la insurrección que daría lugar al triunfo revolucionario. Era la versión local de lo que hacían los "guardias rojos" en China y por los mismos años los "jemeres rojos", maoístas, en Camboya. Para la organización era un recurso sumamente eficaz, operaba como una secta que somete a sus adeptos al aislamiento y refuerza así su mística, a la vez que prepara la toma del poder a partir de una base social en el campo.

Los motivos que pudiera tener el MOIR para oponerse (según dice Alameda) a la negociación de paz de Betancur poco tendrían que ver con el rechazo a la inautenticidad social de las FARC. Eran agentes extranjeros exactamente igual que el MOIR. En cambio, los motivos que tuviera el nuevo partido armado impune y legitimado para perseguir al MOIR son fáciles de entender: ¿quién va a querer rivales si se puede deshacer fácilmente de ellos? Sencillamente, las FARC se expandieron por todo el país gracias a Betancur, y los rivales que también preparaban la revolución fueron relegados y aun quedaron indefensos.

En resumen, a causa de su odio al PCC Alameda ingresó en el MOIR creado un año antes, y en 1974 se fue al campo, ¿no sería para no participar en la campaña electoral en que iban juntos?

Todas las buenas acciones que atribuye Alameda a los militantes del MOIR desplazados al campo, verdaderos héroes civilizadores en su versión (cuando eran sobre todo adoctrinadores en la doctrina de Pol Pot y Mao) me recuerda la propaganda de Hamas, que también tiene redes solidarias increíblemente eficaces.
A mi familia y a mi nos tocó salir expulsados y amenazados por la guerrilla, no por ser sujetos de secuestro extorsivo, sino por la diferencia radical ideológica que nos separaba, pues representábamos una fuerza que significaba un estorbo para sus intereses.
Las diferencias que los liberales y demócratas tengamos con el Partido Comunista seguidor de Brezhnev no son tan grandes como las que tendríamos con los enemigos de Lin Piao y Confucio que llenaron las calles de Bogotá con pintadas a favor de la "Kampuchea Democrática". La rivalidad con los otros totalitarios no los hace mejores.
Desde ese entonces para justificar sus acciones nos calificaron de agentes de la CIA, o lambones de la oligarquía.

El Moir a pesar de perder ese espacio, continuó desarrollando acciones como la condena pública de la invasión de Angola por tropas cubanas o la traída de tres afganos de la resistencia contra la invasión de la URSS en ese país.

Desafortunadamente, estábamos solos y los partidos tradicionales no actuaron y fueron complacientes con esa situación. Que me acuerde, lo que se denomina la derecha se mantuvo en silencio y la izquierda del Partido Comunista eran sus cómplices.
Ahora resulta que la derecha o "los partidos tradicionales" son cómplices del partido comunista ¡porque no condenaron la intervención soviética en Afganistán! Eso es francamente chistoso. Pero lo de Angola es un poco más fuerte. Al retirarse los portugueses hubo una guerra civil de muchas décadas entre el MPLA, que terminó triunfando, tal vez gracias al apoyo cubano, y el UNITA, de Jonás Savimbi, patrocinado por los chinos. Esta banda asesina se podrá contar entre las muchas herederas del pensamiento Mao Tse-Tung, junto con Sendero Luminoso y los sociópatas nepalíes, camboyanos y aun indios que todavía matan. Para formarse una idea de lo que es el comunismo en África piénsese que los prosoviéticos eran el ANC de Mandela, mientras que los prochinos dan lugar al siniestro régimen de Mugabe en Zimbabue. La adhesión del MOIR a una conspiración asesina internacional se nos presenta como resistencia justiciera al comunismo. La mentira ya es un chiste.
Muerto el jefe del MOIR, este se dividió y un sector nos aislamos de la actividad política. Llegó otra vez de la mano del partido conservador una propuesta de paz en cabeza de Andrés Pastrana. Pero a diferencia de la época de Belisario y de los intentos de casi todos los presidentes en ese lapso, surgió la voz de un patriota que se enfrentó al proceso y habló claro: Álvaro Uribe Vélez.

Desde el 2001, yo y otros exmilitantes del MOIR decidimos darle un respaldo a ese candidato, pues en esas tesis del terrorismo encontramos una voz que nos representaba. La verdad, sin mucho optimismo en su victoria pues no lo favorecían las encuestas. Pero logró triunfar y en adelante no solo me convenció su liderazgo, sino que mi relación con su política y el estudio de la misma, me ayudó a entender que la tesis del viejo MOIR de la construcción del socialismo, no es la solución para este ni ningún país del mundo y que solo el desarrollo de libre mercado, con la visión de un capitalismo social era la salida. La gran diferencia con exmilitantes del MOIR como Jorge Robledo es que él abandonó en la práctica, aliándose con los representantes de la guerrilla, la posición antiterrorista y acepto el apaciguasionismo y al tiempo sostiene, aunque en forma soslayada su decisión de construir un modelo socialista en Colombia. O sea, abandonó lo bueno del MOIR y se quedó con su error.
Lo que hay que entender es otra cosa: los jóvenes resultan atraídos por el sueño revolucionario, sobre todo porque promete poder sin mucho trabajo, pero también porque todo el ensueño colectivista satisface las inclinaciones y valores de los colombianos tradicionales. La militancia es gratificante pero la revolución no llega y cuando ha pasado el tiempo lo único que la persona sabe hacer es hablar de política, y lo único con que cuenta es la amistad de los camaradas, que ya antes de la muerte de Mosquera se habían quedado huérfanos de ilusión al caer el comunismo en Europa y cesar los chinos de pagar la revolución en otras partes. Son enemigos de las FARC, en parte porque los comunistas siempre son cainitas, en parte porque sufrieron el agravio de ser perseguidos. De modo que la aparición de Uribe resulta una ocasión de seguir en la política y obtener poder gracias al grupo. No hay que escandalizarse porque alguien haya sido del MOIR o de cualquier grupo comunista, porque la revolución es hegemónica en nuestros países desde hace muchísimas décadas y porque a los jóvenes les resulta atractivo, pero de ahí a reivindicar ese pasado, a blanquear a un grupo maoísta y a negar el sentido de su actividad, y aun sus alianzas con el Partido Comunista, hay un trecho.
Ahora estoy convencido que el único con fuerza y visión y que ha demostrado su acierto en la mayoría de los casos y quien puede sacarnos de este atolladero es el expresidente Uribe. Dirán que se equivocó dándole el respaldo a Santos. Yo diría que cayó en una trampa bien urdida. Pero, qué general o líder no corre el riesgo de ser engañado. Los únicos que no se equivocan son los que no hacen nada. Lo importante es que él sigue luchando por sacar el país adelante y arrebatárselo a los negociantes del Estado y a los bandidos, disfrazados de revolucionarios. Los que solo se reducen a opinar sin consecuencia social y política alguna, les queda fácil condenar y criticar. O los que son los mas antimamertos en las redes, pero ahí termina su lucha y solo se dedican a buscar brujas para quemarlas, no le hacen ningún favor a esta causa, sino por el contrario le sirven en la práctica a los verdaderos enemigos como son Santos y las Farc. Otra cosa es el líder que debe considerar que cualquier cosa que haga, repercutirá en la sociedad y si se llegare a equivocar, debe tener el valor de aceptar el error y enmendar el camino.
¡Por eso hoy soy uribista y punto!
Parece que el único error de Uribe fuera hacer elegir a Santos, pero ¿cómo es que tras ocho años de presidencia y hegemonía en la opinión no había ningún grupo político que sostuviera sus tesis, ni ningún medio de prensa que las apoyara, ni ningún cuestionamiento al orden impuesto por el hampa narcotraficante y los Castro en 1991? A los interesados en la trayectoria del uribismo desde 2001 les enlazo un post reciente sobre ese tema (que aquí se haría demasiado largo). 

Es muy llamativo que Uribe acoja en su sanedrín a tantos ex moiristas, pero tampoco descuida a otros sectores de la izquierda. El PCC está bien representado con Angelino Garzón y su hija, mientras que el M-19 tiene a Everth Bustamante, seguramente habrá otros que no conocemos del ELN. La clave es la idea de que el gran líder está por encima de las ideologías y de los partidismos, su partido es de izquierda y a la vez de derecha y de centro (todo en la medida en que la politiquería permite mantener buenas relaciones con logias y clanes formados alrededor del dinero soviético y cubano, y puede que también chino). A fin de cuentas tampoco está a favor ni en contra de la paz, sino todo lo contrario. No se opone a la paz porque su interlocutor debe entender por "la paz" la ausencia de guerra y a la vez la negociación de paz, tal como lo hace entender el gobierno y sus propagandistas, a los que nunca se contradice para evitar quedar como enemigos de la paz. Un tuit del propio Alameda lo explica muy bien. 

En el que queda claro que el problema no es "la paz" ni la ideología ni la actuación del gobierno, sino la adhesión a Uribe. Los que nos oponemos a la componenda con los terroristas estamos contra Uribe, tal como los que quieren excluirlo de esa componenda. Que seamos los pocos que nos oponemos a premiar a los terroristas nos hace iguales a ellos, ¡porque no estamos con Uribe, que está con todos y que buscaba una Constituyente acordada con las FARC en lugar del plebiscito que calculaba que podría perder! La cosa tiene gracia.

Y es que Uribe se ve a sí mismo en ese papel y cuenta con la adhesión unánime en torno a su persona, que fue por lo que no le hizo oposición a Santos en 2011, seguro de que los votos los tenía él y sólo faltaba demostrarlo. Eso pasó durante su presidencia porque salía sin cesar en la televisión, ahora es mucho más difícil y su lista al Senado apenas obtuvo el 20% de los votos en 2014 (pese a la alta abstención). De ahí que él y sus seguidores exijan esa clase de adhesión sentimental (para la que los moiristas están particularmente preparados, dado su viejo amor al Gran Timonel chino). Nadie puede poner en cuestión lo que han hecho hasta ahora (y sobre todo lo que han dejado de hacer), ni siquiera recordarlo, dado que ahora sí van a enfrentarse a Santos. Como una señora a la que le dicen que su hijo le ha arrancado la oreja a un compañero y escucha las promesas de que a partir de ahora se portará bien. No importa el pasado, el amor es más fuerte que eso. Es muy curioso que los aficionados al fútbol sean muchos más sensatos y a un director técnico que siempre hace perder al equipo lo quieran sacar inmediatamente. Claro que la comparación no es válida porque un equipo de fútbol es una entidad que contrata a un empleado mientras que el uribismo es la adhesión a Uribe, más allá de toda ideología, de todo interés de grupo social, de toda coherencia o de toda posición sobre el futuro del país.

Los del MOIR no han tenido que cambiar mucho.

(Publicado en el blog País Bizarro el 16 de febrero de 2017.)

jueves, marzo 16, 2017

¿Pasamos página?


En la telenovela El cartel de los sapos se repetía una situación en que un bandido le proponía a otro "hacerle la vuelta" a un tercero. Era un intercambio de miradas y gestos que siempre conducía a la misma solución, con la correspondiente expresión de resignación del que tiene que fingir que le duele tener que mandar matar a un amigo, sobre todo porque cada interlocutor sabe que en cualquier momento será a él a quien el otro mande matar. Esa misma persuasión y esa misma resignación las viven los ciudadanos colombianos descontentos con la componenda de Santos y los terroristas: lo que les propone tácitamente el uribismo, con trampas retóricas, lloriqueo y hasta gritos, es "pasar página" al capítulo de la paz, darlo por cerrado y seguir adelante en la nueva realidad.

No es algo nuevo. Por ejemplo (y el lector de este blog perdonará la insistencia en algo descrito muchas veces), la expresión "paz sin impunidad" parece una exigencia dura frente al terrorismo, pero es en realidad reconocimiento a la negociación. SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE los líderes uribistas, empezando por el propio Uribe, han aplaudido la negociación con los terroristas, y ni siquiera porque crean en ella sino porque cuentan con que la mayoría de la gente va a aceptar el atajo y resistirse es exponerse a que se los acuse de causar la violencia. Esa disposición a secundar la mentira por cálculos de corto plazo describe a la perfección a los colombianos: la verdad es complicada y acarrea problemas, mientras que compartiendo la mentira se encuentra acomodo en una realidad más o menos conocida.

Lo de "Paz sin impunidad" es sólo un ejemplo. Hay muchísimos otros, como "Paz sí pero no así" en los que se secunda la mentira atroz de la propaganda del régimen (que convierte "negociación de paz" en una acepción de "paz"). Desde el comienzo la actitud del uribismo ha sido ese equilibrio gracias al cual por una parte exhiben descontento con Santos y las FARC (para "dar contentillo" a los que quisieran que hubiera oposición) y por la otra aplauden la negociación y se plantean mejorarla, incluso corregirla desde la presidencia de la república, que es desde donde se hacen los nombramientos, que es lo que importa.

Por eso las discusiones sobre los precandidatos uribistas son vacías y tediosas: puras rivalidades de camarillas que buscan algún disfraz ideológico pero que en ningún caso llegan a plantearse cuestionar la negociación de paz ni el poder multiplicado que tendrán los terroristas, que ya antes de "la paz" dominaban todo el poder judicial, la educación, la función pública, los medios de comunicación y hasta las redes sociales.

Realidades:

- La disposición a negociar con los terroristas, característica de todos los gobiernos colombianos, al menos desde Turbay (que también lo intentó), constituye una garantía de impunidad que alienta a los criminales, que saben que siempre podrán obtener algo, por mal que les vaya. No es sólo un vicio de los gobiernos, sino algo que tradicionalmente se acepta, por eso Pastrana se aseguró la elección en 1998 reuniéndose con Tirofijo (la habría arriesgado si se hubiera mostrado contrario a negociar), y las proclamas de Santos en su discurso de posesión no generaron una rebelión. Es decir, la disposición de los colombianos a sacrificar la ley en aras del posible alivio que obtendrían desistiendo de aplicarla es lo que alienta a los criminales. Hay que hacerle frente a esa disposición, no compartirla para no resultar incomprendido y en minoría.

- Los crímenes de que son reos los guerrilleros comunistas no se pueden pasar por alto y perdonar por la simple cobardía de unos ciudadanos. Ésa es una realidad universal, como una ley física, por mucho que en Colombia parezca que prescindir de la ley es una solución tolerable. El castigo del crimen es la base de la sociedad y nadie tiene derecho a suprimirlo. Si los colombianos actuales, acompañados por toda clase de canallas de otros países, desisten de aplicar la ley, ésta no deja de existir, menos desde que hay una jurisprudencia internacional que impide la prescripción de los crímenes de lesa humanidad. Los grupos políticos que renuncian a esa aspiración están por fuerza en el mismo bando de los terroristas, no importa que sean todos y que obtengan todos los votos. Las leyes que prohíben el asesinato o la esclavitud no son cuestionables. Los nazis impusieron "leyes" parecidas a las que emanan de la negociación de paz y a nadie se le ocurriría que su aprobación mayoritaria las hiciera legítimas. La exigencia de castigo por todos los crímenes terroristas es irrenunciable y todos los que buscan acomodarse a la paz firmada por Santos son simplemente cómplices de los criminales que esperan prosperar favoreciéndolos (como los policías que cobran una parte del botín a los ladrones).

- La negociación de Santos con los terroristas es ilegítima, parte de un fraude, dado que no fue elegido para eso ni prometió hacerlo. Es un crimen, porque al renunciar el Estado a la ley pierde su función y se convierte en una banda de forajidos, como ya señaló san Agustín hace unos cuantos siglos. Al prescindir primero del programa de gobierno, después de las leyes y finalmente hasta de la votación popular en el plebiscito que convocó, Santos se convierte en un delincuente y toda su negociación carece de legalidad y constituye claramente la abolición de la democracia. De lo cual se infiere que sin anular toda la negociación ni denunciarla ni procesar a quienes la han llevado a cabo tampoco se puede hablar de democracia más que como una farsa. Es una tarea compleja la que tiene por delante quien quiera hacerle frente a esa situación, pero la alternativa es simplemente reconocer el triunfo del crimen organizado, cuyas pretensiones son claramente las de implantar una tiranía sangrienta de la que sólo se saldría con mucho más sufrimiento. En todo caso, el Centro Democrático no se plantea nada de eso, sólo ganar las elecciones para ocupar los puestos de poder y nombrar a los amigos.

- Sin aspirar a cambiar profundamente el orden político existente, no sólo el surgido de la negociación de La Habana sino también el de 1991, cualquier gobierno será sólo un títere del verdadero poder, conformado por las instancias que controlan los clanes oligárquicos y sus socios terroristas: las altas cortes, la Fiscalía, aun el legislativo (dado el peso del clientelismo en la elección de los representantes), los medios de comunicación y ahora también el Ejército y la Policía, dada la apasionada determinación de los actuales mandos (y es de temer que de la mayor parte de la oficialidad) a prosperar aliándose con los grandes empresarios de la cocaína (FARC-ELN y sus jefes políticos oligarcas y comunistas). ¿Habrá una mayoría de ciudadanos dispuestos a acompañar una transformación semejante? Primero tiene que haber ALGUIEN que quiera hacerlo. De momento no lo hay, como explicaba en mi post anterior, el uribismo pudo cambiar el engendro de 1991 y no quiso hacerlo porque sus aspiraciones siempre han sido otras. Lo único que se puede decir es que si no se aspira a hacer eso tampoco se ofrece ninguna resistencia a la implantación de la tiranía que buscan los terroristas.

- El entorno internacional no es el mismo que encontraron Pastrana, Uribe o Santos. En Europa la socialdemocracia va en claro retroceso y el antiamericanismo podría llevar a situaciones comprometidas, dada la debilidad evidente de las potencias de la región y la agresividad de las tiranías islámicas y de Rusia. Puede que los amigos de las FARC fueran muchos menos que los que han tenido hasta ahora. También el régimen iraní hace frente a un presidente estadounidense cuya disposición es muy distinta a la de Obama. Y los demás narcorregímenes de la región tienden a caer a medida que baja el precio de las materias primas y se acrecienta el sufrimiento de sus víctimas y su consecuente impopularidad. Si no se emprende ahora la tarea de derribar el narcoimperio cubano, incluida la casa matriz, puede que en mucho tiempo no vaya a haber una oportunidad semejante.

- La economía colombiana afronta una situación desesperada como resultado del despilfarro de Santos y de la caída de los precios de las materias primas. Puede que las presiones sobre la exportación de cocaína la hagan caer aún más. La perspectiva en el año largo que queda hasta las elecciones es de empobrecimiento apresurado, con su consiguiente descontento popular. A lo cual hay que sumar la clara impopularidad de Santos y la agresividad de los terroristas triunfantes y sus hordas de asesinos universitarios. Pese a todas las maquinaciones y a toda la propaganda, es posible que un candidato dispuesto a extraditar a los terroristas y a llevarlos a la CPI por crímenes de lesa humanidad, así como a transformar el Estado en el sentido de la ley, pudiera convocar a una mayoría. El obstáculo es Uribe y su partido, que no se proponen nada parecido pero siguen siendo para millones de colombianos la encarnación de la única respuesta posible.

Fracasarán, pero además impedirán que Colombia se plantee acabar con la dominación terrorista. Es un hecho claro del que cada persona se hace responsable.

(Publicado en el blog País Bizarro el 4 de febrero de 2017.)

jueves, marzo 02, 2017

Los sentimentales y los ambiciosos


El liderazgo absoluto de Álvaro Uribe Vélez en la derecha colombiana se formó durante los duros años del Caguán, cuando la debilidad del ejército y la policía, creada deliberadamente por los gobiernos de Gaviria y Samper (ahora sabemos para qué) y reforzada por las campañas de las ONG financiadas por George Soros, permitió que los terroristas secuestraran a diez personas cada día y reclutaran a decenas de miles de niños, a veces quemando vivos a sus padres, como ocurrió en la zona de despeje.

Hacia 2001 y pese al esfuerzo de los medios de los López-Santos-Samper para calumniar al candidato y promover al ex miembro del Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista, Luis Eduardo Garzón (toda vez que Serpa tenía demasiado rechazo por su actuación con Samper), ya había una clara mayoría que votaría por Uribe en las elecciones de 2002. Y eso a pesar de que hasta entonces la idea de ganar las elecciones y movilizar a la ciudadanía era más bien minoritaria. Los terroristas y sus socios tenían poquísimos partidarios, pero los descontentos se repartían entre los que esperaban una intervención estadounidense, los que apostaban por un golpe de Estado militar y los que confiaban en la redención que provendría de Castaño y sus muchachos (no hay que olvidar al prócer de la Universidad de Los Andes que evaluaba sobre el terreno el futuro de las AUC y que después resultó periodista asociado a los consejeros de Uribe).

El primer gobierno de Uribe tuvo unos resultados de ensueño, en parte como resultado de la recuperación de la confianza que derivaba de la voluntad de aplicar la ley, en parte porque la situación económica heredada era mucho menos desesperada que la que recibió Pastrana, y en parte porque los precios de las exportaciones nacionales habían mejorado. Durante el segundo periodo de Uribe se recogieron los frutos de esos avances, tanto en mejora de la economía como en victoria sobre los terroristas. El punto máximo de esa victoria lo constituyeron las marchas de febrero de 2008, que preludiaron la Operación Jaque.

Pero por entonces ya se veía la estrechez de miras de Uribe y su séquito. A pesar de que las Cortes mostraban en todo momento su determinación de impedir la labor de gobierno, en ningún momento se pensó en cambiar la Constitución impuesta en 1991 por los Castro a través de sus socios Escobar, el M-19 y el narcogobierno de Gaviria. Parece que cambiarla hubiera comportado reconocer que en esa época el Gran Líder estaba equivocado, pues entonces no fue en absoluto crítico de la nueva norma. Del mismo modo, cuando se pensó en una organización política distinta a los corruptos partidos tradicionales, ésta consistió en una componenda de la que se encargó nada menos que a Juan Manuel Santos y con la que se buscó reclutar a los gamonales que en las regiones controlaban las "maquinarias" de compra de votos, renunciando así a todo esfuerzo cívico de superación.

Es importante que se entienda que todo lo que sería el uribismo después se definió en esos años. Y no sólo el uribismo sino el rumbo del país, que dependía tanto de esa mayoría que se había formado resistiendo a la intimidación terrorista. La actitud de Uribe y su camarilla consistió en disfrutar de su integración en la casta dominante, a la que en absoluto se quiso combatir. Ya casi nadie recuerda que Enrique Santos Calderón se declaraba uribista, y que las figuras más conocidas del uribismo tenían columnas en El Tiempo. No importaba que la página de opinión consistiera en cinco artículos de propaganda terrorista y uno de un partidario del gobierno, pues a nadie se le habría ocurrido crear medios alternativos que reflejaran la opinión de la mayoría.

Cuando se planteó la cuestión de la sucesión, los cubanos y sus socios oligarcas tenían muy claro cuál era su ficha. Por eso usaron a los jueces parar perseguir a todo el que pudiera asomar como posible líder de la mayoría: de ahí la persecución a Plazas Vega en 2007, emprendida nada menos que por Humberto de la Calle y la revista Semana. También la persecución a Fernando Londoño por el asunto de Invercolsa formaba parte de la misma jugada, así como la campaña contra Andrés Felipe Arias por el AIS. Lo interesante es la falta de respuesta del uribismo, sin duda porque a ciertos personajes ligados al ex presidente les convenía hacer desaparecer esos estorbos, pero sobre todo por la extrema limitación del Gran Colombiano.

Digo "extrema limitación" porque recuerdo una frase que alguna vez usó Borges para describir a sus antagonistas: hay que dudar de su inteligencia para poder creer en su honestidad. Como sería delirante suponer que Uribe colaboraba adrede con los planes de los Santos, habrá que pensar que habrá hecho caso a los consejos de aduladores que sí compartían esos planes, y que lo llevaron a proclamar las bellezas del "Estado de opinión" y a cambiar de nuevo el "articulito" de la Constitución que prohibía la reelección continua. No se debe olvidar que entre los entusiastas del tercer periodo de Uribe figuraban tanto Santos como Roy Barreras y muchos otros próceres comparables. La persecución contra Arias no tuvo respuesta porque lo urgente era salvar la continuidad de Uribe.

De aquellos polvos estos lodos. En cualquier sociedad civilizada esos "errores" habrían dado al traste con la carrera de cualquier político, pero en Colombia predomina el servilismo y la tentación del caudillismo no le parecía demasiado escandalosa a nadie. Todavía hay quien no se ha dado cuenta de que el hombre imprescindible es el que impide una movilización masiva contra el régimen.

Pero los errores adquirieron un nivel espantoso cuando subió Santos y empezó a promover la negociación con las FARC y a perseguir al uribismo. Parecía mejor mirar para otro lado que denunciar la persecución o los fines de Santos y arriesgarse a perder a las clientelas que se pondrían de parte del gobierno por la asignación presupuestal y los puestos. De modo que no importaba que todos los congresistas del PSUN acosaran a Uribe, se seguía considerando que era su partido y en las elecciones de 2011 se votó por los mismos candidatos de Santos. Incluso estuvo Uribe haciendo campaña por el hijo de su compadre Roy Barreras. La presencia de Uribe no tenía por objeto oponerse a lo que hacía Santos sino demostrarle que era él quien tenía los votos. Y el resultado fue que el alcalde de Bogotá resultó ser Petro y un montón de personajes similares ganaron las principales gobernaciones y alcaldías.

La tiranía triunfó y avanza sin parar. El papel de Uribe y sus seguidores es hacerse intérpretes de la angustia popular con un lloriqueo incesante que nunca lleva a una política alternativa. Como liderazgo político fracasaron al permitir el ascenso de Santos, en 2011 reforzaron ese hecho y fracasaron en las elecciones, pero en 2014 fue peor, porque el tema de las elecciones no fue la abolición de la democracia, que se aceptaba para que no les atribuyeran los medios la condición de enemigos de la paz, y en cambio las propuestas de gobierno consistían en proveer universidad para todos. No se puede negar que hubo maquinaciones perversas y corruptelas en torno a la elección de Santos, pero si se hubiera planteado la elección entre las FARC y el país el resultado habría sido abrumador. Y si de todos modos hubiera ganado Zuluaga, lo más probable es que la firma de los acuerdos de paz habría dado el mismo resultado, según anunciaba el uribista Sergio Araújo (ver sobre todo párrafo final).

Todavía quedaba otra traición: la búsqueda de un acuerdo con las FARC para llegar a una Constituyente en la que salvaran alguna cuota de poder, y el consecuente rechazo al plebiscito, en el que se podría hacer frente a Santos. El plebiscito se ganó porque la tal paz es una monstruosidad que ultraja el honor de cualquier persona, no porque Uribe finalmente tuviera que apoyar el NO (aunque sus activistas preferían mayoritariamente la abstención). Y cuando resultaron valedores del NO, corrieron a ver qué tajada podían sacar, y al verlos tan mansos y amistosos, Santos sencillamente los despreció, y de paso a los votantes, e hizo lo que le dio la gana.

Para 2018 esperan recuperar algún poder con la candidatura de Iván Duque, un personaje que no representa ningún activismo ni es líder de nada, que fue incluido en la lista al Senado por voluntad soberana de Uribe y al que promueven todos los medios del narcorrégimen. De ser un candidato problemático para ellos ya lo habrían intentado matar o le habrían montado quién sabe qué escándalos. Es al contrario, y (perdón por la teoría de conspiración) parece alguien a quien acordaron promover para salvar la paz y evitar una confrontación que podría perjudicar tanto a los cubanos como a Uribe y su séquito.

El nivel del personaje es por lo demás penoso: su presentación de la "economía naranja" parece de un estudiante de secundaria, con errores gramaticales y ortográficos incluidos. La genial propuesta es bien una obviedad, el descubrimiento del agua tibia, pues nadie va a dudar que la autoría de los libros y las patentes va a ser más rentable, o bien una ocurrencia indecente, típica de los cientos de miles de inútiles que salen de las universidades colombianas, para gastarse el dinero público en complacer clientelas que de tener ideas eficientes las explotarían en el sector privado, y más probablemente en otros países.

Al primer cuestionamiento de Puentes Melo, el flamante candidato respondió con insultos impropios de un parlamentario ("a un bagazo poco caso" y otras lindezas). Para responder a las preguntas de Mackenzie salió proponiendo desterrar el fanatismo sin saberse a qué se refería, con el aplauso inmediato de demócratas como Uprimny y León Valencia, y ante la mención de su trayectoria de izquierdista becado por Soros (financiador casualmente de Uprimny y León Valencia) y asociado a sus redes, respondió con un cuestionario que le envían sus leales como senador (y no como posible aspirante a la presidencia), proclamando lo obvio, como si bastara su palabra ("no conozco personalmente a Soros", "no soy el candidato de Soros"). Sólo hay que figurarse la firmeza que tendrá un personaje así con personajes como los terroristas y sus valedores, con los que tendría que lidiar. Sería, no lo duden, peor que Santos.

Casi duele la cabeza pensar en la lista de patochadas que se deben al uribismo y que al parecer no cesarán. ¿Qué tal la hija de Angelino Garzón dirigiendo al CD en el Concejo de Bogotá? ¿Y el moirista Carlos Valverde, que asociaba a Uribe con el "paramilitarismo" en plena presidencia de Santos? No se observa en torno al CD ningún valor ni ningún proyecto, sólo la adhesión sentimental de gente que no se esfuerza en entender mucho, y la adulación eficaz de gente que sueña con curules, ministerios, direcciones, embajadas, consulados y demás sinecuras, y que esperan obtenerlas como recompensa del Gran Colombiano a su aprecio y lealtad.

En alguna ocasión decía Vargas Llosa que en nuestros países cada elección parece de vida o muerte, absolutamente agónica. La de 2018 podría serlo de verdad, siempre y cuando surgiera un candidato que se propusiera deshacer la obra de Santos, extraditar a los jefes terroristas, llevar a las FARC y el ELN (y aun al M-19) a la CPI por crímenes de lesa humanidad, procesar a los funcionarios que más abiertamente han obrado como agentes del terrorismo (sobre todo a Eduardo Montealegre y a la señora de Lucio) y convocar una Constituyente totalmente elegida que AL MENOS permitiera destituir a todos esos malhechores que han estado delinquiendo desde puestos de jueces y fiscales. Nada de eso hará el CD, la promoción de un candidato equívoco y claramente ligado al narcorrégimen (que hasta tiene a su hermano en un cargo diplomático) lo demuestra.

Ya son 17 años de unidad y de inexplicable derrota de la mayoría (y de la ley, la justicia, la democracia y los derechos humanos). A estas alturas nadie tiene excusa. Los que creen que apartándose del Gran Timonel se exponen al ridículo y a la insignificancia deberían darse cuenta de que sin apartarse sólo contribuyen a legitimar el narcorrégimen, cuya "paz" no se contesta como el crimen que es, sino que se intenta mejorar con la participación de los amigos de Uribe.

(Publicado en el blog País Bizarro, el 31 de enero de 2017.