martes, noviembre 28, 2017

Resignación: el vicio

Por @ruiz_senior

Resignarse, "conformarse con las adversidades", según el diccionario, es lo que hacen los colombianos que no quieren convertirse en esclavos de los genocidas totalitarios. Primero permitieron que el presidente elegido en 2010 para continuar la política de Seguridad Democrática hiciera lo contrario y persiguiera a quienes lo habían llevado al poder. ¿Por qué? Por indolencia, por cobardía y sobre todo por esa lacra moral que es el servilismo, un rasgo que desconcierta hasta el escándalo a quien vive fuera y en relación con otras gentes.

No se le hizo ninguna oposición a Santos a pesar de la persecución inmisericorde, que comenzó en los mismos días de la posesión, con atentados terroristas como la bomba de Caracol, que como siempre se atribuyó a los enemigos de la negociación con los terroristas. Había alguna cuota de poder que a Uribe le interesaba conservar y por eso era mejor "pasar de agache" ante las agresiones. Dado que tanto Santos como Uribe pertenecían al mismo partido, lo mejor fue fingir no darse cuenta de que todos los congresistas estaban apoyando la persecución y todo lo que propusieran los del bando terrorista.

Se pensaba que Uribe podría presentarse como candidato a la Alcaldía de Bogotá en 2011, y si lo hubiera hecho probablemente habría ganado y sería otra la historia de la ciudad, pero no estaba en sus planes contrariar a Santos, cuya maquinaria se dedicó, junto con los recursos del país, a hacer alcalde al inefable Petro para lo que dispersaron el voto discrepante (clave para premiar a los genocidas). Uribe ni siquiera se dio por enterado de esa jugada: su propósito al parecer era mostrarle a Santos cuánto lo necesitaba porque tenía los votos y el pueblo lo quería. No resultó, el pueblo al parecer no lo quería tanto y ninguna alcaldía importante fue para el partido de Santos y Uribe. Pero sobre todo, no se habló del cambio de rumbo de Santos, no fuera a ser que dijeran que Uribe no dejaba gobernar, o que se había vuelto enemigo de la paz.

En todo ese tiempo los partidarios del gobierno narcoterrorista tenían un "latiguillo" con el que azotaban sin cesar a su audiencia: ¿por qué Uribe no se retira como otros expresidentes? Ahora se me ocurre que si se hubiera retirado todo sería distinto y se podría haber hecho algo para impedir la implantación de la tiranía. ¿Por qué siguió? Porque aspiraba (y aspira) a volver a la presidencia, tal como intentó cambiar la ley para presentarse a un tercer periodo. Y por eso le preocupaba tanto que lo calificaran como el que no dejaba gobernar o como el enemigo de la paz. La chusma no veía ningún problema, ¿por qué no iba a seguir? ¿Qué importan las leyes? Ese pueblo ignorante, sentimental y laxo moralmente que aplaudía la presidencia vitalicia del prócer es el mismo que en sus países seguía a Stroessner y a Somoza, que también ganaban elecciones siempre, o a Fujimori, que aplicó el modelo de hiperexposición televisiva que después imitaron Chávez y Uribe. El intento de segunda reelección fue el mejor argumento que tuvieron los narcoterroristas fuera de Colombia: resultaban demócratas que se rebelaban contra un régimen dictatorial. Exactamente eso pasó con los sandinistas en Nicaragua, eran en los medios la esperanza de salida de una tiranía.

Es decir, Uribe no se retiraba pero tampoco dejaba hacer oposición. El aplauso a las negociaciones de La Habana por parte de muchos de los líderes del CD no se notó porque a la chusma se la tenía enamorada con el lloriqueo impotente ante la escalada del crimen y los activistas, columnistas y políticos profesionales llenaban el vacío de ideas y perspectivas con hosannas al gran líder, cosa que era y es la más importante para situarse cerca de las curules o los puestos importantes en caso de que se recupere la cuota de poder. El que no aprobaba del todo que se legitimara a los asesinos convirtiéndolos en creadores de leyes se resignaba, en espera de las elecciones de 2014, sin que hubiera marchas ni protestas ni actuaciones públicas masivas de rechazo a esa infamia. Como mucho, el repugnante lema "paz sin impunidad" en Twitter, por el que se aceptaba que los asesinos crearan leyes pero si algunos de ellos tenían castigo.

Esos resignados no se dan cuenta de que son el verdadero problema, tal como ante una epidemia lo peor son los malos médicos, que se convierten en propagadores del mal. En siete años no se han dado cuenta de que no hay oposición a la negociación "de paz" ni al acuerdo final, y para no resultar en minoría se siguen definiendo como "uribistas". El problema, todo el problema, es que haya alguien que no acepte esa negociación ni ese acuerdo: que no se resigne a ser esclavo de los terroristas. Con ese enfoque no se puede ser uribista, un uribista que se oponga al acuerdo que Uribe promete no revocar y al que salvó de la extinción tras el triunfo del NO en el plebiscito es como un vegetariano caníbal, o un violador decente. Ya basta de mala fe, los que justifican su resignación a seguir tras Uribe con el pretexto de no querer quedar en minoría lo que hacen es encauzar a la mayoría que no quiere someterse al narcoterrorismo hacia lo que convenga a los intereses turbios de los dirigentes del CD. Mala fe, cobardía, servilismo e indolencia, los rasgos idiosincrásicos que llevan a la resignación.

Tras la mentira repulsiva de la "estrategia" (según la cual el CD aprobaba el acuerdo aplicando un plan maquiavélico para llegar al poder y entonces tumbarlo) salen ahora con el cuento de la resignación: ya ese acuerdo fue respaldado por las cortes, ya no se puede cambiar. Lo expresó mejor que nadie Rafael Guarín: las FARC han sabido crear su legalidad, los enemigos del acuerdo están fuera de esa legalidad. Lo cito para que no me acusen de interpretar abusivamente. 
La paradoja es que mientras las FARC consiguieron del gobierno de Santos cambiar el orden jurídico y entrar a jugar dentro de él, sean ahora los extremistas de derecha los que pretendan levantar la bandera de la subversión.
Con la más perversa desfachatez, este amanuense de Uribe declara que es un crimen oponerse al nuevo orden. La resignación que conviene a las carreras de los aduladores es obligatoria y cualquier discrepancia se contesta con intimidación.

Sé que a muchos les escandaliza que describa a menudo en Twitter al CD como una banda criminal. Es porque me baso en el diccionario y no en reacciones sentimentales: como la madre que les dice a los asistentes a una jura de bandera militar "mi hijo es el único que no tiene el paso cambiado" o como el que oye por la radio que un loco se ha metido en contravía por la autopista y razona "Pues yo ya he visto más de treinta", el uribista razona que los criminales son los demás, pero ¿CÓMO HAY QUE ENTENDER LA RESIGNACIÓN ANTE LA INFAMIA DE LA HABANA? Si usted se hace cómplice de un crimen, usted es otro criminal, cosa que cuesta explicarles a los colombianos por su indigencia moral: el que contrata a un sicario se siente un poco avergonzado de tener que entenderse con asesinos, y durante años me miraban como quien propusiera espetar a las madres y asarlas a la brasa cuando me refería a Alfredo Molano como un criminal. El crimen para los colombianos es usar botas horribles de caucho y tener las uñas sucias (por eso odian a Cepeda y no a Roberto Pombo o Antonio Caballero). Por sentimentalismo, como decía Trump, el líder puede matar a alguien y lo seguirían apoyando.

Si uno está a favor del acuerdo de La Habana es un cómplice del peor crimen. Si se dedica a la política y se lucra de ella y no combate ese acuerdo es otro criminal. ¡POR EL AMOR DE DIOS, NO ES LA MARCA DEL CALZADO!

Pero las razones políticas, históricas o morales no conmueven a los colombianos, para los que siempre priman las lealtades personales (como la de la familia de cualquier malhechor). Los que siguen en el CD, por muy patéticas que sean sus protestas con el acuerdo de La Habana (sí, me refiero a Fernando Londoño), dan ejemplo de resignación porque creen que son el santo Job pero sólo muestran su falta de principios. Como cualquier vicio, la resignación demanda cada vez más sometimiento: ya les pusieron al narcoterrorista Angelino Garzón a mediar entre los precandidatos y no van a abandonar el CD porque en realidad la ley, la democracia, la justicia, la libertad y los derechos humanos les importan menos que sus buenas relaciones con el poderoso señor que prefiere a ese miembro del Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista.

Se creen atropellados por una conjura a la que no obstante se acomodan con diversos pretextos y a la postre sólo son malos médicos que contribuyen con su resignación a la propagación de la epidemia, al triunfo de la muerte. Ni el CD obtendrá más curules que en 2014 ni su candidato, sea quien sea, pasará a segunda vuelta. Tras ponerse de parte de "la paz" no representan nada más que la costumbre de los menos avisados, como cualquier producto obsoleto. También a esa irrelevancia se resignarán.

(Publicado en el blog País Bizarro el 7 de septiembre de 2017.)

lunes, noviembre 13, 2017

La fiebre del colono

La masacre de Barcelona puede verse como la obra de unos locos o como la materialización de una ideología perversa, pero forma parte de un fenómeno mucho más amplio que el yihadismo: la colonización de Europa por los musulmanes, ante la que los europeos no ofrecen ninguna respuesta sensata. 

Los recientes atentados yihadistas en Barcelona han generado toda clase de reacciones y polémicas que son un buen indicio de lo que pasa por la cabeza de los europeos y de los occidentales en general. Me propongo demostrar que el verdadero misterio no es la actuación de los terroristas ni sus motivaciones sino la percepción que de todo eso tienen los europeos.

Es el primer atentado yihadista que tiene lugar en Barcelona, pero en 2004 tuvo lugar la masacre de Atocha, en Madrid, con 191 muertos, si bien hay quienes dudan de la autoría yihadista. Esa atrocidad permitió la elección de Rodríguez Zapatero y sus gravísimas secuelas.

Pero en el resto de Europa occidental los crímenes yihadistas son cosa de todos los días, no siempre con tantos muertos pero siempre con la determinación de algún "trastornado psicópata" que grita "Al·lahu akbar" al tratar de matar a alguien.

Es muy importante detenerse en esa noción del "trastornado" o del "psicópata" porque es lo que la inmensa mayoría de los europeos entienden que les pasa a los terroristas. También es muy frecuente la idea de que son "fanáticos", víctimas de un "lavado de cerebro" al que los someten unos malvados cuyos móviles son inexplicables.

¿Por qué lo hacen? Otra explicación muy socorrida se relaciona con la perversidad intrínseca del islam. Si bien es una religión de conquista particularmente intransigente (aunque no tanto como el cristianismo católico, que persiguió con saña todas las demás opciones religiosas en las regiones en que dominó, mientras que en la mayoría de los países musulmanes había importantes comunidades de cristianos y judíos hasta bien entrado el siglo XX), el islam es sobre todo una adaptación de las ideas centrales del judaísmo y del cristianismo a la cultura de los árabes. Comparada con el cristianismo, la religión mahometana tiene muchos menos elementos supersticiosos. Mahoma no resucitó muertos ni le devolvió la visión a ciegos. Su único "milagro" es el libro (si se piensa que el hombre era analfabeto impresiona la memoria que tendría). Tampoco hay en el islam "misterios" como la ingesta del cuerpo de Dios y de su sangre, y puede que tampoco la desconcertante resurrección de la carne.

Se cree que el islam es una religión guerrera, pero en el Corán y en los hadices hay textos que se prestan a muchas interpretaciones, como ocurre con los evangelios. En la época del Che Guevara era frecuente ver un cartel en el que aparecía Cristo con una leyenda "No he venido a traer la paz sino la guerra" (de hecho, el portavoz del Estado Islámico que habla español parece un Che Guevara hipster). La gente que ponía esos carteles en los colegios o en sus casas era casi la misma que ahora vive en Colombia enamorada de la paz, aunque han pasado muchas décadas de crímenes atroces y cocaína . Los de ahora son más viles. La misma expresión "yihad" ("esfuerzo") alude a la expansión de la religión, casi como se alude entre los cristianos a una "misión". Pero siempre con ese sentido de la religión de perfeccionamiento moral (un amigo que se crio en un país musulmán me decía que cuando un muchacho optaba por hacerse religioso todo el barrio hacía fiesta, pues de algún modo era alguien que renunciaba a la vida frívola y baja en aras de un ideal superior).

¿Por qué un individuo joven y sano que no ha tenido dificultades especiales en la vida se convierte en un asesino despiadado de personas indefensas? Las típicas personitas de Europa meridional y Latinoamérica que se han "formado" a punta de propaganda comunista razonan en seguida que la causa es el desempleo, la discriminación, la exclusión, la desigualdad, etc. Al lado de esta gente los asesinos islamistas son sensatos, no se les ocurre pensar que el mundo fue creado con lavadoras y aire acondicionado para todos ni que quienes no disponen de ellos es porque han sido despojados por los fabricantes de esos aparatos. Es obvio que una persona que no tiene la ocupación ni el ingreso para vivir satisfecha estará más dispuesta a pensar en agredir a la sociedad, pero sin ir más lejos los que cometieron la masacre de Barcelona tenían buenos ingresos de distintas fuentes.

Primero está la vieja guerra de los árabes y musulmanes contra los occidentales. Cervantes perdió un brazo guerreando con los turcos en Lepanto y en una fecha tan reciente como 1683 los mismos turcos estaban a las puertas de Viena. La historia posterior determinó la derrota de los musulmanes y aun su colonización por los europeos. Eso ya pasó, pero ¿por qué no pensar que la gente de esas naciones sigue ansiando la revancha? Los europeos actuales sienten que eso es una tremenda estupidez, a la manera del burro filósofo que mencionaba Estanislao Zuleta: "¿Cómo es que las águilas despojan a las cabras de sus crías y no comen hierba como yo, sin molestar a nadie?". Si se hurgara concienzudamente en la mente de esos europeos saldría que ven a los musulmanes como gente que tuvo la mala suerte de no ser como ellos.

Se pueden seguir señalando elementos relacionados con los atentados yihadistas pero todo conduce a lo mismo: ¿es previsible un "choque de civilizaciones" entre Occidente y el islam y una guerra que comprometa a los europeos? ¿Quién podría ganar esa guerra? Mi opinión es que tratándose de una guerra de colonización la ganarán los musulmanes. Si se piensa en eso los asesinos "fanáticos" de las células extremistas son simplemente soldados de una causa que tiene muchísimo futuro.

Pero esta idea sin duda encontrará muchas objeciones. La principal, la de sacrificar la propia vida. Es la primera respuesta del burro filósofo y lo que explica el triunfo seguro de los musulmanes. A los niños los asustan hablándoles de los kamikaze japoneses que se lanzaban a una muerte segura, pero por una parte no podrían optar por otra cosa y por la otra ¿qué hace quien va a la guerra? Se dice que la proporción de supervivientes entre los aviadores estadounidenses que participaron en la guerra en Europa era del 30%. La mayoría murieron. El joven islamista no muere en atentados suicidas porque crea en las huríes que lo atenderán en el paraíso (leyenda urbana que no forma parte de la doctrina musulmana, que no aparece ni en el Corán ni en los hadices) sino porque hacerlo es algo honroso entre los suyos, sobre todo en la comunidad radical en que de algún modo se integra. Así ha sido toda la vida: se dice que Goethe hizo infeliz a su hijo por no dejarlo ir a hacer la guerra contra Napoleón. Le regaló la fama de cobarde y desleal. Los jóvenes colonos musulmanes dan la vida por su patria islámica y los europeos no se lo explican porque aparte de cualquier fin egoísta no conciben la menor renuncia a sus placeres y comodidades.

Cuando se trata de Hispanoamérica la comparación con los musulmanes es penosa (por no hablar del país de los descerebrados aviadores kamikaze). La población venezolana es comparable en cantidad a la de los países árabes petroleros del golfo Pérsico. Las reservas de petróleo también. Valdría la pena comparar las condiciones de vida de unos y otros. También se podría comparar la desigualdad en un país como Colombia y en los países árabes de renta parecida (como los del norte de África). Si se busca el índice de homicidios ya se puede hablar claramente de países civilizados y países bárbaros.

Las perspectivas de éxito de la avanzada musulmana en Europa son altísimas. En realidad la historia humana ha sido ésa: la Mesopotamia de la Antigüedad recibía continuas oleadas de inmigrantes e invasores procedentes de Arabia que terminaban siendo la cultura dominante (acadios, caldeos, babilonios, asirios, etc. eran nombres de invasores meridionales). Lo mismo se puede decir del Egipto faraónico (el que pueda darse una vuelta por la maravillosa colección del Metropolitan podrá comprobar como los personajes de las representaciones son muy negros en los primeros milenios y más bien blancos en los últimos). Los personajes del Éxodo eran en esencia inmigrantes asiáticos y en el siglo XVIII a. C. el país cayó en manos de los hicsos. Lo mismo habrá ocurrido con los mongoles en China, y en la Mesoamérica precolombina, según relata Octavio Paz, había una guerra continua entre toltecas y chichimecas (los nómadas guerreros de los desiertos del norte). Los aztecas eran la última oleada triunfante de conquistadores chichimecas. También en la antigua Roma los conquistadores germanos fueron primero inmigrantes hasta cierto punto tolerados. Lo que da ventajas a los conquistadores teóricamente más atrasados, desorganizados y primitivos es la pérdida de firmeza de los ciudadanos asentados: los imperios caen porque no tienen quiénes los defiendan. Ese desistimiento es ahora patente en Europa.

La rebelión antioccidental no era principalmente religiosa hace unas décadas: la mayoría de los regímenes árabes eran de los "no alineados", socios del "no alineado" régimen cubano, y tenían toda clase de relaciones con los soviéticos. También había en la mayoría de esos países partidos comunistas que eran la única opción que atraía a los modernizadores. Liberales y demócratas no ha habido, en todo caso no han significado nada. El islamismo avanzó a partir de la caída del comunismo, que les abría enormes posibilidades geopolíticas, y de la guerra de Afganistán, en la que se demostró que una causa grata a los jefes de las tribus podría vencer a cualquier esfuerzo de asimilación a Occidente. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 reforzaron extraordinariamente esas tendencias. Hay que tener en cuenta que la inmensa mayoría de los musulmanes no son árabes y no tienen esa tradición de guerra con Occidente. Por eso la bandera religiosa se hizo hegemónica entre los nacionalistas y antioccidentales (que antes también se inmolaban y aplaudían el terror como en los atentados de Múnich de 1972). Los que se reconocen en la tradición del islam son casi una quinta parte de la población del mundo, y entre ellos el integrismo ha avanzado sin cesar desde 2001, aunque no sea a través de la organización de Bin Laden. Turquía es ya un régimen islamista y en Egipto hubo que pasar por encima del resultado electoral para impedirlo, mientras que Irak y Siria vieron surgir un califato que tiene mucho que ver con los atentados recientes. La nueva afirmación étnica y religiosa que significaron las atrocidades del 11 de septiembre arrastra sin remedio a millones de musulmanes de Asia y África. Y el reino de terror desde Nigeria hasta Afganistán disuade a cualquiera que se quiera apartar de la fe.

¿Cuál es la respuesta de los europeos? Sin el menor rubor predominan los que se levantan muy orondos a decir que no se van a dejar someter y que seguirán tomando cerveza en las terrazas. Respecto de los atentados islamistas, la mayoría de los medios de comunicación los ocultan o tratan de negar que sean agresiones motivadas por el interés de los musulmanes de imponerse. Las violaciones masivas de Colonia en la nochevieja de 2015 tardaron varios días en aparecer en los medios, y la red de prostitución infantil de Rotherham no interesó ni siquiera a la policía, porque la corrección política prohíbe toda manifestación que pueda considerarse islamofobia y favorecer a la extrema derecha.

La actuación de los europeos es exactamente la que conviene al interés islamista. La desaparición de la religión no ha significado más que aquello que anunciaba el católico Chesterton: que tras dejar de creer en Dios se empieza a creer en cualquier cosa. Primero en las utopías colectivistas (el nazismo era una de ellas) y después en nada, en el placer inmediato, en los estimulantes, en el consumismo y en la vanidad personal. La actitud de los políticos y funcionarios europeos es de completa sumisión a los poderosos musulmanes (a tal punto que ante la visita de un dignatario iraní taparon las estatuas que representaban personas desnudas en Roma). Los partidos de izquierda, con violentos frentes feministas y de heterodoxos sexuales, son complacientes con los inmigrantes musulmanes, cuyas nuevas generaciones son un botín electoral que no quieren perder, y todo el mundo acepta el molde multicultural, por el que cada persona resulta adscrita a una comunidad que le puede imponer sus normas y valores.

Las reacciones a los atentados no son campañas contra los terroristas ni contra los integristas musulmanes que los animan, sino contra la islamofobia. A la agresión se responde con amor, y no sería nada raro que las Ramblas de Barcelona se volvieran un escenario habitual de masacres islamistas de todo tipo. El barrio que las rodea tiene miles de habitantes musulmanes y cualquier hecho que ocurra ahí, imposible de evitar, saltaría a las portadas y a las redes sociales de todo el mundo. La colonización y dominación musulmanas son casi hechos consumados porque nadie va a hacer nada para defender las tradiciones y valores de Europa ni para proteger a sus ciudadanos arraigados. La imposición del miedo, de las mujeres con la cara tapada, de los barrios en que impera la sharía y muchas otras realidades no tiene freno. Aunque no se den cuenta, los inmigrantes de países de mayoría musulmana que adhieren a su religión y a su comunidad étnica son un poco más poderosos tras cada atentado. Alguien a quien no se puede ofender ni menospreciar. La expansión demográfica, generosamente pagada por los europeos mediante incentivos a las familias numerosas, hará el resto. Y también la geopolítica, la formación de una vasta alianza de potencias musulmanas que podría "hablar fuerte" en Oriente Medio, Africa y buena parte de Asia y Oceanía.

(Por cierto, buena parte de lo que digo lo dijo hace ya tres años Arturo Pérez Reverte.)

(Publicado en el blog País Bizarro el 27 de agosto de 2017.)

miércoles, noviembre 01, 2017

El factor Londoño

Cuando Ricardo Puentes Melo anunció que se retiraba del Centro Democrático hubo unas palabras de comprensión en el programa radiofónico de Fernando Londoño, a las cuales respondió Eduardo Mackenzie con un escrito difundido en el periódico Debate. Reseñado en el mismo programa, dicho artículo recibió también el apoyo de Londoño. Voy a comentarlo porque ya es hora de plantearse seriamente si la unidad del uribismo es otra cosa que la resignación a los acuerdos de La Habana y al control de Colombia por el narcorrégimen cubano.
Escuché con atención Al Oído del 11 de agosto de 2017 (1). Si me permite, quisiera explicarle aquí, a usted y a los amigos de La Hora de La Verdad, mi posición ante el asunto de la renuncia de Ricardo Puentes al Centro Democrático.

Yo no comparto las tesis actuales de Ricardo Puentes. Digo tesis actuales pues me parece que Ricardo está evolucionando hacia posiciones deplorables muy rápidamente. Lo que dice hoy no lo decía ayer.

Durante años, él y yo hemos estado de acuerdo en muchas cosas. Él ha acogido y difundido, con generosidad y sinceridad, mis artículos en la página web Periodismo sin Fronteras. El secundó mis llamados de atención al CD y mis críticas al senador Iván Duque. Yo fui el redactor de la carta del 24 de diciembre de 2016, firmada por una docena de personas, casi todos del CD, donde criticamos la visión meramente electoralista de ese partido y su no disposición a movilizar masivamente, en calles y plazas, al pueblo uribista contra los pasos terribles que está dando JM Santos contra los equilibrios del país y sobre todo contra su sistema democrático. Allí decíamos: “La derrota de los planes totalitarios de las Farc no la lograremos con la sola fuerza de la discusión parlamentaria. Hay que pasar a la acción directa pacífica.”
Ya empiezan a asomar las falacias: se da por sentado que la discusión parlamentaria del CD es contra los planes totalitarios de las FARC. ¿Eso es serio? Todos hemos visto a Uribe jactándose de haber ido a salvar el acuerdo de La Habana por respeto a la palabra empeñada, y prometiendo no revocarlo. ¿Qué clase de lucha es ésa? El apoyo del CD al proceso de La Habana es algo que he documentado en decenas de entradas de este blog. La reproducción de la propaganda del narcorrégimen, que llama "la paz" a las componendas con los terroristas, es una constante, por no hablar de la búsqueda de una Constituyente acordada con las FARC que evidenció Juan Lozano y enlazó Uribe en su cuenta de Twitter: es FALSO que el CD haya luchado contra los planes totalitarios de las FARC. La derrota de dichos planes no la puede emprender el CD porque sus críticas constructivas a la infamia de La Habana eran siempre un penoso lloriqueo impotente por no haber sido invitados.
Yo sigo creyendo que ese electoralismo es un error del CD y del ex presidente Uribe y sostengo que el senador Iván Duque, admirador de George Soros, pertenece a una escuela de pensamiento opuesta a la del CD y está jugando un papel deplorable en la orientación de este partido. Sin embargo, no comparto lo que Ricardo Puentes ha dicho en sus últimos escritos, en su carta de renuncia al CD y, sobre todo, lo que ha declarado a El Espectador sobre el presidente Álvaro Uribe el 10 de agosto pasado.
El pobre Duque aparece como un titán que resulta reinando sobre un partido que pertenece a otra "escuela de pensamiento". ¿Cómo es que es candidato y evidentemente el preferido de Uribe? ¿Y cuál es la "escuela de pensamiento" del CD? Se trata de un caudillo turbio y bastante limitado intelectualmente al que adulan toda clase de arribistas en nada distintos a los que acompañan a Santos. ¿La "escuela de pensamiento" del CD será la de Paloma Valencia o Sergio Araujo, que describen a Angelino Garzón como un demócrata parecido a los socialdemócratas europeos? Podría hacer una lista inagotable de sandeces de los "pensadores" que ocupan curules gracias a la popularidad de Uribe.
Allí Ricardo dice que el ex presidente Uribe “va a terminar cediendo” ante las Farc y que “ya lo está haciendo” y que ya se está “acercando” a las Farc. No comparto ese diagnóstico. Nunca he sostenido esa tesis, ni en mis escritos, ni en los llamados de atención al CD. Ricardo se suma así al matoneo mediático contra el expresidente Uribe.
Pero ¿no promete Uribe no revocar el acuerdo de La Habana? ¿No han estado siete años apoyando las componendas del gobierno con los terroristas? ¿No es Rafael Guarín, uno de los amanuenses de Uribe, el que propone aislar a los trastornados extremistas que cuestionan el acuerdo y llama a reconocer la nueva legalidad alcanzada por las FARC? Puestos a adular al Gran Timonel, no importa sumarse a la campaña de Guarín, o sea, del CD, para proteger el acuerdo. Pero lo mejor es la frase final que he puesto en negrita: no hay unas gentes que promueven el premio del genocidio y otras que se oponen, en realidad son lo mismo. Los que quieren a las FARC en el poder y los que creen que no se deben legitimar sus atrocidades son por igual detractores del presidente Uribe. ¿No es lo que dice?
El enfoque nuevo de Ricardo Puentes es, en mi opinión, inaceptable pues no resulta de la constatación objetiva de unos hechos precisos. Es un conjunto de alegaciones infundadas, caprichosas y sin respaldo. Una cosa es seguir una línea rigurosamente electoral y parlamentaria, quizás excesivamente prudente, frente al régimen sin escrúpulos santista, línea que uno puede compartir o no, y otra es capitular ante las Farc.
¿No es constatación objetiva el hecho de salvar el plebiscito que el pueblo rechazó? ¿Y prometer no revocar unos acuerdos que parten de la legitimación de la rebelión totalitaria y terminan en la entrega de las claves del poder a una banda criminal? Eso se llama mala fe: el estilo uribista, se encuentra lo mismo en Guarín o en Yamhure, la descalificación por adjetivos, "infundadas", "caprichosas", etc.
Cuando presentó su renuncia, Ricardo afirmó que lo hacía pues estimaba que “la izquierda” del CD se había tomado el partido. En ese momento, el blanco de sus ataques era esa supuesta fracción. En realidad, como vemos ahora, ese no era su blanco. El blanco tampoco era Iván Duque, sino el ex presidente Uribe, como quedó claro en sus respuestas a El Espectador. Al decir eso Puentes cruzó una línea que él no había cruzado jamás.
Nuevamente la proclama de lealtad al Gran Timonel: el crimen de Puentes es rechazar a Uribe, no importan los acuerdos de La Habana ni el resultado del plebiscito, lo que no puede pasar es que vengan a faltarle al respeto al padrecito de los pueblos. Muy lejos de lo anterior, en el escrito de Puentes aparece la infaltable proclama de adhesión y admiración por Uribe. Pero puestos a acusar a alguien es más consistente el argumento de la deslealtad al amado amito que el del trastorno extremista de querer hacer valer lo que el pueblo votó.
Ricardo Puentes ve ahora izquierdistas en todas partes y, lo que es peor, ve en ellos no solo personas que no piensan como él sino leninistas y terroristas en acción o en potencia. Puentes lo dice sin reatos. Le dijo a El Espectador que no está de acuerdo con el hecho de que haya “gente de izquierda” en el CD. Eso es nuevo. Es un error de apreciación que él no cometía antes.
Fuera de lo que concierne al CD, el sectarismo ideológico es una manía espantosa que no sólo afecta a Puentes Melo sino a muchísimos activistas y usuarios de las redes sociales. Parte de los peores vicios del razonamiento: primero, la corrupción del lenguaje, una tradición colombiana que describe el primitivismo del país. Las palabras no necesitan corresponder al enunciado del diccionario sino que son idiosincrásicas. ¿Qué es izquierdismo? ¿Qué es izquierda? Según el diccionario académico, se trata de los reformistas o renovadores, en oposición a la derecha, formada por los tradicionalistas o conservadores. Según la Wikipedia se trata de la facción que busca la igualdad social. Si uno piensa en la sociedad colombiana lo primero que detecta es el rastro de la esclavitud. Es lo que la hace diferente a cualquier sociedad europea. La humillación, la miseria, el miedo en que viven las personas de condición social baja, entre las que predominan los mestizos y los descendientes de los indios y negros de la Colonia, es algo que rompe el alma. Lo que Colombia necesita ante todo es la superación de esa sociedad jerárquica de castas y exclusión. Lo que representa la conjura totalitaria, lo he explicado muchas veces, es la resistencia de ese orden. También he mostrado muchas veces que el triunfo de los totalitarios en 1991 acarreó un aumento de la desigualdad de diez puntos del coeficiente de Gini en la década siguiente. Resulta que gracias a la influencia comunista y de la Revolución cubana esa fuerza atávica, retrógrada y resistencialista, derechista en el sentido del diccionario, es lo que en Colombia se llama "la izquierda".

Colombia necesita una pasada por la izquierda que simplemente consiste en el imperio de la ley, en el respeto estricto a los derechos humanos y en la asimilación a las democracias avanzadas. Las jerarquías antiguas se defienden mediante crímenes y falacias, como la "acción de tutela", principal tarea de los juzgados, gracias a la cual la ley cede al arbitrio del funcionario. Pero ese tema se haría agotador aquí.

Cuando Puentes Melo y los demás "derechistas" (los verdaderos derechistas son los figurines de la universidad, herederos de un parasitismo de cinco siglos que conservan jerarquías y tradiciones inicuas) habla de la "izquierda" uno siente que ya no se trata de política sino de hexakosioihexacontahexafobia: se llama "izquierda", un lado de las cosas, pero en realidad es la marca de la bestia, el nombre vigente de Belcebú. Esa manía me hace recordar unos versos de Borges de los que él mismo se jactaba (alude a El corazón de las tinieblas, de Conrad):
El humo desdibuja gris las constelaciones
remotas. Lo inmediato pierde prehistoria y nombre.
El mundo es unas cuantas tiernas imprecisiones.
El río, el primer río. El hombre, el primer hombre.
Es eso, lo inmediato (las atrocidades terroristas, el reino de la gran mafia de la cocaína, la entrega del país a una banda criminal extranjera, la conversión del poder judicial en una agencia de verdugos, etc.) "pierde prehistoria y nombre" porque "el mundo es unas cuantas tiernas imprecisiones": el mundo sólo es la batalla cósmica entre la izquierda y la derecha, entre el bien y el mal, entre el divino creador y el maligno. Las nociones de "izquierda" y "derecha" no requieren ser demasiado precisas, y eso funciona a la manera del patriotismo: demanda una adhesión total. Es exactamente lo que pasa con los comunistas, que también ven a sus adversarios como "los malos" y tampoco están para detenerse en conceptos. (Un amigo mío pintó cuando tenía unos dieciséis años unos mamarrachos que recordaban el test de Rorschach y los llamó La burguesía.)

Volviendo al CD y al escrito de Mackenzie, la visión de Puentes Melo de una "izquierda" del CD, de una facción ligada de algún modo a la conjura comunista, no es nada errada: ya hemos visto que hay personajes que se jactan de su pasado en el MOIR y que casualmente están asociados con el senador que dirigía el M-19, con personajes como Alfredo Rangel, un antiguo "violentólogo", es decir, propagandista de las falacias que legitiman el terrorismo, y aun otros. Son los que promueven a Duque, que asegura que hará "modificaciones" al acuerdo de La Habana. La actitud de Uribe es de plena correspondencia con ese grupo de aduladores. Y la cuestión a estas alturas es ¿qué mueve a Mackenzie a querer estar en el mismo partido de esa gente? Son el bando de "la paz" y prosperan por la adhesión sentimental de mucha gente al Gran Timonel. Decir que esa disposición de ese grupo dominante no es "capitular ante las FARC" es sencillamente mala fe.
En su renuncia al CD Puentes afirma, sin prueba alguna, que el CD incluía, desde el comienzo, “viejos terroristas marxistas y socios de Pablo Escobar”. ¿Por qué Puentes dice estas cosas hasta ahora? ¿Desde cuándo él sabe eso? ¿Por qué no lo dijo antes? ¿El CD acoge en su seno a “socios de Pablo Escobar”? ¿Quiénes son? ¿Por qué Fuentes no da los nombres? Esa forma de lanzar la piedra y esconder la mano es detestable.
¿No es Everth Bustamante un viejo terrorista marxista? Lo de los "socios de Pablo Escobar" es evidentemente una alusión a José Obdulio Gaviria, a quien también Andrés Pastrana señaló como personaje próximo al narcotráfico (no sé nada del asunto y no puedo decir si eso tiene sustento). Pero ¿por qué dice Puentes esas cosas hasta ahora? Porque confiaba en Uribe. Yo también hice propaganda por Santos en 2010. Alguna vez se entenderá que la tragedia colombiana es la confianza en Uribe, que tras 17 años liderando a la mayoría sólo ofrece una formidable derrota.
La visión sectaria de Ricardo me sorprende. Se ha venido forjando, no sé cómo, en los últimos meses. Afloró ante un dramático evento reciente que nada tiene que ver con el CD. Ese hecho, en junio pasado, me llamó la atención y me obligó a poner un punto final a nuestra colaboración política y periodística. Hablo de la trágica muerte de la joven francesa Julie Huynh, una de las once víctimas (tres muertos y 8 heridos) del atentado contra el centro comercial Andino, el 17 de junio pasado. Ella había ido a Bogotá a ayudar a niños de un barrio pobre, en el marco de sus estudios universitarios en París. Sin verificar nada, Ricardo acusó a Julie de haber sido una “izquierdista”, por haber viajado unos días a Cuba y a Vietnam (sin saber que una parte de la familia de la joven es vietnamita). Acusó a Julie, sin la menor prueba, de haber sido la persona que llevó la bomba al baño del segundo piso de ese centro comercial.
Fue una acusación absurda (la madre de Julie fue herida por la explosión), infame y muy cobarde que la investigación de la Fiscalía no confirmó. Yo cuestioné vigorosamente desde el primer momento esa calumnia y la sigo cuestionando. Ricardo Puentes rechazó mis argumentos. Se empeñó en que Julie era la autora del atentado pues ella trabajaba con una Ong bogotana pretendidamente “de izquierda”. Hasta la madre de Julie, Nathalie Levrand, fue objeto en las redes sociales de una campaña infame para mostrarla como otra “guerrillera”. Todo eso les fracasó. Semejante cubrimiento de lo del Andino en Periodismo sin Fronteras –no han dicho siquiera que la Fiscalía y la Sijin descubrieron, el 23 de junio, la célula terrorista (el llamado MRP) que está acusada de haber cometió la atrocidad del Andino, ni han mencionado que a los ocho detenidos les encontraron armas, explosivos, propaganda y planes del centro Andino, y pruebas que los ligan a otros atentados cometidos en otras ciudades en los últimos meses—arruinó la credibilidad de esa página web.
En ninguna parte del escrito de Mackenzie es tan evidente la mala fe como en estos párrafos: no sé si Puentes Melo acusó a la chica francesa pero sí lo hicieron muchos usuarios de Twitter. Esa atribución es en efecto irresponsable, pero no absurda como pretende Mackenzie con argumentos que delatan la intención de mentir. Ir a Bogotá a ayudar a los niños de los barrios pobres es lo que hacen miles de internacionalistas europeos, casi siempre afines al comunismo, y tan noble ayuda es a la vez "marketing interno" (es decir, que con las vacaciones filantrópicas las ONG y las redes totalitarias que las controlan "fidelizan" y comprometen al joven catecúmeno) y propaganda dirigida a esos barrios (los acompañan los militantes locales, ansiosos de reclutar activistas y líderes populares que sirvan a sus fines). Que Mackenzie presente la bella intención de la chica como lo más lícito e incuestionable de este mundo es sencillamente desfachatez: no puede ignorar lo que es esa clase de turismo.

Yo no sé si Julie Huyn estuvo en Cuba: ¿pretende Mackenzie que quizá no estuvo? Tampoco si tenía relación con una ONG "izquierdista". De nuevo: ¿no tenía relación? ¿No era una ONG "izquierdista"? Es el típico libreto de la internacionalista que colabora con las bandas terroristas colombianas. Yo he conocido a decenas de personas así. Eso no demuestra que ella pusiera la bomba, pero ¿se sabe quién puso la bomba? Una cosa es la presunción de inocencia, que no se es culpable de algo mientras no se demuestre, y otra la prohibición de la sospecha. Un investigador riguroso tendría que tenerla como primera sospechosa y prestaría atención a las pruebas. Es lo que interesa de la actitud de Mackenzie, lo que demuestra una mala fe espantosa: toma como pruebas elementos que no demuestran de ninguna manera que los acusados pusieran la bomba.

Aparte de la pasión y los adjetivos, no hay nada por lo que la joven y su madre no pudieran ser las autoras del atentado. El cuento de que la captura de unos sospechosos no apareciera en Periodismo sin Fronteras es traído de los cabellos: no es un medio noticioso, no compite con RCN y El Tiempo. Pero los argumentos con los que Mackenzie acusa a los capturados son más endebles que los de quienes acusan a Julie Huyn, empezando por la FASCINANTE confianza en la Fiscalía colombiana: sencillamente, se prescinde de averiguar quién puso la bombatoda vez que ya se encontró un culpable fácil, curiosamente el mismo que encontraron los de El Tiempo desde el principio. Alguien que quisiera averiguar quién puso la bomba se preguntaría por los videos del Centro Andino, cosa que ni a los medios colombianos ni a la Fiscalía ni a Mackenzie les interesan: ¿no habrá que pensar que hay alguna motivación espuria en la ocultación de esos videos? CUIDADO, sale Mackenzie echando espumarajos y los maldice por calumniar a la dulce filántropa.
El discurso actual de Ricardo sobre el Centro Democrático y sobre el ex presidente Uribe es el segundo resultado notable de ese cambio de visión. Puentes describe el CD como “un partido leninista en su estructura de poder y concentración de las decisiones, y gramsciano en sus acciones”. Esa afirmación increíble refleja una cierta ignorancia de lo que es el leninismo y el marxismo gramsciano. Gramsci fue un fundador y un ideólogo del PC italiano. Decir que el CD es un partido gramsciano es decir que el CD es un partido marxista. Ese es el planteamiento de Puentes. Por eso se retira del CD: porque cree que el CD es un nuevo tipo de partido comunista. ¿Quién puede creer eso?
Puentes no se atreve a develar en fondo de su pensamiento (que el CD es un partido comunista), pero sí dice que es un partido leninista sólo “en su estructura de poder y concentración de las decisiones”. Dudo mucho que Puentes sepa cómo funciona en verdad un partido leninista. Sospecho que de eso tiene un conocimiento libresco. Creer que puede haber un partido leninista sin valores leninistas proclamados pero con una forma organizativa leninista es salir del mundo real.
¿De qué modo es "salir del mundo real" que haya partidos basados en las normas organizativas leninistas sin un programa leninista? ¿Se entiende por experiencia? Esa expresión "centralismo democrático" se usa en todas partes para aludir a las dictaduras de camarillas en el interior de los partidos.
“Al partido lo llamaron ‘Centro Democrático’, seguramente para hacerle honor al ‘Centralismo Democrático’ de Lenin”, dice Puentes. Ello muestra que Puentes piensa el leninismo como una forma de organización, no como un sistema ideológico totalitario. El leninismo es una forma consecuente, quizás la más consecuente y aterradora, de marxismo. Es una ideología global, una visión del mundo, del poder sobre la humanidad, de la historia, y no solo una forma de organizarse para adueñarse del poder. La excepcionalidad del leninismo es que trata de imponer “la democracia para el pueblo” mediante “la dictadura del proletariado”. El aporte mayor de Lenin fue decir que “la dictadura del proletariado”, es decir de la vanguardia (minoritaria) del proletariado, “es la esencia misma de la doctrina de Marx”, que esa dictadura contra las mayorías debe ser un poder sin restricciones, violento, sin parlamentarismo y que esa dictadura es “un millón de veces más democrática que cualquier democracia burguesa”. El leninismo instauró en Rusia el sistema de partido único, algo que era completamente ajeno al pensamiento occidental. Las críticas más prontas y acertadas contra las tesis de Lenin vinieron de Karl Kaustky, el ideólogo de la socialdemocracia alemana, el mayor partido socialista europeo, quien publicó un librito intitulado “La Dictadura del Proletariado” que hizo saltar de rabia al autor de “El Estado y la Revolución”.
El Centro Democrático se llama así para indicar que no es de derecha ni de izquierda. No se trata de equidistancia ni de moderación, sino de superación de las ideologías, que se funden en la unanimidad de amor al Líder (el fascismo originario, el nazismo y sus variantes sudamericanas como el peronismo pretendían exactamente lo mismo).
Puentes cree que, para corregir el rumbo, el CD debería estar integrado exclusivamente por gente “de derecha”. Esa sería la garantía de que el CD no es un partido marxista. Es un punto de vista ingenuo e impracticable. Todos los partidos tienen en su seno tendencias o facciones “de derecha” y “de izquierda”. Y eso es legítimo. La vida democrática de un partido depende de esas tendencias, de si éstas pueden expresarse, discutir entre ellas y tomar decisiones unitarias. Sólo las sectas comunistas no toleran las tendencias: las liquidan de diferentes maneras. ¿Es el caso del CD? No he visto nunca nada semejante a eso. El CD se llamó así no para rendirle un culto disfrazado a Lenin sino para hacer, desde el comienzo, un polo de atracción, un centro de confluencia de voluntades, un centro de centro-derecha, popular y anti totalitario, no un partido “centrista”, ni un partido-valija donde todo cabe y dominado por una clique autoritaria. Sin ese perfil claro el CD no habría tenido el éxito político que tiene.
Esto es un disparate inverosímil, pero Mackenzie lo usa con base en que "izquierda" y "derecha" son palabras que cada uno entiende como quiere. Claro, en todos los partidos habrá tendencias que estarán más a la derecha o a la izquierda, como decir que visto desde Shanghái Pekín es "el oeste". Pero en el sentido general de "izquierda" o derecha ningún partido puede tener tendencias realmente opuestas porque precisamente un partido es una opción en un abanico de posibilidades. Nadie podría estar en el GOP proponiendo la nacionalización de la banca ni en la socialdemocracia europea proponiendo la eliminación del impuesto sobre la renta. En el CD hay personas que ya con Santos en el poder aludían a Uribe como socio del paramilitarismo o que como el propio Rangel se oponían a la política de seguridad democrática.
Tienen la razón quienes dicen que no hay problema si personas de izquierda, o con un pasado de izquierda, apoyan las tesis del CD y que lo pernicioso sería que hubiese gente de izquierda que busca, de manera embozada, llevar el CD hacia posiciones de izquierda diciendo que son de derecha. El punto central es este: ¿puede un ex comunista, o un ex trotskista o un ex maoísta, o un ex anarquista, militar lealmente en un partido de derecha? Mi respuesta es sí, si respeta el programa de ese partido. Nadie debe olvidar el aporte decisivo de ex comunistas y de ex socialistas, tras su ruptura con esas ideologías, a la lucha contra los dos grandes sistemas totalitarios, incluido el comunista. Solo unos nombres: Arthur Koestler, Boris Souvarine, Walter Krivitzky, Richard Krebs (Jean Valtin), Margarete Buber-Neumann, Ante Ciliga, André Gide, Victor Serge, George Orwell, Manès Sperber, Milovan Djilas, Leszek Kolakowski, Annie Kriegel, Jean-François Revel, Jorge Semprun, Alexander Yakovlev, etc.
De nuevo la mala fe de presentar a los arrepentidos del comunismo como si fuera el caso de los moiristas y terroristas del CD. ¿En alguna parte Bustamante o Rangel o los del MOIR han abjurado de su antigua militancia y han ayudado a combatirla? En absoluto, es manifiesta la afinidad que tienen con el senador Robledo y el orgullo de su pasado revolucionario.
En cambio, un narco-guerrillero de las Farc o del Eln, o de otra organización armada, no puede presentarse de la noche a la mañana y reclamar la confianza de la sociedad, de los partidos y sindicatos. Antes debe rendir cuentas a la justicia y declarar su ruptura con su pasado de violencia. Demostrar que ha hecho un trabajo personal profundo de reflexión moral y política es también muy importante.
No vayan a creer que un narcoguerrillero de las FARC o el ELN es lo mismo que un narcoguerrillero del M-19. Éstos pueden tener amigos dentro del CD y hacerse amigos de Uribe y llegar a senadores. ¿No es el colmo de la desfachatez que Mackenzie diga esto? ¿Ha rendido Bustamante cuentas a la justicia? Por favor.
Ricardo habla de partido gramsciano. Gramsci inventó la estrategia de la “subversión lenta” que mina desde dentro al Estado “burgués” para alcanzar el comunismo mediante la imposición de una nueva “hegemonía cultural” (3). ¿Hemos visto en eso al CD? No, todo lo contrario. No hay otro partido que haya producido una literatura anticomunista y anti Farc más completa que el CD, gracias a sus dirigentes, militantes y activistas. No hay otro partido que haya denunciado el trabajo de zapa y la penetración de las instituciones por los bonzos marxistas. No hay otro partido que haya liberado más la palabra y dado el combate de ideas contra el PCF y las Farc. ¿No vemos en que quedó en Colombia la ideología del comunismo? Están sin argumentos y muy discretos ante el debate ideológico, ofreciendo faribolas en lugar de la retórica alevosa de antaño. Si están ganando la guerra, como dicen algunos, es porque siguen conservando las armas y el dinero y metiendo miedo con eso en las universidades, en el parlamento, en los cuarteles, en las redacciones, en los sindicatos, en las parroquias, en los municipios. Pero su ideología está por los suelos. ¿El CD un partido gramsciano?
Ciertamente el CD no ha hecho ninguna campaña anticomunista sino que por el contrario se ha mostrado de lo más comprensivo con los comunistas. ¿Nadie ha leído las declaraciones de Paloma Valencia sobre el MOIR? ¿Y la reivindicación generalizada de Angelino Garzón? Este personaje es un asesino de primer orden porque en calidad de miembro del Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista dirigía la acción de las FARC. ¿Se ha arrepentido y ha ayudado a combatir a los terroristas? Sencillamente, el hombre representaba al G2 en el primer gobierno de Santos tal como lo hacía Humberto de la Calle en el de Samper. Y su adhesión a ese régimen es manifiesta. Lo que lo une al Gran Timonel es algún tipo de intereses turbios que describen algo de verdad ominoso, pero que no se puede mencionar sin soliviantar a la caterva de aduladores que esperan prosperar al lado del Gran Timonel.

Lo del partido gramsciano de Puentes lleva a hablar de otro vicio que define el sectarismo ideológico: el fetichismo de la ideología. Dado que la izquierda es el 666, toda es lo mismo: una vocinglera y la otra taimada, siempre obedece a un mismo plan. De modo que cualquiera que discrepe de un discurso conservador, confesional y tradicionalista resulta un agente de esa vasta conjura. ¿Eso es serio? Primero ya he explicado que "izquierda" es una noción confusa, si uno se ciñe al socialismo, que es sólo una posibilidad de la "izquierda", no se puede decir seriamente que un socialdemócrata europeo es lo mismo que un comunista, aun si busca efectivamente el predominio del Estado en la economía. Ya desde el mismo siglo XIX hubo en los partidos socialistas sectores "revisionistas" que planteaban la renuncia a la revolución que proponía Marx. El respeto a las instituciones democráticas marca la diferencia, no es lo mismo el SPD de Helmut Schmidt que el Jemer Rojo. No se podría decir que un hombre que se interesa por una mujer y le regala flores y joyas, le escribe poemas y se casa con ella es lo mismo que el que la viola porque ambos pretenden efectuar lo que el cómico español Chiquito de la Calzada llama "la guarrerida del diodeno".

Esa paranoia ideológica está por todas partes y es una peste. El propio Puentes Melo aludía al general Naranjo como una persona de izquierda. Insisto, se trata del 666: en la realidad la inmensa mayoría de la gente no obra movida por la ideología sino por sus intereses específicos. La posición política de Naranjo sólo corresponde a su conveniencia de prosperar como cortesano del gobierno. Pero por lo mismo es frecuente leer que Soros es marxista o izquierdista. Precisamente su credo ideológico manifiesto se basa en un texto anticomunista, el famoso libro de Karl Popper. Que en sus maquinaciones se haga socio de los más siniestros totalitarios, como los de las FARC o Podemos, es algo que no tiene que ver con su ideología sino con sus negocios. Eso de prosperar en alianza con los gobernantes y en relación con intrigas políticas es algo que él hace con extrema habilidad en el mundo globalizado, pero en absoluto novedoso (alguna vez se verá que los negocios de Carlos Slim corresponden también a alianzas parecidas). Y los ejemplos serían inagotables: el fetichismo de la ideología tiene dos caras, parece que las adhesiones ideológicas lo resolvieran todo (todo el que tenga algún contacto con las clases acomodadas de cualquier país de Occidente recordará a aquel compañero de estudios, casi siempre el más tonto, que ahora es budista y desprecia a todos los que acertaron con su profesión o hicieron algo memorable) y que los problemas del mundo derivaran de las teorías políticas: todo estaba bien hasta que la bestia encarnó en Marx, cuyo método de análisis es la causa del peculado y el narcotráfico. 
Puentes le reprocha al CD y al senador Álvaro Uribe decir que los acuerdos Farc-Santos no se deben romper sino ser reformados. “Eso no tiene sentido”, dice Puentes. No estoy de acuerdo. Se trata de un punto de acción, de una cuestión de táctica política, no de un principio programático. Sobre eso puede haber diferencias en el CD y nadie puede ser estigmatizado por tenerlas. Personalmente soy de los que dicen que esos acuerdos deben ser abolidos.

Sobre este tema, Ricardo no es coherente. El ve en ese punto táctico una prueba de que Uribe está “cediendo” ante las Farc o “ya lo está haciendo”. El no ve a los pre candidatos Carlos Holmes Trujillo, Rafael Nieto y Rosario Guerra como gentes de izquierda que van a “traicionar” a Uribe y al CD. Los tres piensan que el pacto Farc-Santos debe ser reformado en parte. ¿Los tres candidatos han “cedido” ante las Farc? Puentes niega eso. ¿Por qué entonces solo emplea ese punto para fundar su gravísimo reproche contra el ex presidente Uribe?
De modo que la traición al voto popular es una cuestión de táctica política. Es lo que dicen siempre los uribistas, un vicio colombiano: algo es eficiente en la medida en que es tramposo. Pero ¿cómo no entender que está cediendo ante las FARC? Porque está prohibido cuestionar al Gran Timonel. Por supuesto que aceptar que hay una guerra legítima (cosa que ha hecho siempre el CD, ¿no se acuerdan de la "paz sin impunidad"?) es ceder ante los terroristas, tácitamente legitimarlos. Lo que piense Mackenzie sobre los acuerdos, mejor dicho, lo que dice que piensa, es sólo para no resultar contradiciendo lo que decía antes. No cuenta para nada porque la única opinión que cuenta en el CD es lo que le parezca a Uribe, y lo que le parece a Uribe es lo que le dicen los aduladores de la camarilla organizada y muy solvente. Adherir a Uribe y el CD es adherir a los pactos de La Habana, que serán "modificados" como quien mejora las violaciones o los atracos.
Creo que Ricardo tiene una visión simplista de la coyuntura política. Eso le permite librarse intelectualmente al matoneo contra el CD. El no ve el inmenso riesgo que tiene el país, ni la importancia de los partidos y de los militantes en este momento. Lo que se agudizará desde el comienzo en 2018 es un riesgo descomunal, no el de que una coalición de izquierda gane las elecciones, sino que Colombia, por esa vía y gracias a la confusión, caiga dócilmente en manos del comunismo, el mismo que ensangrienta a Venezuela, bajo el disfraz de “la implementación de los acuerdos de paz”. Todas las fuerzas, corrientes, candidatos e individuos que rechazan ese futuro de caos y destrucción deben transcenderse, entablar un diálogo y llegar a acuerdos sobre una candidatura presidencial imparable, con una persona que puede ser o no del CD, que pueda ganar desde la primera vuelta, y sobre un frente parlamentario mayoritario y sólido, para derrotar los planes Farc-Santos. ¿Jugar a la demolición del CD y del expresidente Uribe en este contexto servirá a quién?
Buenísimo: en oposición a una visión simplista hay una visión esclarecida, que no distingue entre detractores del CD que se oponen al acuerdo de La Habana y detractores del CD que lo apoyan. La disyuntiva binaria ya no es entre izquierda y derecha sino entre los que están con el padrecito Uribe y los que están en contra, entregados al "matoneo" (admirable forma de afrontar la discusión).

Resulta que el CD no es realmente una fuerza que rechaza ese futuro: ya he explicado que es gracias a Uribe por lo que la mayoría resulta siempre perdiendo. Por lo que la monstruosa traición de Santos y la implantación de la tiranía no han tenido oposición. La unidad de los opositores del terrorismo ha sido inquebrantable durante 17 años y el resultado ha sido el triunfo de los terroristas.

No habrá una candidatura unitaria de oposición porque hay sectores que no quieren reconocer el acuerdo de La Habana. El candidato que vaya por el CD no pasará a segunda vuelta por la sencilla razón de que el CD no es oposición al acuerdo de La Habana y su candidato resultará indistinguible de Vargas Lleras o Pinzón, aunque menos carismático y con menos clientelas y recursos. La única opción es una candidatura que polarice en torno al rechazo al triunfo de los narcoterroristas, y ahí no cabe el CD porque es uno de los partidos de la paz (ya he comentado en muchos sitios como en cinco elecciones se evitó convocar a los votantes a rechazar esa infamia).

Lo que urge es la unión de los ciudadanos que nos oponemos al nuevo régimen. Los uribistas pueden seguir unidos y aun unirse a los demás valedores de los acuerdos. El caudillo sólo quedará con una fuerza residual que ya no tiene nada que decir y en esa medida es un cadáver político.

El texto de Mackenzie se llama "Carta a Fernando Londoño": el ex ministro es al respecto una persona decisiva, todavía pertenece al CD y tiene, seguramente sin quererlo, la deprimente tarea de encauzar la indignación de la gente con las infamias del narcorrégimen para que sirva a los designios conciliadores de Uribe y los maoístas (todo hace pensar que han recuperado contactos con el partido que domina la potencia que ha comprado media África y expande sus redes por toda Asia y Europa). Ya verá él si contribuye a la unidad de los seguidores del caudillo o a la unidad de los que rechazamos los acuerdos. ¿O estará para creerse que la aceptación de todos los supuestos de "la paz" es "táctica política", pura astucia de un genio incuestionable?

Tampoco se trata de la izquierda o la derecha, claro que una movilización contra la tiranía puede ser amplia. Basta con tener como banderas la ley, la justicia, la democracia, la libertad y los derechos humanos y tomarse en serio destruir el nuevo orden implantado por el heredero de Uribe. Si no se hace ahora se hará después, con una enorme desventaja. Lo que no puede hacerse es seguir confiando en las astucias inventadas del que quiso entender el NO del plebiscito como un SÍ matizado. Esa ligereza pone a quien sea en el lado del narcorrégimen.

(Publicado en el blog País Bizarro el 28 de agosto de 2017.)

sábado, octubre 21, 2017

El asesinato de Jaime Garzón

Por @ruiz_senior

Solipsismo
La posibilidad que tiene cada persona particular de cambiar el mundo es ínfima, casi nula. Pero es aún menor la que tiene de entenderse a sí misma y entender el mundo. Al respecto todos viven en una especie de autoengaño del que es muy difícil sacarlos. Tal vez los filósofos que concibieron el solipsismo, la doctrina del idealismo extremo que supone que no ocurre nada fuera de nuestra mente, partieran de esa percepción, de que el problema es la conciencia de cada uno. No en balde decía Kant que "los secretos juicios de la razón común" son "el negocio de los filósofos". Es un tipo de pensamiento turbador y que a la mayoría de la gente la aburre, ya que sólo busca confirmación de sus certezas y aprobación de sus opiniones. Que el problema son esas certezas y opiniones es lo que me propongo denunciar.

Deudos
 
La inmensa mayoría de los colombianos que han ido a la universidad, es decir, de los colombianos de clases medias y altas, condena rotundamente el asesinato del humorista, sin que propiamente a ninguno le interese averiguar qué ocurrió realmente: les da igual, el hombre resulta un gigante, el candidato a Gran Colombiano de la izquierda, gracias al bochinche de sus partidarios. Se considera que lo mataron por sus chistes, y si fue por otra cosa no les importa, porque de lo que se trata es de explotar al mártir para legitimar la paz y el socialismo que ven venir y que apoyan (si al menos hubieran leído a Marta Harnecker sabrían que esa adhesión que reciben como propaganda y presión gregaria lleva en sí algo que no detectan de forma patente: el interés de clase). Como ya expliqué al principio, el misterio que interesa no es el de la novela policiaca sino la conciencia de esas personas, porque Colombia está a las puertas de un genocidio mucho mayor que el que ha tenido lugar hasta ahora y ocurre porque los genocidas cuentan con la adhesión de la "clase dominante".

Otros
Pero la gente que no comparte esos fines tampoco tiene mucho interés en entender qué pasó, algunos justifican que el humorista fuera asesinado por ser miembro del ELN (sobre lo cual nadie se toma el trabajo de buscar pruebas) mientras que otros lo atribuyen a los propios terroristas o a un marido celoso, naturalmente sin preocuparse de demostrar nada (soy un adicto a la serie "Forensic Files", seguramente por lo fascinante que encuentro la pasión por la verdad de los investigadores. En Colombia una investigación seria resultaría inconcebible, además de peligrosa sería laboriosa y nadie la reconocería, cada uno tiene su verdad y no necesita pruebas).

Hechos
En aquella época internet era una novedad y yo dedicaba buena parte del día a leer prensa colombiana. Era la peor época del Caguán y la agresión terrorista era una amenaza cada vez más cercana para la mayoría de los colombianos. El año siguiente se registraron sólo en Bogotá casi diez secuestros diarios. El gobierno de Pastrana insistía en negociar con las FARC que sencillamente se habían apropiado del territorio "despejado" para multiplicar sus crímenes y sus negocios ilícitos, y recibía la presión de los medios del clan López-Santos-Samper para que cediera más y así llegara a la paz (es muy posible que Tirofijo o Jojoy hubieran querido ceder a cambio de salir ricos e impunes, pero los amos del país los jaleaban y les prometían un triunfo seguro). Una de las propuestas que más se oía era despejar también un territorio en el sur de Bolívar al ELN, y con ese fin se creó en julio de 1999 una "Comisión de Facilitación Civil" cuyo promotor era Jaime Garzón. En el forcejeo de diversos sectores contra ese nuevo despeje es donde hay que buscar el origen de ese asesinato. Un año después atentaron contra Wilson Borja, que también formaba parte de esa comisión.

Evaluación
Yo no soy detective ni fiscal ni me intereso por el castigo de ese asesinato ni por el descubrimiento de sus autores. Sólo quiero llamar la atención sobre una cosa: ¿qué era lo que hacía la Comisión de Facilitación Civil? Intermediar para que se premiara al ELN, una organización que había asesinado y secuestrado a muchos miles de colombianos inocentes. La búsqueda de la paz de esa comisión sólo era el cobro de esos crímenes, la legitimación del poder obtenido por esos medios. Más o menos lo mismo que ir a cobrar los secuestros, sólo que en el caso de Jaime Garzón no era metáfora sino precisamente lo que hacía y que cómicamente los medios colombianos adornan como "mediación humanitaria" y otras bellezas. ¿Cómo va a ser menos lícito el asesinato de quien busca la suspensión de la ley para que se premie a unos asesinos, entre los cuales objetivamente hay que contarlo? Ése es el misterio que no requiere ciencia forense sino un corazón limpio. Limpio de lo colombiano, de esa brea inmunda que paraliza los sentimientos y pensamientos de la chusma. Para los del bando de Jaime Garzón ese crimen es intolerable porque los otros asesinatos son atribuibles al conflicto (el grado de legitimación depende del nivel cultural de la persona y de la rentabilidad que obtiene del genocidio comunista: los más viejos, más cultos y más ricos saben que son responsables pero les compensa suficientemente). Los demás aman a Uribe o son de derecha y tampoco quieren saber qué pasó sino librarse de la presión de los deudos del mártir.



Futuro
Esa noción de "pueblo elegido" que puede matar pero al que no se puede matar es tradicional en los comunistas y está presente por ejemplo en la indignación de los progresistas colombianos cuando el abogado Abelardo de la Espriella planteó la necesidad de matar a Maduro. ¿Qué han dicho de toda la gente a la que han matado los colectivos chavistas? Son de los suyos y pueden matar, o se lamenta que ocurra pero se culpa a los que protestan, o se olvida mientras se maldice a Uribe y a Trump. La implantación de la tiranía cubana en la zona andina llevará a esa situación en que ya está Venezuela: no va a ser posible recuperar la ley ni la libertad sin matar gente, como en todas las guerras. Que no vengan los que mienten sin cesar para sacar provecho de miles de atrocidades a escandalizarse: ellos son los primeros asesinos, las clases medias y altas colombianas han promovido y usufructuado cientos de miles de asesinatos y han mentido sin cesar para legitimarlos, por ejemplo llamando "defensores de derechos humanos" a Piedad Córdoba o a Iván Cepeda y considerando que la impunidad y el premio de los sociópatas de las FARC es "la paz". Han creado un infierno y serán los primeros en huir, pero el mundo les resultará cada vez más hostil: no en todas partes van a encontrar juventudes serviles e indigentes a las cuales adoctrinar con sus infamias.

Prohibición
Respecto de la pena de muerte un humorista exclamó "Ustedes primero, señores asesinos". Tarde o temprano la opresión en Venezuela dará lugar a una resistencia violenta, y los tiranos se indignarán y hablarán de "terrorismo". Como en todo atraco, y eso es toda la revolución comunista en América, la víctima se ve arrastrada a una situación en la que no tiene otra salida. ¿A cuánta gente habría matado el ELN si Jaime Garzón se hubiera salido con la suya y hubiera una república independiente en el sur de Bolívar? Esos muertos no les interesan a los justicieros que lloran al humorista, que a fin de cuentas sólo era un propagandista del narcoterrorismo (como el Samper Ospina de la época) cuya promoción se debía al interés del gobierno de Samper. Baste recordar que el guionista de Godofredo Cínico Caspa era Antonio Morales Rivera. Quien quiera que impere la ley no puede empezar premiando a quienes la violan. Y es que el gran crimen no es el asesinato de Jaime Garzón, ni siquiera las atrocidades de las bandas a las que promovía, sino esa "ligereza" en la conciencia de los colombianos de clases acomodadas.

(Publicado en el blog País Bizarro el 14 de agosto de 2017.)

domingo, octubre 08, 2017

Diecisiete años de unidad


No me vengan a decir que un candidato que propusiera defender lo que el pueblo votó el dos de octubre de 2016 no podría ganar porque sólo reproducen lo que se decía hace diecisiete años, que un candidato al que se acusaba de nexos con los "paramilitares" y de ser de "extrema derecha" no podría ganar. Quizá son demasiado jóvenes para recordarlo, pero a mediados de 2000 fue cuando comenzó a materializarse el descontento con el Caguán y a aumentar la intención de voto por Uribe, que hasta entonces no pasaba del 1% en las encuestas. La gente descontenta aplaudía a Carlos Castaño o anhelaba un golpe de Estado militar o una intervención estadounidense. Nadie creía que un triunfo electoral podría hacer retroceder a los terroristas y reconstruir el país.

Esa hegemonía en la opinión popular que alcanzó el uribismo en los meses siguientes hasta las elecciones de 2002, que ganó en primera vuelta, representó una fuerza que podría haber enderezado el país porque el gobierno pronto empezó a mostrar resultados que entonces eran como de ensueño, ciertamente por el apoyo estadounidense en el contexto de la guerra contra el terrorismo, por la consolidación que habían tenido las fuerzas militares durante el gobierno de Pastrana y por el aumento de los precios de las primeras materias. El caso es que el país renació y el apoyo a Uribe aumentó hasta el punto de que en 2006 ganó la reelección con un 63% de los votos.

Pero fue entonces cuando el hombre llegó a su límite, desaprovechando el liderazgo y la hegemonía. Ojo: no fue Uribe sino Colombia quien falló: ¿cuántos colombianos recordaron que la Asamblea Constituyente de 1991 fue elegida por menos del 20% del censo electoral, que la convocatoria fue una clara violación de la ley y que el interés de proteger a los jefes de las bandas de traficantes de cocaína era evidente, a tal punto que en la carta máxima del país se prohibió la extradición con ese fin? En aquel momento no le interesaba a nadie, el gobierno resistía a la presión de los medios y del poder judicial, pero a la vez contaba con columnas diarias en El Tiempo y en los demás medios. Convocar una constituyente para hacer frente a un texto infame que autoriza a matar gente para revocarlo era algo que no se podía esperar de Uribe porque él mismo era un importante senador en 1991, y para los demás lo importante era la unidad.

Ese orden instaurado por esa constitución es en realidad la conquista del poder por los comunistas, lo que se materializa en la garantía de gasto público en las clientelas de funcionarios que había llegado a controlar la CUT gracias al poder y los recursos de las bandas terroristas, señaladamente en la educación "superior" y sobre todo en la Universidad Nacional. Al cabo de una década el coeficiente de Gini había subido diez puntos, gracias a que esa casta parásita había asegurado sus rentas mediante esas garantías de gasto y también mediante la tutela. La única persona próxima al gobierno de Uribe que recuerdo que se interesara por eso fue el ex ministro Alberto Carrasquilla, pero en el contexto de una discusión semiacadémica.

Ese segundo gobierno de Uribe es el origen de todo lo que pasó después. Se justifica que antes de 2006 se centraran los esfuerzos en aumentar la seguridad y recuperar la economía, pero la raíz del terrorismo y el contexto en el que se desarrolla no se explican sin atender a otros elementos. El gobierno de Uribe fue el que más invirtió en universidades públicas, quizá porque la relativa abundancia de recursos permitía intentar tener apaciguado a ese sector (que multiplicó el adoctrinamiento de nuevas hornadas de activistas afines al terrorismo). Y a pesar del control de la principal fuente de ingresos de los medios, que es el erario, no hubo ni el menor atisbo por parte del gobierno de contrariar a la mafia que los posee, bien reduciendo la inversión, bien favoreciendo la aparición de otros que ostentaran alguna independencia. El gobierno estaba feliz con que le dieran a sus voceros una columna diaria (junto a cinco de abierta propaganda terrorista, por no hablar de las noticias).

Y lo mismo se podría decir del fuero militar y de muchas otras cosas: TODO lo que hacía falta para regenerar a Colombia y construir una democracia genuina se desechó porque nadie iba a cuestionar la UNIDAD. Realmente se le olvidó a todo el mundo porque se había encontrado la piedra filosofal: el culto de la personalidad del líder, siguiendo el modelo maoísta de la camarilla del MOIR y el PCC-ML que rodea a Uribe. El fervor por el líder era la panacea, no hacía falta complicarse la vida cambiando el país porque bastaba con sacar el santo redentor y todo se arreglaba (sobre todo los negocios y carreras de esos próceres). De ahí surgió la patochada de la segunda reelección, las listas de hampones que elegimos (por la UNIDAD) en 2010 como nuestros representantes en el legislativo y sobre todo la candidatura de Santos.

Lo que nunca ha faltado en Colombia es la unidad. Ha faltado decencia, eso sí, porque nadie ha querido darse cuenta de que el CD no se opone a la infamia de premiar el terrorismo (no vaya a ser que les digan que pueden dividir), ha faltado sensatez y dignidad, porque por cada persona que se da cuenta de que el hampa cada vez avanza más hay cien que atribuyen todos los renuncios de Uribe a la "estrategia" (esa ridícula manía colombiana de que para que algo salga bien debe llevar trampa), pero unidad siempre ha habido.

Tampoco ha habido en realidad ninguna amenaza a la unidad porque Uribe prometa no revocar lo acordado en La Habana, traicionando el voto, que no era por "modificarlo". Pedirles a los colombianos que renuncien a la unidad es como pedirles a los monos que hablen: ¿qué importa para donde se va si vamos todos juntos? Los más grotescos ultraderechistas resultan de repente patéticamente serviles ante Uribe porque así contribuyen a la unidad. Toda noción se olvida, entre otras cosas porque muchos cuentan con que siendo solícitos con el Gran Timonel podrían resultar favorecidos en las listas de futuros senadores y representantes, eso sí, por detrás de los parientes de Angelino Garzón o de Sigifredo López.
La unidad resulta simplemente un elemento que paraliza la respuesta al narcorrégimen, pues todos se someten a los intereses particulares de Uribe, que podría ser rehén del hampa judicial. Y a su visión errada, como me propongo demostrar ahora.

En las elecciones de 2018 hay un montón de candidatos de la "izquierda" y de la "derecha". El más probable candidato del CD es Iván Duque, aunque si fuera Nieto Loaiza nada cambiaría porque es un personaje tan equívoco como Duque o como el otro mequetrefe, Holmes Trujillo. Da lo mismo, son personajes de segunda que esperan prosperar a la sombra de Uribe. ¿Nadie recuerda que Uribe no traslada sus votos a otros candidatos? Baste recordar las elecciones de 2011, o las de 2015. ¿Cuántos alcaldes y gobernadores uribistas hay? A la hora de la verdad Duquieto es una figura que compite por el voto no comunista con el poderosísimo Vargas Lleras y con el imponente Pinzón. ¿Cómo va a ganar? Su discurso no es más de rechazo a los cubanos ni a "la paz" que el de ellos, porque ya han mostrado que no es lo que les interesa. Pero están los medios, que promoverán a los que convenga y le montarán escándalos a los del bando de Uribe (en las elecciones de 2002 registré que Garzón aparecía en El Tiempo ocho veces más que Uribe, que obtuvo ocho veces más votos). Y están las maquinarias, con miles y miles de cargos de alcaldías y gobernaciones controladas por Vargas Lleras y con clientelas formidables que tienen recursos formidables gracias a su alianza con las élites regionales. Sencillamente, un candidato uribista no tiene ninguna posibilidad de ganarle a Vargas Lleras, y ni siquiera de convencer a mucha gente de que es más firme que Pinzón.

¿Cómo fue que Uribe sí consiguió imponerse en 2002? Ahí está el detalle: en ese momento era el único que encarnaba el rechazo al Caguán, es verdad que ni siquiera proponía acabar con el despeje pero ya en febrero lo acabó Pastrana. Hoy en día los uribistas no se distinguen de los demás candidatos de la "derecha" y expuestos a la manipulación de los medios están en absoluta desventaja.

Precisamente como ganó Uribe en 2002 es como podría imponerse un candidato (de momento el único que podría representar ese camino es Ordóñez) que pudiera plantear una elección entre FARC y anti-FARC. Entre sumisión a Cuba o Independencia. Entre democracia o Atraco. Entre una constitución legítima o la que impusieron los cubanos aliados con Pablo Escobar. Esa dualidad es evidente para muchos, pero DIOS MÍO, NO PUEDE SUCEDER SIN APARTARSE DE URIBE. (Ya escribí un post sobre las tentaciones de Ordóñez.)

Si ese candidato contara con el apoyo de los activistas de las redes sociales, toda la campaña de estigmatización y calumnia le serviría, como ocurrió con Trump. PORQUE TIENE A SU FAVOR LA VERDAD. 



Pero es perder el tiempo: ya verán de qué modo la segunda vuelta de 2018 es entre Vargas Lleras y De la Calle, y cómo ganará éste gracias a los escándalos que le sacarán al primero. De ustedes no se puede esperar sensatez ni decencia, no vaya a ser que se los acuse de traicionar la unidad. Hasta el final seguirán engañándose y soltando los habituales eructos sentimentales con proclamas de amor al Gran Timonel y lamentándose de la traición de Santos.

(Publicado en el blog País Bizarro el 30 de julio de 2017.)

martes, septiembre 19, 2017

La injerencia cubana en Colombia


Antes de tomar el poder, aun de alzarse en armas para hacerlo, Fidel Castro estuvo en Colombia y tomó parte en la revuelta del 9 de abril de 1948. Era un muchacho de veintiún años y llegó invitado por una iniciativa del gobierno argentino para sabotear la Conferencia Panamericana con un congreso de estudiantes. Pese a lo que las patéticas teorías de conspiración hacen creer, los hechos de ese día no fueron obra suya ni mucho menos fueron planeados por él. Puede que incluso tuviera la misión de cometer crímenes junto con el grupo de cubanos con el que llegó, pero hasta ahí es admisible atribuirle un papel en dichos hechos.

Tampoco es tan evidente que su rebelión armada contra Batista estuviera animada por los soviéticos. Los comunistas cubanos habían formado parte de un gobierno en el que estaba Batista y operaban libremente bajo su dictadura. La rebelión contra el dictador la llevaba a cabo otro partido sin claras conexiones con el comunismo. Sólo cuando la caída de Batista era un hecho, al final de 1958, se reunieron los jefes comunistas con Ernesto Guevara para asociarse.

La toma del poder por Castro y su guerrilla y su alineamiento con el bloque soviético marcaron el verdadero comienzo de la injerencia cubana en Colombia. Dentro de su política de "exportar la revolución" destacaron los planes de crear en los demás países latinoamericanos "focos" guerrilleros que "replicaran" la historia de la sierra Maestra. Se conocen testimonios de cubanos presentes en los focos guerrilleros comunistas ya en 1961.

Así surgió el ELN. Es del máximo interés el hecho de que sus fundadores hubieran sido enviados a Cuba para adoctrinarlos por Plinio Apuleyo Mendoza, entonces dirigente del Movimiento Revolucionario Liberal de Alfonso López Michelsen. Unos años antes otros dirigentes de dicho movimiento, Carlos Lemos Simmonds y Manuel Cepeda Vargas, persuadieron a Pedro Antonio Marín de volver al monte. Conviene prestar atención a la cita de Mendoza:
Lo que muy pocos saben es que nuestro compañero Luis Villar Borda consiguió con Fidel Castro que en Cuba fueran adiestrados 25 militantes nuestros. Entre ellos figuraba nadie menos que Fabio Vásquez Castaño, hermano de Manuel Vásquez, nuestro compañero en la dirección de las Juventudes. Pues bien: cuando regresó a Colombia, por su propia cuenta y a espaldas nuestras, Fabio Vásquez decidió irse a las montañas de Santander para fundar las guerrillas del Eln.
Pero el ELN no fue lo único que le "aportó" el régimen cubano a Colombia en los años sesenta, la penetración en las universidades en esos años fue generalizada. Los estudiantes de los primeros años setenta recibían un intenso adoctrinamiento basado en un texto fundamental: Los conceptos elementales del materialismo histórico. Su autora, la chilena Marta Harnecker, era la esposa de Manuel Piñeiro, el comandante Barbarroja, uno de los fundadores del G2 cubano. Conviene prestar atención al papel del régimen cubano como heredero del comunismo soviético: quien ayudó a organizar la policía política cubana fue nada menos que Markus Wolf, el jefe de la temible Stasi de la desaparecida República Democrática Alemana.

Las intrigas durante los años setenta aumentan con la fundación del M-19 y de la revista Alternativa, iniciativas conjuntas promovidas, controladas y probablemente financiadas por los cubanos. Al respecto es muy elocuente lo que dice el primer director de dicha revista, que curiosamente es el padre de la siniestra @caidadelatorre.
[Respecto a los intentos de Bateman de controlar la revista] Lo intenta una primera vez con la “Alternativa del pueblo”, pero al parecer no logra asumir la dirección, sino la militancia de algunos. En la segunda arremetida gana Bateman con la venia de García Márquez…y de Fidel supongo –porque ambos prefieren a un chico más travieso y mágico que a todos sus Aurelianos Buendías peleados en mil guerras, pero ya a la espera de la pensión de retiro: Manuel Marulanda, Jacobo Arenas, Fabio Vásquez Castaño…
De donde es obvio inferir que García Márquez obraba como representante del régimen cubano en la redacción de la revista y también respecto del M-19.

Como ya expliqué en otra parte, el primer logro del M-19 fue impedir un triunfo electoral de la Anapo, es decir, abrirle el camino a López, el viejo líder del MRL que ya obraba como aliado del régimen cubano, con el que restableció relaciones diplomáticas en cuanto se posesionó.

La embajada en Colombia desde entonces es tan importante que el embajador Ravelo se reunió con los jefes del tráfico de cocaína para negociar el paso de los barcos cargados con cocaína y el transporte de armas para el M-19. Al respecto conviene leer "Las guerras secretas de Fidel Castro", el valioso texto de Juan Benemelis.

También respecto de la implicación del régimen cubano en el tráfico de cocaína y en las actividades de las bandas terroristas merece atención este escrito del investigador Mauricio Rubio.

De algún modo, a partir de la instauración de la dictadura castrista, se puede decir que dicho régimen controla a las diversas variantes del narcotráfico y el terrorismo en Colombia. El testimonio de alias Popeye sobre el papel de García Márquez como mensajero entre los Castro y Pablo Escobar es muy elocuente. También la actitud de sumisión ante los Castro de los jefes terroristas que negociaban la "paz" en Cuba.

La "paz" de Santos es la entrega completa del país al régimen cubano, tal como lo ha sido la Venezuela bolivariana. Sin duda, buena parte del negocio en expansión de la cocaína termina controlada por la nomenklatura de dicho régimen, pero es más interesante el control que tendrán sobre los servicios de seguridad y de información (tal vez fuera una de las causas de que Santos cerrara el DAS), amén de las fuerzas militares.

¿Cuántos cubanos viven actualmente en Colombia? Muchos de ellos son sencillamente espías o agentes del régimen que trabajan para apropiarse totalmente del país.

La principal tarea que los demócratas colombianos tienen por delante es la independencia del país. Eso significa la expulsión de los agentes cubanos y la "purga" de las instituciones. Es una tarea ingente para la que Colombia no está preparada y sobre la que los candidatos de 2018 nunca hablan. Lo más probable es que todos estén dispuestos a acomodarse a la nueva situación de virreinato para poder ocupar los cargos públicos, pues el narcorrégimen cubano no va a soltar la presa fácilmente.

(Publicado en el blog País Bizarro el 10 de julio de 2017.)

domingo, septiembre 10, 2017

¡Ya basta de uribismo!

Éste es el texto que lee el YouTuber robot de nuestro último video, para aquellos que se sienten mejor leyendo que escuchando (que no son la mayoría en Colombia):

YA BASTA DE URIBISMO

Hola, soy Jarri, el youtuber androide que les transmite las inquietudes del equipo de País Bizarro. Voy a hablarles de lo que ha estado pasando en Colombia estos últimos años.

Santos dio un golpe de Estado y le entregó el país al régimen cubano y a sus sicarios en Colombia, que son las tales FARC. Todavía hay gente que no se da cuenta, pero Colombia ya está en manos de los cubanos, exactamente igual que Venezuela. Y lo que la gente vote ya no importa.

¿Cómo es que ha pasado eso? Porque la mayoría creyó que con apoyar a Uribe ya estaba todo resuelto. Ya era sólo cuestión de que las Fuerzas Armadas mataran o encarcelaran al Secretariado de las FARC y se acababa el problema.

¿Hagan el esfuerzo de acordarse de cómo era Colombia hace diez años? Era increíble el optimismo, sobre todo porque muchos recordaban los gobiernos de Samper y Pastrana, que habían dejado muchísima pobreza y violencia.

Uribe le gustaba mucho a la mayoría de la gente, era el líder familiar que veían todos los días en la televisión, como pasaba en esos mismos años con Chávez en Venezuela y antes con Fujimori en Perú.

Pero después de las elecciones de 2010 el nuevo presidente elegido por los uribistas resultó amigo de Chávez y las FARC y el partido uribista resultó igualmente enemigo de Uribe. Líderes increíbles como Roy Barreras, Gina Parody o Armando Benedetti resultaron muy firmes críticos de Uribe. Por confiar en Uribe la gente votó por un montón de bandidos.

Y Santos empezó a imponer su régimen totalitario sin que hasta ahora haya tenido oposición. Antes de ser presidente, los comunistas lo acusaban de ser el responsable de los falsos positivos, pero en cuanto se hizo amigo de Chávez y las FARC se les olvidó el asunto.

Santos se gastó billones de pesos del dinero de los colombianos en su propaganda y así consiguió amedrentar a todos los críticos con la promesa de la paz: al que no estaba de acuerdo lo acusaban de estar a favor de “la guerra” y de ser “enemigo de la paz”. Nadie rechistó, Uribe y su nuevo partido evitaron mencionar el tema en las elecciones de 2011 y 2014 porque calculaban que la gente siempre iba a estar a favor de la paz y no de la guerra.

Hay que detenerse en esta idea porque los que desisten de aplicar la ley se ponen en el lado de los criminales. Eso es lo que pasa con la idea de paz y guerra. Un político decente debería decirle a la gente que no hay ninguna guerra sino un montón de crímenes. Lo que llaman guerra es el esfuerzo de aplicar la ley. Lo que llaman paz es la renuncia a aplicar la ley.

Y entonces quien no explica esa mentira de la propaganda porque cree que tiene menos medios para denunciarla que los mentirosos para divulgarla simplemente está ayudando a implantarla.

Todos los que admiten que el llamado conflicto es una guerra están en el bando de los asesinos, porque ¿a quién se le ocurre emprender una guerra? La mafia siciliana o las bandas latinas en Estados Unidos también podrían decir que hay una guerra y exigir premio por sus crímenes haciendo culpable de que sigan a los que no se sometan. Pero al señor Uribe lo rodean montones de lagartos y aduladores que buscan puestos y curules y no están para perder el tiempo defendiendo la verdad o la ley o la democracia. Por eso nunca respondieron a la propaganda mentirosa del gobierno y los terroristas. Sólo se ofrecieron para mejorar la paz.

Por eso la oposición que han hecho es como la del senador maoísta Jorge Enrique Robledo o a veces invocando pretextos absurdos, como la discusión sobre los tres ceros del peso. Con tal de no ser descritos como enemigos de la paz renunciaron a defender la libertad y los derechos de las víctimas del terrorismo. Ese cálculo miserable significó la renuncia a hacer oposición. Cuando un atracador consigue amedrentar al policía, el policía se convierte en un cómplice. Le pagan un sueldo para que aplique la ley, no para que ayude al atracador.

Como ya eran cómplices del golpe de Estado y del premio de los crímenes terroristas, los uribistas se pusieron a buscar el mejor acomodo en el nuevo orden. A sacar partido de la popularidad de Uribe. Empezaron a negociar una Constituyente con las FARC, pero como ya no eran defensores de la ley ni eran nada, esa nueva constitución quedó en nada. Es normal que los terroristas los desprecien.

Hay que pensar que como congresistas ganan sueldos fabulosos y tienen poder, y si le hicieran oposición al régimen los encarcelarían, como ya hicieron con Ramos y Arias y muchos otros. Pero mucha gente que no tiene ni prebendas ni riesgos los justifica: dicen que si aplauden la paz es por estrategia, porque si atacan la paz se les echan encima.

Eso recuerda el chiste del tonto que le pide a un adivino que le enseñe su arte. El adivino le pide que se desnude y el tonto le obedece hasta que llega a la última prenda. Entonces le pregunta si lo que busca no será agredirlo sexualmente, y el adivino lo felicita. “Ya está aprendiendo, ya está adivinando”. Eso les pasa a esos colombianos que siguen confiando en Uribe y su partido, no pueden quejarse de que el uribismo los traicionó, porque deberían haberse dado cuenta de lo que significa negociar la ley con los criminales, y nunca se opusieron, convencidos de que bastaba con confiar en su líder para que todo se resolviera. Algún misterio habría por el que se justificaba no oponerse a la negociación, tal como el aprendiz de adivino debería imaginar algún misterio de ese arte que requería que se desnudara.

Colombia va hacia la hambruna y un régimen de terror pero no hay oposición, y los ciudadanos no la echan de menos. La mayoría de la gente no entiende que las instituciones democráticas son necesarias porque se imagina que el mundo se creó perfecto y vinieron los políticos corruptos a complicarlo todo. Pero el nuevo régimen que implantó Santos acaba con esas instituciones. Los jueces estarán sometidos a una nueva autoridad controlada por los terroristas y las leyes que había hasta ahora importan menos que la nueva jurisdicción.

El golpe de Estado de Santos es la implantación de una dictadura como las que sufren Cuba y Venezuela. Eso es evidente desde 2010, pero nunca ha habido ninguna respuesta. Esa dictadura que hundirá a Colombia avanza gracias a la oposición decorativa que representa el viejo caudillo televisivo y los vividores que lo rodean.

El plebiscito convocado por Santos en el que la mayoría de los colombianos votaron NO demostró que el uribismo sencillamente está en el bando de Santos y las FARC. Fueron corriendo a salvar el acuerdo, y hasta presumen de hacerlo. Y al que se le ocurra cuestionarlo lo llaman de extrema derecha.

Veamos este artículo de Rafael Guarín, antiguo viceministro de Defensa y personaje muy próximo a Uribe.

Dice “El mamertazo de Uribe” como un sarcasmo. Guarín cuenta con que los lectores de esa revista de propaganda del narcoterrorismo piensan que lo contrario de un comunista o mamerto es Uribe. Es retórica barata para chantajear al lector, que ya no puede atreverse a pensar algo así.

Eso se llama falacia. Una falacia llamada argumentum ad logicam. Viene a significar que, dado que Uribe no es comunista, no se puede desaprobar lo que hace o dice porque se estaría diciendo que es comunista.

Leamos el primer párrafo.
Álvaro Uribe señaló que el Centro Democrático no iba a “revocar” el Acuerdo de La Habana, sino “ajustarlo”, “corregirlo”, “modificarlo” y enfrentar la amenaza castro-chavista. Inmediatamente cayó en desgracia frente a las facciones de extrema derecha que participaron a su manera en el NO del 2 de octubre.
¿De qué modo se pude llamar extrema derecha a quienes no están de acuerdo con Uribe, que promete no revocar el acuerdo de La Habana? Del modo en que se expresan los columnistas de Semana, como León Valencia, asesino y secuestrador premiado que trabaja legalmente para el ELN cobrando los crímenes de esa banda, o como Antonio Caballero, que lleva promoviendo y legitimando a las guerrillas comunistas desde los años setenta, cuando era una figura de la revista Alternativa, o como María Jimena Duzán, que también lleva décadas haciendo propaganda a los asesinos y a sus socios cubanos y venezolanos, o como Daniel Coronell, un sicario moral ligado a la mafia que cada semana publica calumnias y falacias que sirven a los intereses de los Santos y las guerrillas.

Guarín es un amanuense de Uribe, a tal punto que, como él mismo cuenta, lo llevó a las reuniones en que fueron a representar el NO. Muchos, movidos por un instinto servil, se indignan de que se critique a Uribe, y por eso no se dan cuenta de que cuando Uribe promete no deshacer el engendro de La Habana se pone en el lado del gobierno.

Pero la gente prefiere someterse a las FARC a que le digan que es de extrema derecha. ¿Qué es la extrema derecha? Antes eran los fascistas y nazis que se oponían a las elecciones libres, o los partidarios de los golpes de Estado. Para Uribe y Guarín son los que defienden las elecciones libres y se oponen al golpe de Estado de Santos. Decir que quienes no se hacen socios de los terroristas y apoyan su engendro son de extrema derecha es un insulto con el que se pretenden tapar los hechos. Una persona de izquierda podría tener los mismos motivos para oponerse, pero Uribe y el Centro Democrático no tienen ideología ni valores sino sólo intereses mezquinos. Por eso corrompen el lenguaje hasta que la defensa de la libertad y la democracia sean de extrema derecha.

La base del acuerdo final de La Habana es la legitimación del narcoterrorismo, que resulta equivalente a las instituciones. No se puede modificar ni mejorar porque es el fruto de un golpe de Estado y supone la abolición de la democracia. Proponer mejorarlo es como aconsejarle a un violador la forma más apropiada de llevar a cabo su crimen. Y no revocar un acuerdo que el pueblo rechazó en un plebiscito es desobedecer al soberano: ayudar a acabar con la democracia. Sencillamente, reconocer el acuerdo de La Habana es ponerse del lado de Santos y las FARC.

Las instituciones colombianas ya no cuentan, están sometidas a La Habana. Por encima del Congreso y del poder judicial estará la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación, formada por diez personas, tres del gobierno, tres de las FARC, y una de Venezuela, otra de Cuba, otra de Noruega y otra de Chile. Eso fue lo que se acordó. ¿Qué se va a modificar ahí?

Uribe está en el bando del gobierno y las FARC, y este secretario suyo ya usa la misma retórica de los terroristas. Veamos el siguiente párrafo.
Al final del comunicado, que desató la furia de trastornados extremistas, el senador Uribe afirma que la razón debe primar sobre la pasión. Lo dice, intuyo, porque sabe que dentro del NO hay facciones peligrosamente antidemocráticas que con discursos de consigna, cual estalinistas, pretenden que cualquier diálogo con el Gobierno sobre la paz es una vil traición.
Es la forma de discutir de las FARC. El que cree que la voluntad del pueblo se debe respetar o que los terroristas no deben ser los amos del país es un trastornado extremista apasionado que no atiende a razones.

Pero mucho ojo al resto. ¿Quién es antidemocrático? El que cree que los votos de la gente deben significar algo. Los demócratas como Uribe y Guarín son los que quieren que las FARC gobiernen. ¿O qué significa no revocar el acuerdo final de La Habana?

Eso se llama corrupción del lenguaje. Se cambia el sentido a las palabras para que signifiquen lo contrario. Esa clase de adjetivos parecen propios de Petro o de Iván Cepeda, pero ahí tienen al amanuense de Uribe usándolos para descalificar al que no quiere someterse a los terroristas.

Esas manipulaciones son típicas de los regímenes totalitarios, pero Guarín dice que quien no se somete sigue consignas como los estalinistas. La característica de esta gente es la desfachatez.
Se trata de recalcitrantes que hacen mucho bochinche en redes sociales pero que no representan nada significativo ni en la opinión nacional ni en el Centro Democrático, a juzgar por las encuestas. Si es cierto que Uribe entregó el NO y fue blandito en su defensa, ¿por qué la encuesta de Ecoanalítica registra que el Centro Democrático tiene casi el 27 % de preferencia para la elección presidencial, mientras el Partido Conservador solo el 2,7 %, menos que la UP? Hasta la revista SEMANA reconoció que “Álvaro Uribe sigue siendo uno de los líderes con mayor capacidad de movilización política”. ¿Si fueran ciertos los desafueros que salen de la extrema, los ciudadanos no castigarían a ese partido?
Es muy importante que se entienda lo que significa el uribismo. Los medios tratan de presentar a Uribe como el enemigo de la paz, mientras que él acepta el acuerdo con que se premian los crímenes terroristas. ¿Cómo es que la gente sigue apoyándolo? Porque la propaganda del régimen lo convierte en lo contrario de Santos, cuando realmente es lo mismo. Y porque sus representantes gritan contra el gobierno y contra las FARC y publican esas cosas en las redes sociales, con lo que cometen un engaño al pueblo. Están con las FARC pero hacen creer a la gente otra cosa. Y no hay ningún otro partido, no hay ningún político importante que se oponga a los acuerdos de La Habana porque ninguno quiere estar contra Uribe.

La mayoría de los colombianos sí están contra esos acuerdos. Más cuanto más los conozcan. Si apoyan a Uribe es porque los engañan. Cuando entiendan que Uribe y el Centro Democrático son simplemente socios de Santos y las FARC dejarán de apoyarlos.

Guarín es un verdadero sicario moral. Un ejemplo del talante moral del uribismo.
¿Qué querían estas ilustres damas y rancios caballeros? ¿Que el Centro Democrático se negara a la búsqueda de buena fe y con responsabilidad patriótica de un nuevo Acuerdo que recogiera las críticas hechas desde el NO y que recibieron el apoyo mayoritario en el plebiscito? Como miembro de la Comisión de Voceros del NO puedo testimoniar que todos, sin excepción, incluidos Martha Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez, aprobaron buscar ese nuevo Acuerdo, inclusive, todos reconocieron que había cuestiones del Acuerdo derrotado en las urnas que podían ser aceptadas, otras mejoradas y otras simplemente imposibles de avalar. ¡Que aquí nadie venga a dárselas de puritano!
Como buenos socios del terrorismo, los uribistas mienten sin pudor. Un lector incauto podría pensar que se votaba a favor o en contra de las críticas al acuerdo y que los que querían mejorarlo ganaron. Eso es falso. Es el mismo fraude que cometió Uribe cuando fue a ver qué obtenía traicionando a los que votaron contra el nuevo narcorrégimen. A la gente le preguntaron si aceptaba el acuerdo y a pesar de la propaganda y la intimidación hubo una mayoría que votó no. Guarín dice que ganaron los que decían sí y querían mejorar el acuerdo. Alrededor de Uribe hay muchos personajes de ese estilo, cínicos y deshonestos, idénticos a los que lo acompañaron en su gobierno, como Silva Luján o su compadre Roy Barreras.
El uribismo nunca ha sido de extrema derecha, al punto de que Uribe siempre ha rechazado que se le identifique siquiera con la derecha. El talante de autoridad, la firmeza en el liderazgo, la fortaleza frente a los problemas, la obsesión por la defensa del imperio de la ley y el reclamo de una sociedad ordenada se suelen utilizar, aprovechando la ignorancia, para confundir con la derecha atributos que son los mínimos de cualquier demócrata.
Primero este uribista siembra la idea de que defender las instituciones legítimas y la soberanía del pueblo es de extrema derecha y después sale a decir que el uribismo no es de extrema derecha. Sencillamente, por los motivos que sean, Uribe defiende un acuerdo que es la implantación de la tiranía y el fin de la democracia colombiana. Ya puede ser de izquierda o de derecha o de centro, lo que hacen es ponerse en el lado del gobierno y los terroristas.
A los extremistas les fastidia el origen liberal de Uribe, les mortifica, lo ven sospechoso, casi camuflaje comunista. Están convencidos de que los puros son ellos, mientras Uribe es un aparecido que usurpa un lugar en el pueblo colombiano que les pertenece a ellos. En eso, piensan de la misma forma que Santos. ¿Habrá quien entienda cuál es la forma de pensar de Santos que comparten los que defienden la soberanía del pueblo? Cuando Uribe era el presidente que tenía éxito rescatando al país nadie decía nada de que proviniera del partido liberal.
El único sentido de este párrafo es tratar de extremista a quien no está contento con el acuerdo de La Habana.
Los extremistas están convencidos de que es mejor devolver al terrorismo 7.000 miembros de las FARC que están hoy en zonas veredales de normalización, que buscar su reincorporación a la vida civil. ¡Bastante racionales! Mientras a otros nos parece que se debe garantizar que entreguen las armas, se reintegren a la sociedad, no vuelvan a delinquir, se garantice la no repetición y que la exigencia de justicia y no impunidad se debe mantener con firmeza frente a la cúpula fariana, al igual que la prohibición de participar en política hasta que cumplan penas de reclusión proporcionales a la gravedad de los crímenes perpetrados.
Los uribistas que no son aduladores interesados son ingenuos sentimentales con muy poca comprensión de lectura. Cuando oyen que Uribe y el Centro Democrático están en el bando del gobierno y las FARC se indignan, pero ¿qué entienden al leer ese párrafo? Es lo mismo que decir que Timochenko está mejor en el Congreso que echando bala. ¿Para qué hace falta la ley? En lugar de capturar y castigar a los asesinos, se los premia y así nadie corre más riesgos.

Es algo que hay que entender, porque la gente que no está acostumbrada a leer se deja embaucar por esos argumentos. Lo que el uribista Guarín está haciendo es amenazar a quien no apoye los acuerdos. Si no se someten, los terroristas volverán a matar y será culpa de los extremistas de derecha trastornados y estalinistas.

Es la misma amenaza de los terroristas. Ustedes escogen la paz o la guerra, o son nuestros esclavos o matamos a sus hijos. Ahora Uribe y sus amanuenses contribuyen a la tarea.

Pero además de amenazar, miente. ¿Quién garantiza que los que hay en las zonas conquistadas por los terroristas sean los terroristas de las FARC? Sin duda habrá miles que estarán conquistando otros territorios, como ocurrió cuando Betancur empezó a negociar la paz. ¿Hay alguna lista de miembros de las FARC que alguien controle? Lo más probable es que la mayoría de los miembros de las FARC que sean viejos e instruidos estén haciendo política con mucho dinero en otras regiones, mientras que los jóvenes y rústicos se integran en el ELN. Eso ocurrió con el M-19. Angelino Garzón, pasó de la Unión Patriótica al nuevo partido de Navarro y alias Pablo Catatumbo se pasó a las FARC.

Uribe y sus secuaces reproducen las mentiras de la propaganda del gobierno y los terroristas. Quieren que la gente crea que el proceso de paz es el fin del terrorismo y ha logrado que los asesinos dejen de matar. ¿No fue lo que ocurrió hace 30 años? Después mataron mucho más.
Ese trastornado extremismo considera que la prioridad de Colombia es revocar el Acuerdo de La Habana, sea como sea. Comparto la indignación frente a la imposición brutal del pacto Santos/Timochenko, ese no es el problema. La cuestión es de métodos. Mientras algunos, empezando por Uribe, consideran que lo sensato es ratificar el NO en las elecciones, dando paso a corregir el acuerdo e impedir que se utilice con el fin de instalar el peligroso populismo de izquierda que encarna el proyecto farchavista, otros pretenden desconocer todo, comenzando por la Constitución y las sentencias de la Corte Constitucional.
Guarín comparte la indignación pero sigue a Uribe, que ratifica el NO en las elecciones convirtiéndolo en un SÍ. Es fascinante la desfachatez. Muy curiosa.

-Señorita, ¿se quiere usted casar con mi hijo?

-No.

-Bueno, entonces ratificamos ese NO fijando la fecha de la boda.

Pero ¿qué es lo que hay que corregir del acuerdo? El pueblo lo rechazó. Uribe lo intenta salvar. Lo que le corrija, en el mejor de los casos, es lo que convenga a la salvación de su cuota de poder. Y ni siquiera. ¿Acaso lo que aprobó el Congreso no fue el acuerdo corregido? Es que están en el bando de los sensatos. O sea, de los secuestradores y asesinos y de quienes los premian.
Los extremistas de derecha repiten el mismo discurso con el cual los extremistas de izquierda justificaron décadas de terrorismo, crímenes de lesa humanidad y una colección infinita de atrocidades. Repudian todas las instituciones y pretenden salidas por vías de hecho, es decir, al margen del ordenamiento jurídico. La verdad es que el funcionamiento actual de las ramas del poder público es repudiable, pero la acción política se hace dentro de la Constitución o al margen de ella. La paradoja es que mientras las FARC consiguieron del gobierno de Santos cambiar el orden jurídico y entrar a jugar dentro de él, sean ahora los extremistas de derecha los que pretendan levantar la bandera de la subversión.
Hay que volver a leer porque es un poco injusto decir que el uribismo está hoy en el bando del gobierno de Santos y las FARC. Hasta el gobierno de Santos y las FARC tendrían vergüenza de decir eso. Veamos la primera frase.
Los extremistas de derecha repiten el mismo discurso con el cual los extremistas de izquierda justificaron décadas de terrorismo, crímenes de lesa humanidad y una colección infinita de atrocidades.
De modo que quienes crean que el voto de la mayoría en el plebiscito debe respetarse repiten el mismo discurso con el que se justificaron décadas de crímenes de lesa humanidad. Eso es lo que hace Uribe, exactamente, porque todos los crímenes terroristas tenían por objeto llegar a la paz que él promete no revocar. Pero como otro frente del crimen organizado, el uribismo calumnia a quien no está con su paz. Ahora resulta que es lo mismo oponerse a los asesinos que promoverlos. Lo dice quien aplaude que se los premie.

Las FARC no llegan a tanta desfachatez.

Pero la segunda frase es aún más cínica. Aún más propia de la retórica terrorista.
Repudian todas las instituciones y pretenden salidas por vías de hecho, es decir, al margen del ordenamiento jurídico.
¿De modo que quien cree que el pueblo votó NO en un plebiscito y que por tanto lo que se sometía a votación pierde validez está hablando de vías de hecho y obrando al margen del ordenamiento jurídico? ¿No serán el gobierno y las FARC y los hampones que fueron a representar el NO autonombrándose como los representantes de la mayoría quienes aplican las vías de hecho?

Dicen que los colombianos son por naturaleza serviles, que tienen un gen perruno que heredaron de siglos de esclavitud. Eso se nota sobre todo en los uribistas. Por ejemplo, leen la última frase de este párrafo y no se indignan. No encuentran a quién batirle la cola.

Les indigna que se critique a su amo, pero tranquilamente se tragan esto.
La paradoja es que mientras las FARC consiguieron del gobierno de Santos cambiar el orden jurídico y entrar a jugar dentro de él, sean ahora los extremistas de derecha los que pretendan levantar la bandera de la subversión.
Es decir, el gobierno de Santos fue elegido porque prometía combatir el terrorismo, pero en lugar de eso se dedicó a premiarlo y a cambiar las leyes para favorecer a los terroristas. De modo que las nuevas leyes son las que valen y los que las cuestionan levantan la bandera de la subversión. Es la retórica de las FARC. O quizá no. Algo peor. El grado moral de unos criminales. Eso es el uribismo hoy.

Cualquier tirano impone las leyes que quiera en cuanto tiene el poder, de modo que la ley no tendría más sentido que expresar la voluntad de quien manda. Guarín es licenciado en Derecho, y si llega a una concepción semejante es porque definitivamente redescubrió sus comienzos con Piedad Córdoba. Aunque eso habría avergonzado a Piedad Córdoba.

Por ejemplo, cuando los nazis impusieron las leyes de Núremberg, con sus medidas de higiene racial, los que acosaban a los judíos estaban dentro del ordenamiento jurídico. Los que los defendían estaban en el bando de la subversión. Algo tan cínico y asqueroso es difícil de encontrar en cualquier propaganda. Nadie de las FARC diría algo así.

Y es que Guarín pretende intimidar a quien quiera defender la ley y la democracia acusándolo de ser como los legitimadores de los crímenes terroristas y de obrar de forma subversiva. Y lo que demuestra es que el uribismo hoy no es más que otro frente del crimen organizado.
Nos guste o no, la Constitución es lo que dice la Corte Constitucional que es. ¡Punto! Lección de primer año de derecho. A quienes estamos inconformes con el asalto a las instituciones con la excusa de la paz, nos queda ganar la elecciones, elegir un nuevo presidente, conquistar las mayorías del Congreso y propugnar porque la Corte Constitucional cumpla con el control riguroso que tiene que llevar a cabo en tanto es la guardiana de la Constitución, no del Acuerdo de La Habana. Nuestros instrumentos están en la Constitución, en el derecho a la protesta, en la libertad de expresión, en la carta de derechos de 1991, en las calles.
En este párrafo se esconde una mentira espantosa: Guarín cuenta con que el lector no sabe que el acuerdo final reemplaza a la constitución. Pero, ¿nadie sabe que la Constitución de 1991 fue implantada por el movimiento estudiantil comunista, las mafias de la cocaína aliadas del régimen cubano y las bandas terroristas creadas por el mismo régimen? Uribe tuvo las mayorías y no quiso cambiar la Constitución por una legítima y verdaderamente democrática. La Corte Constitucional surgida del engendro del 91 estaba dominada por personas ligadas al narcoterrorismo, como Carlos Gaviria o Alfredo Beltrán. Su interpretación del texto constitucional siempre sirve a los intereses del régimen cubano, y ciertamente transgrediendo el propio texto. Como cuando reemplazaban al Congreso legislando.

De modo que la Constitución es lo que dice la Corte Constitucional que es. No importa lo que diga el texto. Ésta es la lección de primer año de derecho en Colombia. ¿Para qué hace falta un texto? Basta que la Corte Constitucional diga lo que se debe hacer. Pero tampoco hace falta ninguna ley, porque siempre hay que someterse a las que el poder imponga. Nadie en la verdadera extrema derecha habría sostenido algo tan bárbaro. Sólo en el país de los cínicos serviles pueden publicarse cosas así.

La Corte Constitucional colombiana es desde su creación una banda criminal que desde luego no sigue la letra de la carta sino que la interpreta para que sirva a la industria de la cocaína y a las bandas terroristas.
Atacar a Uribe porque antepone la razón a la pasión, el bien común al odio que mueve a los sectarios, es simple insensatez. Que lo hagan desocupados y libelistas de oficio, vaya y venga, pero que puedan participar en tamaño despropósito individuos que han ocupado altas responsabilidades públicas, resulta peligroso.
Feriar la voluntad popular y aliarse con los terroristas se convierte en la jerga de este cínico en anteponer la razón a la pasión y el bien común al odio. En ningún otro país las discusiones tendrían ese nivel. Como quien dijera “Yo soy el bueno y el razonable y quien me contradiga es un malvado y un idiota”. Es el nivel de un patio de prisión, y el único sentido de esa lógica es la intimidación. Es lo que hace Guarín: transmitir la intimidación del narcoterrorismo en que se basa el acuerdo de paz. O se premia a los que mandan niños bomba o siguen matando. La pura renuncia a la ley, o sea, a la subversión, porque ahora la ley es lo que deciden los asesinos.
Los extremistas son iguales. Nada más parecido a un fariano que un extremista de derecha, aunque, hay que reconocerlo, hay algunos que hacen ver hasta moderado y flojo al camarada Santrich. ¡Increíble! Uribe graduado de mamerto por la extrema, mientras la izquierda lo califica de extrema derecha.
Este prócer no se ahorra ninguna fantasía: el que no quiere premiar a los asesinos es peor que Santrich. ¿Lo dice o no lo dice? El que cree que los criminales no deben lavar las fortunas obtenidas secuestrando niños es peor que el que secuestra niños. ¿Lo dice o no? Esa idea de que cualquier insumisión frente al dominio de los terroristas es peor que el terrorismo es la típica retórica de las FARC, aunque aplicada de ese modo les daría vergüenza a los propios terroristas.
Frente a los extremistas procede el aislamiento. Un extremista no entiende argumentos, la racionalidad no tiene espacio, sólo el exceso y el dogma que creen le ha sido revelado. A esos individuos hay que dejarlos al margen, que ladren y se muerdan entre sí, pero lejos. Los colombianos repudiamos a los extremos. Nadie quiere votar por un Timochenko o un Márquez de izquierda, tampoco por uno de extrema derecha.
El que no es aliado de las FARC y no quiere que se las premie y pide que se respete la voluntad popular no entiende de razones. La racionalidad es lo que dice Guarín. La opinión contraria es el dogma revelado. Es un nivel de argumentación que produce un cierto alivio: afortunadamente quienes van a mandar son las FARC y no estos malhechores, más toscos y siniestros. Más descarados y ominosos.

Pero es mucho mejor el sentido pleno del párrafo: a un lado están los sensatos que no quieren revocar el acuerdo final, al otro los extremistas de derecha que quieren desconocerlo. ¿Dónde está el uribismo? En el bando de la mayoría, naturalmente, con Santos y Samper y el Partido Liberal del que procede Uribe. Ah, casualmente es el bando de las FARC, que obviamente están por el acuerdo.

A los extremistas que no quieren la paz propone aislarlos, pero después los encarcelarán y los matarán. Ellos aplaudirán.

Los que viven despotricando de Santos y las FARC pero halagan a Uribe no son mejores que Guarín. ¿No habrá leído Uribe esta perla de su amanuense? ¿Cómo es que no dice nada sobre ella? Lo más seguro es que la encargó, y en todo caso que representa su opinión y la de su partido. ¿O alguno de los congresistas del Centro Democrático o de los columnistas que le hacen propaganda han dicho algo de semejante obra? Como mucho hacen creer otra cosa para que la gente ingenua siga creyendo en un grupo que sólo es otro frente del crimen organizado. Que descalifica como el más sectario terrorista y amenaza con los mismos argumentos del atraco de la llamada paz.

Los colombianos que no están de parte de los terroristas llevan 17 años unidos alrededor de Uribe. Esa unidad ha servido para que Colombia sea la nueva colonia cubana y vaya camino de la hambruna, como Venezuela. Ya es hora de que todo el que sigue a Uribe entienda que está en el bando del régimen.

(Publicado en el blog País Bizarro el 15 de junio de 2017.)