viernes, julio 14, 2017

La ilusión de un porvenir


Ilusión
Esta palabra se usa en sentido metafórico con el sentido de "anhelo" ("Esperamos con ilusión tu regreso") pero en rigor quiere decir "engaño" (lo que hace el ilusionista y consumen los ilusos). Para esta acepción se usa más "espejismo", que es otra metáfora, pues en rigor el espejismo es la ilusión de ver por encima de la línea de horizonte lo que debería verse por debajo. El entusiasmo con que ha sido acogida la aspiración de Rafael Nieto Loaiza a ser candidato presidencial del CD corresponde a ambas acepciones, es un anhelo engañoso que no resultará en nada. Las ganas son más fuertes que la evaluación objetiva, y no puedo dejar de recordar que todavía a finales de 2012, mucho después de la persecución de la fiscal Morales (nombrada gracias a la violación de la ley por parte de Santos y la Corte Suprema de Justicia) contra Andrés Felipe Arias, los uribistas seguían diciendo "La U es de Uribe". ¡Qué grato pensar que no se han impuesto los terroristas con la complicidad de Uribe y su séquito, sino que ahora Uribe se enmienda y apoya a un candidato que endereza las cosas! Hay momentos en los que el entusiasmo debe hacer frente al riesgo del ridículo.

Derecha
Lo que ocurre en Colombia con el gobierno de Santos y sus socios narcoterroristas es la abierta abolición de la democracia, la violación de la ley y de los más elementales derechos humanos, la negación de toda justicia y la mayor amenaza a la libertad. Las clientelas de la industria del secuestro lo presentan como la superación del conflicto y la consecución de la ansiada paz, cosa que asocian con su discurso de "izquierda", pero los descontentos no pueden ver que se trata simplemente de una conjura criminal sino que se proclaman de derecha y atribuyen todas las atrocidades a la ideología de izquierda, todo porque, como explicaba hace poco, no tienen un problema con el uso de niños bomba sino con el mundo moderno: el reclutamiento de niños soldado les parece algo casi tan malo como cuando un hombre fornica con otro o como cuando se ponen a fumar marihuana. Son todo cosas de la izquierda. Si esa monstruosidad de "la paz" no es impopular fuera de Colombia es simplemente porque en Colombia no tiene resistencia, al menos una resistencia real basada en la ley y la democracia. Por el contrario, los antagonistas del narcorrégimen son los que cuestionan los derechos humanos (y también cuestionarían la libertad y la justicia y la democracia y la ley si no fueran palabras interpretables hasta significar cualquier cosa, como significan cualquier cosa para los de la "izquierda"). 

Coherencia
Ilusionados con el nuevo precandidato están los de derecha (que al describirse así legitiman al hampa, que resulta como el otro lado de las cosas, y a los ojos de los jóvenes o de la gente de otros países sale legitimada porque no se asocia con atrocidades y despojos sino con ideales de igualdad y comunión de origen cristiano). Se les olvida que Uribe fue a vender el NO del plebiscito, y es que si se encontraran en otro bando estarían desesperados, aislados e inanes, y así prefieren engañarse que hacer frente a la realidad. Parece un chiste reprocharle a Nieto Loaiza que no aludiera en su discurso en la convención a la anulación del acuerdo en el plebiscito sino a la consabida "mejora", como si las candidaturas del CD no dependieran de la aprobación de Uribe, que fue el que salvó el acuerdo (como aseguró en el Senado, lo que se puede ver en un video ampliamente difundido). Es como si alguien va a la casa del usurero a pedirle prestado dinero y lo primero que hace es tratarlo de canalla y ladrón.

Semblanza
Un hipócrita que pretendiera ganar el favor de Uribe fingiendo aceptar el acuerdo de La Habana pero deseando abolirlo sería en gran medida comprensible: tal como entienden los de derecha, no hay ninguna opción de ganar las elecciones en 2018 sin Uribe, de modo que esa ligereza sería forzosa. Pero ése no es el caso de Nieto Loaiza. Es que de ninguna manera puede representar el rechazo al acuerdo de La Habana ¡PORQUE NUNCA SE HA OPUESTO A PREMIAR A LAS FARC! Insisto, dice Borges de algún contradictor que "tenemos que dudar de su inteligencia para creer en su honestidad", en este caso, de nuevo, hay que dudar de ambas. Yo no puedo distinguir las razones de este Rafael de las del otro ex viceministro uribista, Guarín. Los invito a prestar atención a este artículo de 2012.

Se trata de aconsejar al gobierno sobre aquello que lo perjudica en su imagen y los "errores" que está cometiendo. Una serie de "críticas constructivas" en medio de la más infame persecución y propaganda terrorista. El que crea que agosto de 2012 es una fecha muy remota para saber lo que Santos andaba haciendo, debería ver este video de junio de 2011 o mejor todavía, leer este artículo de febrero del mismo año. El artículo termina con una perla que retrata enterito al nuevo líder:
Al país no le conviene que a Santos le vaya mal. A nadie, salvo a los criminales, les conviene que a Santos le vaya mal. Pero con un año difícil por delante, el escenario no es alentador. Y si en la Casa de Nariño siguen creyendo que la cosa es solo problema de comunicaciones, teniendo como tienen todos los medios nacionales a su servicio, el totazo de las encuestas dentro de un año será, ahí sí, demoledor.
Claro, en el país de la mala fe todos dirán que el que "a Santos le vaya mal" se debe entender como que su presidencia fuera benéfica para el país y demás. Pero eso requeriría pensar que Nieto Loaiza no se daba cuenta de que el plan de Santos era llevar al poder a los terroristas, para lo cual haría falta ser un idiota. ¿A qué criminales les podría convenir que a Santos le fuera mal? A los de las FARC, naturalmente. Peores que un ex funcionario servil que aconseja al gobierno para que lo tengan en cuenta para nombramientos (como el de abogado del país en un litigio internacional) son los que niegan las evidencias en aras de quién sabe qué agendas ocultas.

Esto es de noviembre de 2015, con reproches más acentuados a las actuaciones de Santos (que incluyen la mentira de que el tartamudo fatídico ganó en 2014 por acusar a sus contradictores de ser "enemigos de la paz", como si éstos en algún momento hubieran cuestionado mínimamente el premio del crimen. Santos no ganó porque nadie le creyera a su paz, sino porque era imposible creerle a un imitador más torpe, más feo y más provinciano). Naturalmente, en ningún momento se dice que las leyes no se pueden negociar con los criminales, y la coda es elocuente:
Sin embargo, señor Santos, no sobra que recuerde que “para la firmeza y sostenibilidad de los acuerdos” es indispensable una aprobación popular verdaderamente mayoritaria. Sin ella, repito, los acuerdos no valdrán ni el papel en que están escritos.
De donde se infiere que en caso de haber tenido éxito la propaganda del narcorrégimen la componenda cuya base es la legitimación de los crímenes terroristas sería lícita. Como si mañana un candidato propusiera matar a todos los negros, o a todos los judíos, y recibiera una aprobación mayoritaria. Los acuerdos no valen nada (no fueron aprobados) y ahí están vigentes gracias a que Uribe acudió a salvarlos. Lo que hace falta es quien los describa como crímenes, como la madre de todas las atrocidades terroristas (el fin para el que se cometieron) y como el logro de un plan perverso del propio Santos y su clan. Eso no se puede hacer con el uribismo.

El artículo tiene, eso sí, el mérito de señalar cuál era el objetivo de las componendas del uribismo con Álvaro Leyva y la Constituyente acordada con las FARC (con delegados de "organizaciones sociales", exactamente igual que en el actual proyecto de Maduro, como anunciaba y aprobaba Juan Lozano en un escrito que Uribe divulgaba).
[Santos] Tenía las opciones del referendo y de la constituyente. La constituyente la descartó por tres razones: la primera, porque cree que es una caja de Pandora y que aunque la Constitución del 91 reconoce la posibilidad de hacer asamblea “constitucionales”, es decir, con temario limitado, después de instituida la asamblea se proclame constituyente, como la del 91, y no haya quien la ataje. La segunda, porque teme que sus aliados no ganen y que sus críticos obtengan una mayoría y, en consecuencia, cuestionen, condicionen y modifiquen los acuerdos que se alcancen con las Farc. Por último, que esa constituyente le abra la puerta a la reelección de Uribe, la peor pesadilla de Santos.
Ya lo saben: la ley, la democracia, la justicia, la libertad y los derechos humanos de las personas son cuestiones que nos interesan a cuatro pendejos. Lo que mueve la actuación de Uribe y sus decisiones sobre la paz, incluida esa maravilla de vender el voto del NO en el plebiscito porque lo considera suyo, es el "bien supremo" de Uribe (como lo llama Fernando Vallejo), el retorno a la presidencia. A nadie le molesta, todos son uribistas y muchos apoyan a un amigo de la paz que le deseaba suerte a Santos, lo cual es perfectamente normal porque ante todo odian a esos libertinos de la izquierda y no tienen otro horizonte que un presidente afín, como ocurrió en 2002 y 2006, con el resultado que conocemos.

Colombia sólo necesita asimilarse al mundo moderno. No lo conseguirá mientras no se superen las mañas, mientras parezca tan importante el presidente del próximo periodo sin importar que sus designios sean peores que los del régimen (como la universidad para todos que Zuluaga y sus compañeros definían como "revolución educativa"). No les servirá de nada, ni Uribe volverá a la presidencia ni su candidato pasará a la segunda vuelta. Haría falta que representaran algo distinto. Incluso creo que un candidato verdaderamente atractivo para las mayorías sería un rival odioso para el Gran Colombiano porque podría hacer daño a su aspiración, que de todos modos mantiene viva en espera de que la ley de la entropía genere una situación tan desesperada que sus antiguos compañeros del "liberalismo" y el PSUN lo llamen (como esperaba en 2011 demostrar que los votos eran suyos y Santos lo necesitaría para ganar elecciones).

Respecto a Nieto Loaiza y su Gran Alianza Republicana ya publiqué una entrada de este blog hace unas semanas. También recomiendo leer esta perla sobre Sigifredo López.

(Publicado en el blog País Bizarro el 7 de mayo de 2017.)

viernes, junio 30, 2017

El ministro ateo y el techo de los devotos


El mes más cruel
Supongo que todo el mundo habrá oído alguna vez el primer verso de La tierra baldía: "Abril es el mes más cruel". En Venezuela está resultando particularmente sangriento, a tal punto que el siniestro Juan Manuel Santos tuvo que desmarcarse del apoyo a Maduro, lo que ocasionó nuevas denuncias sobre la infamia de "la paz". Entre tanto, en Colombia avanza la campaña contra la corrupción que ya es el tema central del narcorrégimen, con anuncios de televisión firmados por los genocidas de las FARC y campañas como el foro de Semana basado en una mentira monstruosa ("Corrupción en Colombia; la peor forma de violencia", con el que se excusan las masacres y los niños bomba, que no parecen tan graves como los contratos que recibe Semana por hacer propaganda del premio de esos actos). La relación entre ambos hechos es evidente porque el dueño de Semana es el hijo del promotor del Partido Comunista y el director es el hijo del virrey cubano y jefe de las FARC. Pero llevan mucho tiempo "machacando" el concepto, de ahí que el enternecedor íncubo Claudia López haya estado promoviendo su referendo contra la corrupción. Tras el foro, la campaña en televisión, decidieron los estrategas del G2 cubano.

El país de los enemigos de la corrupción

Sobre lo perversa y en definitiva criminal que es la propaganda anticorrupción en un país en el que se han cometido cientos de miles de asesinatos y decenas de miles de secuestros en pocas décadas ya publiqué la semana pasada una entrada de este blog que no ha tenido la menor repercusión: todo lo que exija pensar e ir un poquito más allá del eructo sentimental es exigirles demasiado a los colombianos, como quien formara un coro de micos y esperara obtener un unísono perfecto. Ahí tienen, con el mayor descaro, a los traficantes de cocaína despertando la indignación por algo que en definitiva no cabe de ninguna manera en la categoría de "corrupción" como el programa Agro Ingreso Seguro (las corruptelas que se registraron fueron minoritarias, no tenían relación con la creación del programa y se pudieron resarcir). Pero no sólo eso: el abanderado natural de la lucha contra la corrupción es el gobierno que la ha multiplicado, con el que aumentó exponencialmente la producción de cocaína y el despilfarro en propaganda. Y también la revista que más se ha beneficiado de ese despilfarro, obviamente: la corrupción siempre son los otros y no hay corrupto que no quiera remediarla. Cada vez más, en cuanto oigo a alguien despotricar de la corrupción lo incluyo entre los idiotas o entre los canallas, y a menudo cabe en ambas categorías.

Mamarrachos

Como se trata de una causa noble no podían faltar los precandidatos presidenciales del uribismo, que cada día se hace más evidente como adorno grotesco del narcorrégimen. También el eructo sentimental de sus hinchas ayuda a reforzar a los terroristas enemigos de la corrupción; sin ir más lejos, la marcha del 1 de abril tenía por tema la corrupción, que siempre son los otros, que en definitiva son todos porque los impulsos irracionales de envidia y devoción fanática devoran todo concepto, con lo que el adjetivo insultante ("no chévere") se le adjudica a cualquiera que sea del otro bando. Allá estaba Duque, que también atribuye los crímenes al "conflicto", compitiendo con Trujillo, que ha alcanzado la proeza de demostrar que se puede ser más despreciable que Duque. ¡No van a dejar de estar contra la corrupción ni de participar en un foro contra la corrupción".

El corrupto paradigmático
La corrupción se encarna en la propaganda de los cibersicarios que obedecen al gobierno y a las FARC (son lo mismo) en el ex procurador Alejandro Ordóñez, al que el Consejo de Estado anuló su nombramiento por irregularidades en su reelección, irregularidades que consisten en que aquella se basó en las componendas con que se deciden regularmente los nombramientos importantes (como el del nuevo procurador, prócer que "tiene su historia" en el ámbito de las complicidades con el narcotráfico, por no hablar de su legitimidad como vigilante de los funcionarios, y que obtuvo el voto de los uribistas, cómica "oposición" conveniente al narcorrégimen). Colombia es la tierra del diccionario inverso, no hay que sorprenderse, por eso la peor hampa hace campaña contra la corrupción y hay quien la tolera, cosa que se explica porque en definitiva la inmoralidad y el crimen tienen su sede en el interior de cada persona. Es que esos términos confusos favorecen el engaño y el "lavado de cerebro", el que quiera mirar un mapa de la corrupción en el mundo verá en primer lugar a los países del narcoimperio cubano junto con los Estados fallidos de Asia y África, pero los criminales siempre encontrarán a ignorantes y envidiosos a los cuales soliviantar.

El ministro ateo

El sambenito de "corrupto" que le ponen los sicarios de las redes sociales y los medios a quienes les manden, le corresponde a Ordóñez, pero su notoriedad reciente proviene de otro hecho. En un programa de televisión el ministro de Salud se declaró ateo y atacó a Ordóñez por actuaciones hostiles de motivación ideológica cuando era procurador, lo que dio lugar a esta respuesta.
En el contexto de la discusión la cuestión es más sutil que como aparece a primera vista: que los ministros deben ser nombrados según su afiliación religiosa. La crítica real de Ordóñez tiene mucho fundamento, dado que la agenda del gobierno es la de la izquierda y un buen ejemplo de eso es la promoción de la grotesca "ideología de género" que despertó resistencias que ciertamente influyeron en el resultado del plebiscito. Pero la identificación del ateísmo con la adhesión al aborto, la eutanasia y la ideología de género es una operación sectaria típica: así razonan los comunistas, para quienes todo el que no se les somete es "fascista". Todas esas cuestiones admiten mucha discusión, pero una actuación política centrada en ellas pasa por alto la tragedia que ha vivido Colombia y termina favoreciendo al bando narcoterrorista.

Guerra cultural

Ese terreno de la guerra cultural entre conservadores y modernizadores es el que buscan los terroristas porque les conviene: a toda costa buscan que se olviden los secuestros y las masacres, no faltaría más sino que les incomode que les regalen la bandera del "partido del recreo" (ver al respecto otras entradas relacionadas: 123). Desde 1930 los conservadores sólo han ganado elecciones por la división liberal (1946), en medio del caos y al mando del Estado (1950), por un acuerdo que excluía la competencia (Frente Nacional), de nuevo por la división liberal (1982) y como parte de un acuerdo que incluía a muchos liberales (1998). Ahora además los afines al partido liberal, ya abiertamente una agencia narcoterrorista, cuentan con décadas de adoctrinamiento y con el probable voto de todos los que se verían amenazados por un gobierno intolerante: homosexuales, consumidores de marihuana, mujeres que abortan, etc. Incluso los de otras denominaciones religiosas, ahora muy numerosos, podrían votar en contra de un candidato de apariencia sectaria. Ningún país americano cuenta con un gobierno elegido con banderas confesionales desde hace mucho tiempo.

Dios mío, ¿por qué?

En las entradas de este blog que enlacé arriba ya señalé que el problema de los conservadores no es el terrorismo ni el sometimiento del país a bandas criminales sino el mundo moderno. A eso se suma que comparten con sus adversarios el mismo país y a menudo la parentela: se informan por los mismos canales de televisión o emisoras de radio o periódicos y conviven con personas que reproducen la ideología del narcorrégimen sin darse cuenta. De ahí que el libertinaje y la corrupción de las costumbres de este "pornosiglo" les preocupen más que los asesinatos de soldados y policías, que los medios ocultaban y que ya están olvidados, así como los secuestros y las demás atrocidades. Tal como el ateísmo les parece equivalente a la promoción del aborto, también los crímenes terroristas son el resultado de la ausencia de fe, cosa que resulta de veras fascinante si se comparan los índices de criminalidad entre Colombia y Europa, donde los practicantes de confesiones cristianas son una minoría ínfima. Mucho más razonable sería la portada del Charlie Hebdo que hace culpable a Dios (en realidad, réplica al hediondo Bergoglio, que justificaba la masacre por las blasfemias de la revista). Por eso la singularidad de Colombia y de su situación actual les resulta invisible, todo es el avance del libertinaje y el ateísmo.

El hombre del glifosato

En mi opinión, la denuncia de lo que en realidad significa "la paz" y el conjunto de actuaciones del gobierno Santos podrían convocar a una mayoría de colombianos, pero para eso tiene que haber alguien dispuesto a hacerlo, no va a ser el uribismo cuyos precandidatos culpan al "conflicto" y proponen "modificaciones" al acuerdo de La Habana. La URGENCIA de deslindar campos con esa gente por parte de quien quiera enfrentarse al narcorrégimen es algo que nadie quiere ver, a TODOS les parece que hay que salvar la unidad, aunque esa unidad termina siendo un sumidero que arrastra todo el descontento a la sumisión al narcorrégimen. Si se pensara en esa denuncia, el ministro Gaviria podría ser descrito como un prevaricador que promueve el lavado de activos (en cuanto miembro del gobierno mafioso) y la multiplicación de la producción de cocaína. Las excusas ambientalistas sobre la prohibición del uso de glifosato no son respaldadas por ninguna autoridad científica, mientras que el daño de los agroquímicos que usan los criminales en los cultivos se pasa por alto en la infame retórica del régimen. Pero ese asunto no afecta a la reputación de Gaviria ni del gobierno. El propio Ordóñez parece más interesado en defender la familia y los valores cristianos que en combatir los acuerdos de La Habana, toda vez que no quiere quedar huérfano de la coalición con el uribismo, que apoya esos acuerdos.

El techo de la "godarria"

Para concluir tengo que hacer hincapié en algo que señalé antes. Es innegable que los "motivos" de la propaganda conservadora tienen público en Colombia, pero también que esos apoyos no bastarían para ganar una segunda vuelta presidencial. La percepción de sectarismo en el discurso del ex procurador puede hacerle un daño tremendo y hacer que sus únicos partidarios sean los que ya lo apoyarían de todos modos, mientras que el "caladero de votos" (como dicen en España) de los que pueden ser homosexuales o consumidores de marihuana o libertinos o ateos o gentes de cualquier otra corriente ideológica, que podrían oponerse al narcorrégimen, se queda sin explotar o mejor dicho, se les deja a los narcoterroristas porque el dilema que se plantea no es entre la tiranía cubana y la democracia liberal sino entre la reserva moral del pasado (con cuestionamientos a los derechos humanos incluidos) y el desorden moderno. Con esa polémica el precandidato Ordóñez se ha alejado, quién sabe si fatalmente, de llegar a una segunda vuelta presidencial.

(Publicado en el blog País Bizarro el 23 de abril de 2017.)

jueves, junio 22, 2017

La pesadilla de la corrupción


La llamada corrupción política es uno de los temas más interesantes de cuantos pueda encontrar un observador, pero no porque importe tanto lo que se roban los políticos o funcionarios sino porque nada es más podrido y deshonesto que la propaganda política que usa ese concepto como tema principal, y no hay sociedad más condenada al fracaso que aquella cuyos ciudadanos creen que el origen de sus problemas son las tropelías de esos políticos o funcionarios.

Antes de seguir debo señalar que sobre ese mismo asunto ya escribí algunas entradas hace muchos años (123). Ha pasado más de una década y es como si las hubiera escrito ayer.

¿Qué es corrupción?
Cuando los uribistas cambiaron el sentido de la marcha que convocó el ex procurador Ordóñez contra el acuerdo de La Habana para convertirla en marcha contra la corrupción aparecieron en las redes sociales miles de indignados. ¿Cómo podían Uribe y su gobierno convocar marchas contra la corrupción? La corrupción para las víctimas de la "educación" colombiana es Uribe. Es una corrupción que los indigna hasta sacarlos de sus casillas. ¿Acaso no está condenado Arias? Esas certezas son el fruto de un proceso terrible de idiotización, pero el caso es que en todos los gobiernos hay corrupción. Y ciertamente las corruptelas se multiplicaron con el gobierno de Santos, pero todo eso no es nada importante al lado de "la paz", que es la madre de todos los crímenes.

Lo más probable es que en Colombia todos los contratos que haga el Estado cuenten con comisiones ilícitas para los funcionarios, y del mismo modo habrá otras modalidades de robo. Pero por una parte, siempre hay mecanismos que permiten robar sin que sea posible demostrar el delito, y por la otra hay actuaciones que son inmorales y lesivas para los ciudadanos sin que haya delito ni se considere corrupción. La doble pensión de los maestros (que hasta hace poco cobraban la pensión mientras seguían trabajando y cobrando un sueldo, y quizá lo hagan todavía), y miles de tropelías semejantes, constituyen un despojo a los demás que no se considera delito ni corrupción pero que sustrae mucho más dinero que las comisiones y peculados. Eso sí, no son noticia en los medios, que siempre encuentran algún halago que proveer a los descontentos buscando favorecer a alguna bandería.

Un Leitmotiv incesante de los que claman contra la corrupción es el sufrimiento que generan los corruptos en forma de ausencia de servicios públicos, de educación, atención sanitaria, etc. Tras ese discurso se oculta la idea de que esos servicios son algo que los demás deben proporcionar y no que la gente debería costearse con su trabajo. Las posibilidades efectivas de pagar esos gastos por parte del Estado siempre son relativas, pero gracias al odio a los corruptos se hacen infinitas, tal como la provisión de recursos. Nunca he encontrado a un solo indignado contra la corrupción que tenga el menor interés en entender algo de economía o administración pública. ¿Para qué? Si llega a entender algo empieza a parecerse a los corruptos y va a alejarse de la masa de personas admirables que son las que no saben nada de esas materias y creen que el dinero del Estado es infinito pero aun así no alcanza para nada porque TODO se lo roban los corruptos.

La ideología tercermundista se basa en los aspectos más sombríos de la moral judeocristiana: esa que encuentra culpa en todo esplendor, con lo que cualquiera que prospere resulta sospechoso y aun condenable, más si se paga los lujos que los demás no pueden pagarse. La mayoría de los que echan espumarajos por la corrupción consideran que Amancio Ortega es sencillamente un criminal, y para eso no vacilarán en encontrarle culpas, por absurdas que sean. Sería difícil distinguir entre ese odio espontáneo de los perdedores y malogrados y el rechazo de las maquinaciones de los corruptos.

En cambio, los programas por los que se provee vivienda gratis a algunos no se consideran corrupción, siendo un desmán tan odioso y empobrecedor para el conjunto como cualquier otro robo. ¿Quiénes son los beneficiarios de esas casas? ¿Son acaso los únicos pobres o los únicos que no tienen vivienda? ¿No es atroz que muchos otros vivan en condiciones peores debido a que una parte de los recursos se van a darles viviendas a las clientelas de los políticos? No hay modo de que lo quieran entender, y es que la corrupción política mesurable y conocida se da como simple sombra del estado moral de la comunidad. Los que aplauden las casas gratis, la mayoría de los colombianos, no quieren entender que se trata del uso de dinero de todos en unos particulares, en provecho del político que se gasta así el dinero de todos. La ignorancia se suma al anhelo de buena conciencia y un desafuero resulta ejemplo de bondad. Y mientras tanto se mantienen atrocidades como la parafiscalidad y el 4 X 1000, puesto que a nadie se le ocurre que eso deba cambiar para que Colombia se parezca a los países civilizados. ¡Ningún enemigo de la corrupción quiere quitarles dinero a los políticos!

Es inevitable insistir en ese aspecto de la corrupción como sombra de la moral de la sociedad. Cuando yo era niño ocurrieron dos circunstancias en que informaciones del periódico aparecían en pesadillas asociadas a la fiebre. Uno era una foto de un parqueadero en alguna ciudad italiana, en el que los vehículos no podían moverse porque siempre estaban rodeados de otros vehículos. Esa pesadilla es hoy la vida cotidiana para millones de bogotanos, que increíblemente se han acostumbrado. La otra imagen era la de una ciudad en la que había saqueos: gente sacando los televisores y los jamones de las tiendas. El nivel de la corrupción política es equivalente al nivel de desorden en todos los ámbitos, y a la disposición a disponer de los bienes ajenos en cuanto sea posible. El peculado es el saqueo de unos pocos de una tienda cuyos dueños son muchos y viven distraídos en espera de la ocasión de robar a los demás. A más gente dispuesta a robar en las tiendas en cuanto haya algún desorden, más delitos de los funcionarios.

¿Quién es corrupto?

Las sociedades humanas se rigen por leyes, por normas escritas que determinan lo que se puede y no se puede hacer. El grado de atraso, de miseria, de desorden y hasta de sufrimiento de una sociedad es inversamente proporcional al grado de aplicación y precisión de las leyes.

Todo lo que podemos decir de Colombia tiene que ver con el fracaso de la ley. La paz es el triunfo de los transgresores, los códigos y contratos no importan ante la libre interpretación de los jueces de los "derechos fundamentales", ante un impedimento legal (como la prohibición de la reelección) se piensa en cambiar las leyes, y aun el ilustre uribista Rafael Guarín considera que la ley es lo aprobado por el gobierno y las FARC.

Pero más que las propias leyes y su sentido importa la actitud de los ciudadanos ante ellas. En estadios primitivos los hombres no entienden el valor de su libertad y sólo se mueven por intereses inmediatos, pasiones, estímulos primarios... Eso es lo que ocurre en Colombia y lo que determina que prácticamente todos los funcionarios y políticos piensen en robar o en sacar provecho personal de su condición. No es un vicio que adquieren los de un partido u otro, bajo un gobierno u otro, sino lo que hacen todos los que pueden. Los demás no son menos "corruptos" sino simplemente tienen menos oportunidades de serlo. Y no sufren por un despojo que no entienden, sino porque los demás disfrutan de lujos que ellos no pueden permitirse.

De modo que tanto la corrupción como la ley son para la mayoría nociones borrosas que acomodan a cualquier interpretación, y eso mismo pasa con los corruptos. ¿Quién es corrupto? Debería serlo el que ha cometido un delito demostrado. Un principio de la ley es que nadie es culpable mientras no se demuestre lo contrario. Pues esa "presunción de inocencia", que acompaña a la ley penal, se transgrede sencillamente porque a algún grupo de poder le conviene soliviantar a la chusma contra alguien que incomoda, y porque la chusma necesita vengarse de su condición en el primer chivo expiatorio que encuentra.

La ley se basa en la precisión del lenguaje, la indignación contra los corruptos precisamente en lo contrario, en sospechas y rumores y en nociones vagas que lo mismo sirven para odiar al que usa corbata que al que gana dinero (por ejemplo, por inventar un remedio eficacísimo o por curar a muchas personas trabajando mucho y muy bien).

No hay partidarios de la corrupción, pero todos los políticos asociados al crimen explotan el asunto con la mayor desfachatez. La siniestra Claudia López, asociada a la Corporación Nuevo Arco Iris (o sea, al ELN) y a las maquinaciones criminales de Soros, espera convocar un referéndum contra la corrupción, que sólo será el pretexto de nuevas persecuciones inicuas. ¿Se va a preguntar a los votantes si están a favor o en contra de la corrupción? No me imagino nada más corrupto.

El enriquecimiento ilícito de los políticos y funcionarios no va a cesar porque gentes sin rigor ni respeto por la verdad ni por la ley clamen indignadas y favorezcan a los dueños de los medios y del dinero de la cocaína con el cual comprar "jueces". Ni es el problema sino la sombra del problema, que es el primitivismo, la ausencia de una ciudadanía consciente y seria que valora la verdad y la ley. Ningún criminal y menos ningún "corrupto" puede ser tan despreciable como el que "compra" el mito del conflicto asesino que se resuelve reconciliando a los que encargan los crímenes con quienes los cometen. Contra esa corrupción, una lesión atroz a la condición humana, no hay casi nadie que se rebele.

Esto último, espero aclara los asertos sorprendentes del primer párrafo.

(Publicado en el blog País Bizarro el 26 de abril de 2017.)

jueves, junio 15, 2017

Thomas Mann y la tolerancia


Desde hace mucho tiempo me fascina encontrar citada incluso por gente muy solvente una frase que se atribuye a Thomas Mann. "La tolerancia es un crimen cuando aquello que se tolera es el mal". Incluso es el lema de la bio de Twitter del famosísimo actor James Woods, cuyo coeficiente intelectual ¡de 180! no le alcanza para prestar atención a lo que cita.

Una vez me puse a buscarla porque es una idea rara, tramposa. En alguna parte leí que la idea de tolerancia suponía la aceptación de una porción de mal, por lo que no me parecía muy de Mann. Y descubrí que la frase en cuestión la dice un personaje de La montaña mágica, Ludovico Settembrini, que no es precisamente el vocero de las opiniones de Mann sino alguien en quien el escritor deposita las ideas del liberalismo decimonónico que de algún modo cuestiona y cita con ironía.

Pero si se lee el fragmento la cosa pasa de castaño a oscuro. La ironía resulta particularmente maliciosa y el despropósito de la cita en extremo chocante. (El contexto amplio de la discusión es mucho más interesante, pero también más complicado. Ver páginas 346-348.)

Settembrini es masón y el protagonista de la novela, Hans Castorp, un joven ingeniero alemán, le pregunta:
-Perdone, plantearé la pregunta de otro modo, bajo una forma más general y más sencilla: ¿Creen ustedes en Dios? 
-Le contestaré: ¿Por qué me hace usted esa pregunta? 
-No he querido ahora tentarle, pero hay una historia bíblica en la que alguien tienta al Señor presentándole una moneda romana, y recibe la contestación de que hay que dar al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios. Me parece que esta manera de distinguir nos da la diferencia entre la política y la no política. Si hay un Dios se debe poder hacer esa diferencia. ¿Creen los francmasones en Dios? 
-Me he comprometido a contestarle. Usted habla de una unidad que se hacen esfuerzos para crear, pero que, con gran sentimiento de los lectores de buena voluntad, no existe. Si un día se realiza, y repito que se trabaja con una aplicación silenciosa para esa obra, su confesión religiosa será, sin duda alguna, una sola y estará concebida en los siguientes términos. Ecrasez l'infame!
-¿De un modo obligatorio? ¡Pero eso sería la intolerancia!
-Dudo que usted sea capaz de discutir el problema de la tolerancia, ingeniero. Procure recordar que la tolerancia se convierte en un crimen cuando se tiene tolerancia con el mal. 
-¿Dios es, por lo tanto, el mal? 
-El mal es la metafísica. Sólo sirve para adormecer la actividad que debemos consagrar a la construcción del templo de la sociedad. De esta manera, el Gran Oriente de Francia ha dado, desde hace mucho tiempo, el ejemplo, borrando el nombre de Dios de todos sus actos. Nosotros, los italianos, hemos seguido el ejemplo...
Ecrasez l'infame! "Aplastad a la infame" es la conocida frase de Voltaire contra la Iglesia católica, con lo que la frase no sólo no es de Thomas Mann sino que en el contexto quiere decir algo muy diferente que lo que pretenden decir quienes la citan. El mal que según Settembrini no se debe tolerar es Dios, o la Iglesia.

Ese afán de buscarle límites a la tolerancia parece una obsesión de los conservadores pero en definitiva es una concesión a la corrección política. ¿Por qué no va uno a ser definitivamente intolerante con aquello que no aprueba? ¿Por qué se acepta que haya opiniones prohibidas por la nueva Inquisición? Ahora por todas partes encuentra uno alusiones a la "transfobia" y a la "bifobia" (pronto se inventarán otras) e incluso en España un juez aceptó a trámite una denuncia por "incitación al odio" contra un grupo que pintó en un autobús la leyenda “Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva, que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo",

Los que llevan camisetas del Che Guevara amenazan abiertamente a los odiadores (ningún "homófobo" actual sería tan brutal en eso como el líder comunista argentino) y todos ceden, todos tratan de incluirse entre los tolerantes y sólo ponerle algún límite (como con esa cita absurda de Mann). ¿Por qué no rabiar contra la "transfobifobia"? ¿Por qué resulta tan "normal" que el monstruo no es el que se cambia de sexo sino el que no lo aprueba?

De eso se trata la tolerancia: de la porción de mal que aceptamos, de la disposición del católico a convivir en la misma ciudad con el transexual sin que tenga que aprobarlo. Los inquisidores rabiosos, los mismos que todavía persiguen a los homosexuales o a los consumidores de drogas en Cuba, encontraron en la tolerancia forzosa un nuevo pretexto para oprimir. Y podrían usar la cita de Settembrini con un sentido propio: concibiendo el mal como Dios y como la Iglesia, que son los enemigos que intentan aplastar para implantar la tiranía burocrática.

(Publicado en el blog País Bizarro el 28 de marzo de 2017.)

lunes, mayo 29, 2017

Acerca de la "Gran Alianza Republicana"


Por @ruiz_senior

Queda un año para la campaña de las elecciones presidenciales de 2018 y no hay la menor claridad respecto de las candidaturas, por lo que se conspira y se hacen cábalas en todos los ambientes y con innumerables variaciones. En el sector de la derecha proliferan las voces que llaman a un acuerdo entre el Centro Democrático y grupos conservadores para una candidatura conjunta. Voy a comentar las posibilidades e inconvenientes de esa alianza.

Si se atendiera sólo a la opinión, no se puede negar que hay una mayoría más bien hostil a Santos y a las FARC, por lo que una candidatura rupturista en apariencia tendría ventajas. Pero el régimen tiene el control de los medios de comunicación y hasta de las redes sociales, además de los recursos del clientelismo (como las cien mil casas que regaló Vargas Lleras en algo que en otra parte sería lisa y llanamente peculado, pero que no tuvo resistencia dada la gratitud de los beneficiados, la inconsciencia de los "paganos" y el burdo cinismo de los demás grupos políticos) y aun las actuaciones del poder judicial, que es verdaderamente una gran oficina de sicarios al servicio del régimen cubano y sus tropas locales.

Pero aun pasando por alto esos datos, ¿hasta qué punto es posible esa coalición? Por ejemplo, entre los miembros del Partido Conservador que no están ligados al régimen por condiciones clientelares hay muchos que siguen a Pastrana, que en una ocasión en 2014 aludió al senador del CD José Obdulio Gaviria atribuyéndole relaciones con el tráfico de drogas. Eso por no hablar de la convicción de los uribistas de ser hegemónicos y poder imponer a su candidato, Iván Duque, a cualquiera que quisieran poner los conservadores.

Más interesante es el porqué de esa coalición. La respuesta "para ganar las elecciones y el poder" es muy obvia para los intereses de los políticos, pero así no se aclara lo que tal coalición le podría proponer a los votantes. Y basta con pensar seriamente en eso para ver que esa coalición estaría tan condenada al fracaso como una candidatura solitaria del CD. Sencillamente, la oferta de "centristas" ya es muy variada, con Fajardo y hasta Clara López como "independientes", mientras que por la "derecha" se alza potente la candidatura de Vargas Lleras, con sus formidables clientelas y recursos. Y aun así seguiría teniendo mucha ventaja un candidato del narcoterrorismo, De la Calle, Robledo o hasta el mismo Petro, con las clientelas de "la paz" eufóricas y dinero incontrolable en cantidades tremendas, además de la maquinaria gubernamental.

Voy a comentar un par de párrafos de un artículo reciente que trata del asunto y que firma Rafael Nieto Loaiza.
Esa alianza, que he llamado frente republicano, debe tener como base los partidos, movimientos y grupos que conformaron la coalición del No, pero ampliándose a muchos que votaron Sí pero que están inconformes con este desastre de gobierno y a los millones que se abstuvieron, a quienes hay que ofrecer esperanza y un futuro. 
La segunda labor es construir una plataforma de gobierno que permita al nuevo gobierno hacer de inmediato los cambios políticos, institucionales y normativos indispensables para retomar el rumbo de inversión, generar riqueza, y recuperar la seguridad que se perdió con Santos. Esa plataforma no puede centrarse solo en los desastres del acuerdo remendado con las Farc. Debe atacar los cuatro enemigos: narcotráfico, violencia e inseguridad, pobreza y corrupción. Y construirse sobre cinco pilares que den esperanza a los ciudadanos: defender y recuperar la Constitución y la democracia representativa; construir un país donde todos sean propietarios y eliminemos la pobreza; recuperar la ética y los valores de la familia; luchar contra la corrupción; y proteger el medio ambiente para que el desarrollo sea sustentable.
¿Se entiende? La Gran Alianza Republicana que propone el articulista no pretende excluir a los partidarios del SÍ, sino atraerlos dejando en segundo lugar la cuestión de la negociación. ¿Qué hay implícito en esa propuesta? Lo previsible, no cuestionar el acuerdo final entre el gobierno y las FARC sino acomodarse a él. Sólo hacen falta algunos cambios para "retomar el rumbo", porque el gobierno de Santos cometió algunos errores. Lo demás son esas frases bonitas que coinciden con las buenas intenciones de todos los candidatos, ansiosos de ofrecer esperanza y futuro, luchar contra la corrupción y proteger el medio ambiente.

Nadie se entera, a nadie le parece que eso sea un problema: en su biografía de Cuervo, Fernando Vallejo describe a los colombianos como unas criaturas cuya meta central es la presidencia de la república, "el bien supremo". Ante la posibilidad de ganar la presidencia, ¿qué importa que el poder real lo tengan los cubanos y sus socios oligarcas y terroristas? Ya pasó con la presidencia de Uribe, en que las cortes surgidas de la Constituyente de 1991 impedían gobernar pero a nadie le pareció importante hacerles frente, toda vez que la meta (el bien supremo) la había alcanzado el "pantalonudo" (esa palabra asquerosa describe enterito al país, como si el problema de Chávez o de los Castro fuera la falta de carácter).

De modo que la alianza que propone Nieto Loaiza, y que ciertamente corresponde a la disposición real de los uribistas y conservadores, comporta la renuncia a deshacer la obra de Santos, que sencillamente se reconocerá, aprovechando el "estado de no violencia" que supuestamente ha traído (cualquier intento de contener la expansión del narcotráfico o el control territorial de las FARC-ELN se responderá con mucha más violencia, ahora que además controlan las Fuerzas Armadas). Nadie debe engañarse al respecto, el propio Uribe se jacta de traicionar a la gente que votó NO por rechazar el acuerdo.

Se debe tener en cuenta que el poder terrorista podrá encarcelar y perseguir de muy diversas maneras a quienes intenten alterar el nuevo statu quo. De modo que estos políticos y comentaristas simplemente "se curan en salud" y aspiran a ser subalternos del narcorrégimen, tal como ya lo son los mandos militares y policiales y los congresistas y otros representantes populares. De lo que se trata es de conseguir algunas curules y alguna cuota de poder "representando" a los descontentos.

Pero como tales es imposible que avancen, aunque algún senador seguirán teniendo, y el beneficiado y aquellos a los que nombre estarán en todo caso contentos. Sencillamente, al renunciar a combatir el narcorrégimen y a restaurar la ley se hacen indistinguibles de los demás candidatos, salvo para los nostálgicos y desinformados, los mismos que en 2012 seguían creyendo que Santos era el amigo de Uribe, como les hacían creer comentaristas como el mismo Nieto Loaiza, para el que "a nadie, salvo a los criminales, le conviene que a Santos le vaya mal". Cada vez son menos, y para votar por palabrería contra la corrupción o por el medio ambiente votan por Claudia López o por Robledo.

Ésa es la situación en este momento, hay un consenso entre los líderes acerca de la conveniencia de unificar las campañas del CD y de los conservadores que no están atados al gobierno, y aun en que se debe evitar centrar la campaña en la negociación con las FARC. Sí que se mencionará el asunto, porque habrá quien quiera creer que no están enteramente con el narcorrégimen, pero la esencia de la campaña será el vacío que ya fue la campaña de Zuluaga en 2014. Promesas ridículas y peligrosas, como la de ofrecer universidad para todos o cualquier ocurrencia semejante.

Pero objetivamente el acuerdo final es la implantación de una tiranía que arrastrará a Colombia a la hambruna que ya se conoce en Venezuela, y objetivamente hay amplios sectores de la población que no quieren someterse. Los cálculos de estos socios de Santos y las FARC son que los descontentos tendrán que abstenerse o votar por ellos, y son cálculos justificados por todo lo que ha ocurrido desde 2010.

Y entonces los traidores ya no serán ellos, sino todos los que se dicen enemigos del narcoterrorismo pero no son capaces de apartarse del caudillo que abiertamente trata de salvar el infame acuerdo. Lo único que es claro es que esa suma que proponen simplemente resta, y que el "nicho de mercado" de los millones de colombianos que nos oponemos a la tiranía quedará sin representación. Esta encuesta de Twitter pretende dar una idea, ciertamente vaga, de la inclinación de los usuarios de esa red al respecto.

(Publicado en el blog País Bizarro el 21 de marzo de 2017.)

viernes, mayo 12, 2017

¡Todos a marchar, por lo que sea!

Por @ruiz_senior

Una de las formas características de la mentira es el sobreentendido. Aquello que no hace falta hacer explícito porque ya todos saben, y que después resulta que no se mencionaba para poderlo ocultar. Por ejemplo, durante casi siete años en Twitter miles de personas han criticado la disposición de Santos a negociar con los terroristas, todas suponiendo que Uribe estaría en contra, a lo que contribuían los lloriqueos del expresidente. Había como un consenso, el que no quería premiar a los asesinos estaba con Uribe y el que estaba con Uribe no quería premiar a los asesinos. Los hechos que probaban que Uribe apoyaba la negociación y sólo se planteaba "cómo iba él ahí" se soslayaban porque la aversión a Santos era lo importante, hasta que el compromiso de Uribe con el acuerdo fue directo y claro y entonces resultó que en realidad casi nadie estaba en contra del premio al terrorismo porque eso no les importa, sólo cuenta la pasión de exaltados inconscientes por el líder o la adulación interesada de los lagartos que no se vieron favorecidos por los nombramientos de Santos. 

Esos mismos sobreentendidos pesan sobre las marchas propuestas para el 1 de abril. El senador Iván Duque señala en una columna que
Día a día son más los ciudadanos que manifiestan su inconformidad, indignación y desilusión con la obra del gobierno Santos. En el manejo de la economía, la seguridad, la política social y en casi todos los temas, las encuestas registran el rechazo popular, al igual que precarios niveles de aceptación.
Resultando que la cuestión de "la paz" ni siquiera es de las que hay que mencionar. Más adelante sí la menciona, pero a la manera uribista, interpretando el NO como apoyo a la participación del CD en la mesa de La Habana.
Diremos que refrendar los acuerdos por las mismas mayorías parlamentarias derrotadas en las urnas, fue un desafío a la democracia directa y que no haber permitido modificaciones de fondo a los Acuerdos en La Habana, fue poner los intereses de las Farc por encima de las mayorías.
La negrita es mía: ¿de modo que la gente votó NO en aras de que hubiera "modificaciones de fondo" a los acuerdos? Esto remite a un asunto trascendental, que es la ausencia de representación política de las mayorías, síntoma de la inautenticidad y primitivismo de la democracia colombiana: para todos los políticos es más rentable hacerse socios de los señores de la cocaína que corresponder de algún modo a sus votantes. La negociación de La Habana es un golpe de Estado y una violación flagrante de la ley, los que la bendicen están en el lado de los terroristas. ¿Qué decir de un senador y candidato presidencial que cree que un plebiscito es "democracia directa" y que pone una coma entre el sujeto y el predicado de la frase?

Pero todo lo relacionado con ese prócer me parece secundario, y francamente me produce malestar la oleada de reproches que se le hacen en Twitter. Parece que Zuluaga o Trujillo fueran menos partidarios de premiar el terrorismo, o que Duque de algún modo traicionara a Uribe, cuando la actitud de ambos ante la negociación de La Habana es absolutamente coincidente, como expliqué en la entrada de este blog enlazada arriba.

Queda la impresión de que el uribismo aprovecha la convocatoria de la marcha por parte de Ordóñez para "pescar en río revuelto" y sacar a sus partidarios a la calle contra el mal gobierno y la corrupción y la carestía de la vida, haciendo uso del imaginativo repertorio de la tradición política nacional, no vaya a ser que haya quien vea en ello una actitud peligrosa para la paz. O sea, para el "estado de no violencia", tan difícilmente alcanzado, para usar la jerga uribista.

Pero es que el propio ex procurador publica un video convocando a la marcha en el que no se habla en absoluto de la paz, ni de las FARC, ni de La Habana, ni de la cocaína, sino, previsiblemente, de la corrupción, de la familia y de la patria. ¿Habrá algún acuerdo con Uribe para que el uribismo no se sienta tentado a no participar si la marcha es contra "la paz"? ¿O más bien un cálculo mezquino según el cual es mejor no alejar a los ilusionados con "la paz"? De hecho, el aceptar la adhesión de los uribistas es una renuncia completa de Ordóñez: si quiere ser el candidato del rechazo a los acuerdos, mal hace buscando el apoyo de quienes los apoyan. Si cree que el rechazo a los acuerdos es tan minoritario, ¿en qué basa su aspiración a la presidencia? ¿Será el rechazo a la corrupción, el amor a la patria o la defensa de la familia suficiente causa para formar una mayoría? Yo lo dudo.

La marcha será un rotundo fracaso, como todas las que se han convocado contra Santos. Y no lo sería si se convocara contra los acuerdos del gobierno con los terroristas, incluso si acudieran sólo una cuarta parte de los pocos que acudirán. Se vería una actitud de grupos de ciudadanos que rechazan la implantación de la tiranía y no el apoyo a quienes buscan acomodarse a ella.

Pero es el problema de siempre: el narcorrégimen no tiene un apoyo mayoritario, ni muchísimo menos, pero la gente que lo rechaza no encuentra expresión política, con lo que predominan los nostálgicos de los gobiernos de Uribe y los que no entienden que el uribismo sólo busca "modificaciones" consistentes en nombramientos y cuotas de poder. Incluso han radicado un proyecto de ley para perseguir la opinión disidente en las redes sociales: los jueces nombrados por las FARC serán quienes decidan cuándo un tuitero incurre en delito. Naturalmente, ningún tuitero uribista ha visto ningún problema.

A estas alturas ya no hay duda acerca de lo que hará Uribe. El problema es si algún candidato será capaz de lanzarse sin su apoyo y con la propuesta de defender la nulidad de los acuerdos. Hay un "nicho de mercado" para eso, pero ¿alguien recuerda un solo comentarista, salvo en Twitter, que vea esa necesidad y entienda que no se puede contar con Uribe? Seguir adhiriendo al CD es traicionar la causa de la democracia, de la ley, de la justicia y de la libertad. Pero lo seguirán haciendo, no vaya a ser que los acusen de dividir a los enamorados del Gran Timonel, que es casi tan feo como ser enemigo de la paz.

(Publicado en el blog País Bizarro el 8 de marzo de 2017.)

lunes, mayo 01, 2017

El peligro de la extrema derecha antidemocrática


La reciente discusión entre facciones del Centro Democrático ha servido para que afloren las diferencias entre sectores que simplemente están juntos gracias a la popularidad (menguante) de Uribe pero que tienen poco en común. Me ha parecido que en la discusión se han entendido mal los términos y se ha pasado por encima de lo esencial.

Voy a detenerme en los tres términos hostiles con que Yamhure se refiere a Londoño.

"Extrema derecha"

He leído comentarios según los cuales esto es una "calumnia", para lo cual se fuerza la interpretación de la expresión hasta convertirla en "nazi" o similar. Pero no hay tal: para la izquierda sectaria no existe la derecha ni el centro derecha sino que todo el que ponga en cuestión sus premisas es de extrema derecha. Esas palabras (izquierda derecha) son falaces, como he explicado cientos de veces. ¿La derecha se encarna en Thatcher o en Hitler? Ambos son hostiles a los comunistas, por tanto, son lo mismo, como decir que los ateos y los musulmanes son lo mismo porque ambos pueden ser hostiles hacia los católicos. Son términos que se prestan al engaño y los suelen usar los totalitarios en todo momento. En realidad Hitler y los comunistas son lo mismo, pero nadie lo puede ver porque a uno le pusieron el rótulo de "derecha" y a los otros el de "izquierda", y a los tontos les reemplazan la noción de "buenos" por la de "izquierda".

Queda la cuestión del "extremismo", y es donde hay que entender a Yamhure. Se dirige a gente que se quiere situar en la sensatez, en el equilibrio y la moderación. Para ese público (que es el que Uribe y su sanedrín esperan atraer para formar mayorías, según su enfoque vulgar de la política), en efecto, Londoño es extremista. Es un señor conservador de estilo patético y un tanto soberbio. Lo que a mi modo de ver interesa en esa expresión de Yamhure es el lugar en que se sitúa el uribismo. Y no porque se trate de colores ideológicos, sino porque se vive la implantación de una tiranía comunista y el expresidente intenta remediar las cosas con un enfoque moderado, inclusivo, abierto al diálogo, etc., en el supuesto de que las mayorías que no están de parte de las FARC y Santos siguen viéndolo como su líder. No es que encargue las agresiones a Londoño, es que comparte los puntos de vista sobre la paz y sobre el futuro del país de Yamhure y sus mentores.

La colombiana es una sociedad muy extraña, y creo que su principal peculiaridad es la incapacidad de hacer frente a la verdad. Nadie se ha dado cuenta todavía de que Uribe y el Centro Democrático no se oponen a la negociación de La Habana. ¿Qué importa que lo digan todos los días? No importa nada, Las certezas están más allá de los hechos. Las adhesiones están más allá de las ideologías y los programas. Odian a las FARC, aman a Uribe, los detalles de la política no les interesan. Como la verdad no importa, las palabras significan cualquier cosa, a menudo lo contrario de lo que dice el diccionario, pero ¿y qué? Tampoco la memoria importa nada. Con tantos ríos de tinta como han corrido, no he visto todavía al primero que recuerde que a Londoño ya lo llamaron de "extrema derecha" hace apenas 16 años. Andrés Pastrana, entonces presidente, dijo tras un acto en el Teatro Patria en el que participó Londoño algo como "ha nacido la extrema derecha en Colombia". (Parece que la amnesia afecta también a google, no he podido encontrar el enlace de la noticia.) El otro "fundador" de la "extrema derecha" era Álvaro Uribe Vélez.

"Antidemocrática"

Perdón por repetirme, como he pasado la mayor parte de mi vida fuera de Colombia, no suelo ver las cosas como los demás colombianos. Muchos presupuestos que todos comparten, como lo del "delito político" o el aprecio por la "acción de tutela", me parecen monstruosos, y creo que se lo parecerían a cualquier persona de un país civilizado. También me parece monstruoso ese rasgo cultural que ya señalé antes de la elasticidad de las palabras. ¿Qué es "antidemocrático"? ¿De qué modo el supuesto extremismo de Londoño es "antidemocrático"? Del modo en que para las FARC lo es cualquiera que las cuestione. ¿No se han dado cuenta de que se expresan así? ¿Quién se declara "antidemocrático"? Las palabras significan cualquier cosa. "Democrático" es "chévere", antidemocrático es lo contrario. Por ejemplo el que acusa a alguien de ser "antidemocrático" se indignaría si se le dijera: "Es verdad, es aristocrático", ¡porque "aristocrático" también es "chévere"!

De modo que la acusación es sólo un insulto barato. La extrema derecha es antidemocrática, no es chévere. Cuando se va a la discusión real, cuyo centro es la promesa de Uribe de no revocar el acuerdo final, resulta que lo antidemocrático es exactamente la defensa de la democracia, pero esa posibilidad, de pretender que se revoque el "acuerdo final" es peligrosa.

"Peligrosa"
Esta palabra es la que de verdad importa. La extrema derecha es lo que ahora Yamhure y los "obdulianos" encuentran lejos (ellos quizá que tendrían algo que contar de afinidades pasadas con radicales afines al nazismo). Lo antidemocrático es lo que no parece chévere y el acompañante habitual de la extrema derecha en la jerga de la universidad colombiana. Pero el peligro no es tan elástico. La opción de una candidatura distinta a la de Duque, sea con Uribe o sin él, es lo que es peligroso. No sólo para la carrera de Yamhure y sus mentores, ni para los negocios de quienes los financian, sino sobre todo para el consenso a que han llegado con el narcorrégimen ("no revocar los acuerdos", ¿recuerdan?).

Insisto, no ocurre nada fuera de la cabeza de cada uno, el problema no es lo que maquinen estos personajes ni lo que decida Uribe sino la disposición de la gente a engañarse. La negociación de paz con las FARC es la abolición de la democracia, pues dejan de contar las urnas y las reemplazan unas bandas de asesinos, pero el uribismo no se ha opuesto nunca y ahora promete respetar el acuerdo final, y mucha gente no quiere verlo. Los defensores de ese acuerdo, sean uribistas o santistas, ven el peligro de una candidatura "de extrema derecha" que precisamente restaure la democracia.

Desde mi punto de vista, quienes deben responder son Londoño y sus valedores. Por cálculos de corto plazo han permitido que Uribe promoviera y aplaudiera a Angelino Garzón, antiguo jefe de las FARC, han hecho campaña por Everth Bustamante, han aceptado la versión del fiscal sobre el caso de Sigifredo López, han mirado para otro lado durante más de seis años de continuos renuncios de Uribe. Incluso han callado ante las incesantes manifestaciones de apoyo a la negociación de La Habana. Sin él no son nada, ¿cómo van a salir a esa intemperie en la que los ven como la extrema derecha y los culpables de dividir a la bella mayoría que ama al Gran Timonel? Tras 16 años esa mayoría ha fracasado siempre, pero dividida no sería mayoría.

Se equivoca Yamhure. No hay tal peligro, la implantación de la tiranía ha ocurrido en medio del lloriqueo de Uribe y su coro. Y nadie va a lanzar una candidatura alternativa porque todos son antidemocráticos como él, todos están dispuestos a suscribir la abolición de la democracia porque si no lo hicieran les dirían que son de extrema derecha.<

(Publicado en el blog País Bizarro  el 2 de marzo de 2017.)

sábado, abril 15, 2017

La posición clara de Uribe


El Centro Democrático vive en estos días un conflicto interno que podría conducir a su división. En realidad, lo raro es que se mantenga unido, lo cual sólo se explica por el oportunismo de todos los que lo dirigen, que simplemente se amparan a la sombra del Gran Colombiano y conviven con gentes cuyos valores e ideas son los opuestos. Claro que en todos los partidos hay discrepancias y facciones, y más aún rivalidades personales, pero que en plena campaña el candidato le pida a un senador que renuncie a su curul, como hizo Óscar Iván Zuluaga en 2014, ya es inaudito.

Las presiones para hacer candidato a Iván Duque han forzado la resistencia de sectores conservadores y la apertura de hostilidades. Sencillamente, el CD no tiene sentido porque es un partido a la vez de izquierda, de centro y de derecha, conservador y liberal, pacifista y crítico de la paz. El CD sólo se une por la adhesión a Uribe, que a la vez está con los promotores del terrorismo como Angelino Garzón y con sus víctimas. A pesar de la popularidad del expresidente, sus sobrehumanos atributos no le dan para vencer el viejo refrán de que "el que mucho abarca poco aprieta".

Tras el escándalo que ocasionó el tuit en que Uribe anuncia que su partido no intentará revocar los acuerdos, en su misma cuenta apareció este escrito (que "a su manera" respalda). No es algo que publique Ernesto Yamhure sino Uribe, atribuyéndole la autoría a aquél.
Sobre la traición y la responsabilidad

Yamhure


Unos quieren plantear el asunto como un escenario de traición de parte suya. También caen en el ataque vil como el que me hicieron.
Efectivamente, pese a la proeza inverosímil de presentar un asunto como un escenario, no se puede decir de ningún modo que Uribe traicione a los uribistas, porque éstos se reconocen por estar de acuerdo con Uribe. Y el aserto tampoco sería cierto si diera a entender que traiciona a quienes compartían con él determinada opinión, pues tanto Uribe como los dirigentes del CD siempre han mostrado su apoyo (con críticas constructivas) a las negociaciones de La Habana. Nadie se puede sentir traicionado porque no quisiera ver lo que tenía delante o quisiera interpretarlo al revés. En ese punto el error no está en Uribe ni en los uribistas, sino en los que no quieren hacer frente a la realidad. (En este post he demostrado esa adhesión clara del uribismo a "la paz", si no reinara la mala fe se admitiría que es algo indiscutible, también por parte de Uribe.)

Respecto al "vil" ataque que dice haber sufrido Yamhure (y que no explica), creo que alguien debería escribir la novela de la persecución a Ricardo Puentes Melo, porque se podría ver al amanuense de Uribe ya no como un canalla, sino claramente como un malhechor.
Con cabeza fría he redactado este artículo para mañana en el que pongo el asunto en el plano que debe estar: el de las ideas.

Una posición responsable

En los últimos días hubo oportunidad de leer algunas posiciones y reflexiones del expresidente Álvaro Uribe sobre el futuro del acuerdo de paz después de 2018, año en el que se espera que la oposición gane las elecciones presidenciales.
 
El debate comenzó por cuenta de unas declaraciones del senador José Obdulio Gaviria en las que aseguraba que el Centro Democrático en el poder reversaría algunos elementos del acuerdo Santos-Farc.
Fieles a su posición, Uribe, Gaviria y Yamhure pasan por encima del hecho de que esos acuerdos fueron rechazados en el plebiscito al que tanto se opusieron. Ya apoyaron la violación monstruosa de la ley consistente en negociarla con quienes la violan, ¿por qué no van a seguir ayudando a pasar por encima de lo que la gente votó? Claro que para quienes han ido a la universidad hace falta una aclaración: resulta que en la idea de "reversar (?) algunos elementos del acuerdo" se da por sobreentendido que éste tiene valor jurídico. ¿Lo tiene? Para Uribe y los uribistas sí, es lo que dicen. Quienes mienten y engañan no son ellos, sino quienes viven interpretando sus palabras para que resulte que no están con Santos y las FARC.
La discusión está servida: ¿Qué debe mantenerse, qué debe modificarse, qué debe mejorarse y qué debe suprimirse? Y ahí entró el expresidente Uribe a separar los elementos del análisis. Nadie con un mínimo de sensatez estará en contra de que, por ejemplo, las Farc concentren a sus integrantes en determinadas zonas de ubicación temporal. Tampoco habrá disenso en que se produzca una desmovilización de los guerrilleros de la base con una amnistía amplia y generosa para todos aquellos que no hayan cometido crímenes de lesa humanidad.
¿Qué debe mantenerse del acuerdo? NADA, porque no existe, no tiene valor jurídico, fue rechazado por el pueblo en plebiscito. El problema, lo que no se quiere ver, es que ese acuerdo no sólo era el propósito de Santos y las FARC sino también del uribismo, que intenta mantenerlo y no sencillamente revocarlo. Con apego a la ley y a la democracia, habría que procesar a quienes lo han llevado a cabo, pues su contenido es una suplantación de la Constitución y su trámite surgió de un engaño.

Es que ese "mínimo de sensatez" que demandan Uribe y Yamhure supone la aceptación de la negociación. Pero es aún más grave porque las FARC no se están concentrando en determinadas zonas de forma temporal sino tomando posesión de amplios territorios sin la menor contraprestación. No se han desmovilizado, no se sabe quiénes son sus integrantes y es muy posible que tengan ahí a clientelas que esperan disfrutar de rentas cómodas declarándose parte de las organizaciones de nuevos amos. Los verdaderos miembros de las FARC se volverán activistas políticos legales en otras partes, y si son jóvenes y aptos para matar y secuestrar, se integrarán en el ELN, como ya ocurrió con el M-19.

Pues con la máxima insensatez tenemos que decir que sí habrá "disenso" en que se produzca una desmovilización de los guerrilleros de base, porque esa desmovilización no está contemplada en los acuerdos: como en un cuento de Borges, en que se dice "Ni el prohibido perdón ni la recomendada crueldad tuvieron ocasión de ejercerse", los colombianos no pueden perdonar ni dejar de perdonar a los terroristas porque la negociación comporta un reconocimiento de legitimidad a las bandas. No serán los demás colombianos quienes castiguen o perdonen a los terroristas, sino lo contrario. Eso es lo que llaman "jurisdicción especial para la paz", y ese castigo a quien se considere causante del conflicto está contemplado hace tiempo en los planes del gobierno y las FARC. (Al respecto, lean este impagable anuncio del magistrado Rodolfo Arango.)

De modo que Uribe y Yamhure no sólo aplauden la llamada negociación de paz y reconocen la violación de la soberanía popular sino que ayudan a divulgar las mentiras del narcorrégimen.

¿Quiénes han cometido delitos de lesa humanidad? Por ejemplo, ¿un niño que castró a un policía podría haber cometido un delito de lesa humanidad? Si es así, ni Hitler ni Himmler ni Heydrich ni Bormann ni Goering ni ningún jerarca nazi cometió delitos de lesa humanidad, sino algún rústico reclutado para las SS. Todos los miles de crímenes de lesa humanidad los cometieron todos los jefes terroristas, pues quienes los cometían simplemente obedecían sus órdenes. Pero ¿hay acaso algún reconocimiento de cada acción que pudiera ser susceptible de ese castigo? Ni lo hay ni lo habrá. Lo del castigo específico de esa clase de crímenes es la propaganda del narcorrégimen que sus socios divulgan.
El estado de no violencia es fundamental. Que los ilegales dejen de matar, dejen de extorsionar, de traficar estupefacientes, de desplazar campesinos, de reclutar a niños. Aquello debe mantenerse.
Préstese especial atención a este párrafo, porque la mentira es sencillamente una burla. ¿Han dejado los ilegales de PRODUCIR cocaína? ¿Alguien cree que van a dejar de hacerlo? Ni se menciona. ¿Hay un "estado de no violencia"? Como ya he explicado, los terroristas aptos se integran en el ELN, pero ¿no desplazan campesinos de las áreas que les entrega el gobierno? Todo es excesivo, una mentira monstruosa, porque mientras descubrimos esa mentira pasamos por alto que ese "estado de no violencia" (el mismo "cese al fuego bilateral" llamado por otro nombre para consumo de uribistas) presupone la impunidad efectiva de los terroristas y el desistimiento de la ley. Insisto, ya demostré que los uribistas siempre han apoyado la negociación, pero lo negarán haciendo caso omiso de las pruebas. Si después de las infinitas atrocidades de las FARC se llega a un "estado de no violencia", toda la ley penal sobra, pues ¿quién va a denunciar un secuestro si tras pagar el rescate se llega a un "estado de libertad"? El que vaya a denunciar pone en riesgo el "estado de libertad" y aun su vida. Eso no lo digo con sarcasmo, no es sarcasmo, es sólo el punto de vista del secuestrador. Es que en aras de intereses mezquinos y de su cuota de poder, Uribe y su sanedrín reproducen las razones de las FARC y Santos.
Pero al mismo tiempo hay elementos que son de obligatoria revisión, para efectos de proceder a introducir los cambios que sean necesarios. El primero de ellos, los alcances de la denominada justicia especial de paz, mecanismo macabro que romperá en mi pedazos la juridicidad colombiana y convertirá a la justicia ordinaria de nuestro país en una convidada de piedra. La manera como se integrará el tribunal, la forma como se designarán los magistrados y los alcances infinitos de la jurisdicción son elementos que no son admisibles, tal y como han sido planteados.
Una vez que se defiende la negociación (para la que se resucitó a una banda derrotada y en realidad desterrada) y también el acuerdo final, llega la hora de hablar con autoridad sobre lo que es "de obligatoria revisión", ojo "para efectos de proceder a introducir los cambios que sean necesarios". Alguien lo entiende. Yo no. Es que no tengo estudios. Hay elementos que son de obligatoria revisión, para efectos de proceder a introducir los cambios que sean necesarios. Entonces llega el matiz de los límites de la JEP, toda vez que los nuevos jueces podrían molestar a los uribistas. Lo demás no importa, los muertos y los mutilados y los arruinados por el secuestro, que agradezcan el "estado de no violencia".
Tampoco es aceptable que un delito autónomo como el narcotráfico pase a convertirse en conexo del delito político para efectos de cobijarlo con amnistía.
Uno que razone como Uribe-Yamhure cae en una isla de caníbales y al cabo de poco tiempo empieza a convencerlos de que no se coman la carne humana cruda. Resulta que no hay ningún problema en que la producción y tráfico de drogas sea "conexa" a los delitos "políticos" sino que haya delitos que resten penas de otros. ¿De modo que producir o vender cocaína no debe restar pena pero matar gente y pretender imponer un régimen de partido único sí? ¿En qué ordenamiento jurídico existe algo así? Obviamente en ninguno. Es como si se redujera la pena a los asesinatos de Alfredo Garavito porque su motivación era sexual. Pero para los uribistas no hay ningún problema porque son bastante parecidos a Santos y al hampa que lo sostiene.
Aquella nueva calificación del narcotráfico pone a la democracia colombiana al borde del abismo y amenaza con convertir a nuestro país en un narcoestado.
Insisto, si hubiera comprensión de lectura Colombia avanzaría muchísimo. Resulta que legitimar el negocio de la cocaína pone la democracia colombiana al borde del abismo porque NO LO ESTÁ. ¿Quién va a atreverse a cuestionar una democracia cuyas leyes son dictadas por una secta de sociópatas? Podría considerarse un pequeño defecto de una democracia, no es cuestión de arrastrarla hasta el borde del abismo y "amenazar con convertir a nuestro país en un narcoestado", cosa que obviamente no es (según Uribe-Yamhure).
Adicionalmente, el acuerdo con las Farc debe ser modificado en temas sustantivos como los son la reparación a las víctimas, el esclarecimiento a la verdad y la garantía de no repetición. Tal y como está la redacción del documento actual, un reincidente podrá mantener los beneficios que otorga la JEP y aquello, en pocas palabras, significa que los guerrilleros de las Farc han quedado con una licencia ilimitada para delinquir.
El acuerdo con las FARC no existe, no tiene ninguna validez y el pueblo lo ha rechazado. Los uribistas lo aceptan y sólo buscan mejorarlo de forma que convenga a sus intereses. Durante más de seis años sólo los cuatro gatos (el número es una exageración) de este blog hemos visto que el uribismo se sometía, pero eso no quiere decir que no seamos un bando diferente. Como los primeros que se abstuvieron de comer carne humana en las comunidades caníbales. Este párrafo del escrito de Uribe-Yamhure reincide en el apoyo al acuerdo. Las modificaciones hacen pensar en alguien que desaprobara los arañazos y mordiscos en las violaciones. 

En realidad, no hay nada nuevo en todo eso que dicen y hacen. Sólo unos pocos se incomodaron por la candidatura de Iván Duque, un personaje al que extrañamente el narcorrégimen no intenta matar ni encarcelar sino que lo promueve en los medios. Me atrevo a suponer que en cierta medida habrá un pacto entre el uribismo y el gobierno para hacerlo elegir, pacto que Santos romperá cuando Duque sea el candidato. Pero todos esos descontentos deberían plantearse cómo es que no vieron que todo eso lo dicen y hacen los uribistas desde 2010.
Esas y otras consideraciones adicionales fueron ampliamente expuestas durante la campaña del plebiscito que tuvo lugar el pasado 2 de octubre. El pueblo concurrió a las urnas y mayoritariamente respaldó la opción del NO.

El presidente Uribe y demás líderes del NO, entre los que se contaban los 3 precandidatos del Centro Democrático a la presidencia, el exprocurador Ordóñez, la exministra Martha Lucía Ramírez, cristianos y representantes de las víctimas hicieron lo que correspondía: establecer un diálogo con el gobierno para efectos de encontrar un mecanismo que no generara traumatismos institucionales con miras a incorporar un nuevo acuerdo que incluyera todas, absolutamente todas, las exigencias de los ciudadanos que votaron por el NO.
La relación con los colombianos plantea siempre un problema de comunicación. Veamos. Yo me opongo a la negociación con los terroristas y voto NO. Pero el resultado de mi voto es que me representa Yamhure, que se oponía a votar NO. Es genial. Es la cultura del país, donde siempre aparece la camarilla de lambones representando a los demás viendo "cómo van ellos" ahí. Pero el párrafo contiene otra perla que el señor Ordóñez debería aclarar lo antes posible. ¡El pueblo votó no pero los representantes autodesignados del pueblo fueron a modificar el acuerdo en aras de uno nuevo que incorporara ABSOLUTAMENTE, ABSOLUTAMENTE (insisto, Colombia no es parte de la humanidad) todas (TODAS) las exigencias de los ciudadanos que votamos por el NO! ¿Cómo las conocerían? El pueblo votó NO pero ellos se convirtieron en sus representantes y fueron a decir SÍ, pues la pregunta no era si se modificaba el acuerdo ni si salía uno nuevo. Eso es el interés del uribismo, no del "pueblo".
Y aquella actitud era la que requería el momento histórico. No fue, como se ha querido insinuar desde algunos sectores, un acto de traición, ni mucho menos. Aquello era lo que podían y debían hacer aquellos que ejercieron la vocería ciudadana.
No fue un acto de traición sino de suplantación. Sencillamente, nadie los nombró representantes de los ciudadanos que votamos NO. Ejercieron la vocería ciudadana para encauzarla hacia la satisfacción de sus intereses particulares, nadie los nombró para eso. Si fueran la oposición habrían declarado nula la negociación, pero es que sólo son el adorno del narcorrégimen.
Distinto fue lo que hizo el gobierno que de manera tramposa, mientras dialogaba con los jefes de la oposición, se fue a La Habana a maquillar el acuerdo improbado para luego desconocer el resultado de las urnas e imponer el documento de manera ilegítima a través de unas mayorías clientelistas en el Congreso de la República. 
Nadie puede esperar que un demócrata integral como el presidente Uribe, respetuoso de las instituciones obrara de manera distinta. Su deber con los millones de colombianos que acogieron sus argumentos y votaron por el NO, pero además su responsabilidad con Colombia, lo obligaban a proceder como hizo en ese momento y lo obligan a plantear el futuro del acuerdo de paz en los términos que ahora está utilizando.
Pero, ¿qué clase de demócrata integral puede suscribir un crimen monstruoso como la negociación de paz con los terroristas, para la cual se han cometido todos los crímenes? Es la retórica del maoísmo, el elogio debido al amado líder (a ver quién ponía en duda que Pol Pot, Kim Il-sung o Mugabe son "demócratas integrales"). Este demócrata integral se opone a que se vote NO a un acuerdo criminal (el documento oficial del CD se quejaba de que no les dejaban otra opción) y después resulta el representante de los que votamos NO, en aras de sus intereses particulares. Ahora espera recuperar una partecita del poder llevando a su candidato conjunto con el gobierno y para eso anuncia que reconoce el acuerdo final, al que en realidad sólo le falta alguna concesión para que los tontos que todavía lo siguen se consuelen.

Empecé suponiendo que el desacuerdo con la candidatura de Duque llevaría a la ruptura del CD. Pensándolo bien es dudoso. Ya son demasiados años para que los ahora descontentos no hayan querido enterarse de lo que hace el CD respecto de "la paz". Todavía llaman a Uribe a recapacitar y elogian sus infinitas virtudes. Algún gesto comprensivo del gran timonel los hará recapacitar a ellos. Incluso dudo de que haya una candidatura de Ordóñez, nadie va a soportar que lo acusen de dividir el uribismo.

La tiranía y aun la hambruna (como en Venezuela) son un hecho. El que pueda que emigre a tiempo.

(Publicado en el blog País Bizarro el 1 de marzo de 2017.)

viernes, abril 07, 2017

La zona oscura

Por @ruiz_senior

Las recientes protestas del uribismo tras la prevista aprobación por el Congreso de puntos muy sensibles del acuerdo de La Habana son en cierta medida desconcertantes, pues parece puro fingimiento, dado que se sabe desde el comienzo qué se buscaba con los diálogos y sencillamente no se ha querido hacer nada para impedirlo, únicamente aprovechar el descontento para acceder a las curules desde las cuales lloriquear y en algunos casos entenderse con los demás congresistas en aras de beneficios personales o grupales.

Lo mismo se puede decir de las movilizaciones previstas, cuyo motivo no son los acuerdos de paz sino la corrupción del gobierno, como si alguna vez en algún país hispanoamericano hubiera habido un gobierno al que no se acusara de corrupción para derribarlo. Tácitamente hay una aprobación de esos acuerdos, que, según manifiesta Uribe en un tuit muy comentado, no intentarán revocar sino corregir para que no conduzcan a un régimen castrochavista. Un régimen castrochavista ya existe en Colombia desde 1991, cuando el crimen organizado accedió al control del poder judicial (personajes tan fascinantes como Carlos Gaviria y Eduardo Montealegre fueron presidentes de la Corte Constitucional, mientras que otros magistrados hicieron su carrera como militantes de organizaciones marxistas ligadas al terrorismo, caso de Alfredo Beltrán o Armando Novoa, por citar sólo un par de ellos).

Para Uribe y su sanedrín ha habido siempre algo más importante que el porvenir del país, evidente desde que Santos anunció en su discurso de posesión de 2010 que la llave de la paz no estaba en el fondo del mar. Se trata de su cuota de poder, que puede menguar pero no desaparecer de golpe. De ahí esa percepción de "normalidad" que se evidencia en el "rechazo al gobierno corrupto", como si la entrega del país a una banda de asesinos fuera igual que cualquier desmán de algún funcionario. (A propósito, es muy llamativo que la corrupción aumentara durante los gobiernos de Uribe, respecto al de Pastrana, aunque eso se podría atribuir a la multiplicación de las oportunidades empresariales que trajo la mejora de la situación de seguridad.)

Pero de eso ya me he ocupado en muchísimos posts de este blog, lo que me interesa señalar es que nada de eso ha tenido la menor resistencia ni el menor reproche hasta la reciente carta de algunos comentaristas descontentos. Con perdón por la jactancia, fuera de este blog no recuerdo a nadie que estuviera fuera de dos bandos claramente identificables, el de los odiadores de Uribe que acompañan toda la persecución mediática y judicial, y el de sus adoradores, que NUNCA dijeron nada de que en las elecciones de 2011 no hubiera ningún candidato diferenciado de los que promovía Santos (salvo Peñalosa, que resultó elegido en 2015 con el apoyo de grupos afines al narcoterrorismo y que simplemente era la alternativa a Petro; probablemente habría ganado en 2011 de no ser por el apoyo de Uribe, al ser tan urgente para el gobierno impedirle a éste demostrar que los votos eran suyos, por lo que se promovieron las tres candidaturas de distracción que permitieron ganar al payaso).

NADIE se sintió incómodo cuando Óscar Iván Zuluaga aseguraba en un artículo publicado en El Tiempo el 7 de agosto de 2011 que el gobierno merecía aprobación, ni cuando ya en 2012 aseguraba que quería que a Santos le fuera bien porque era lo que convenía a su partido (el PSUN), ni cuando Rafael Nieto Loaiza aseguraba que "sólo los criminales" deseaban que a Santos le fuera mal en sus negociaciones de paz. Francisco Santos declaró en una entrevista que si su primo conseguía la paz sería "el rey del universo". Fui el único que la leyó. La he enlazado MUCHOS MILES de veces en Twitter y NUNCA nadie me ha dicho que la conociera o que supiera que el uribismo aprobaba la negociación o que alguien discrepaba de Santos. 

Mucho más grave es que tampoco nadie discutiera nunca que la propaganda del gobierno confundía "paz" con "negociaciones de paz". Como ya he señalado, para mantenerse en una zona de confort se asumía que los colombianos aceptarían el atajo de la negociación, cosa que en sí es complicidad con el crimen, pues tácitamente el Estado renuncia a la ley. Pero como no es cuestión de ser descritos como culpables de la "guerra" ("enemigos de la paz"), pues tampoco va a pasar nada con que "paz" sea lo que se hacía en La Habana. Buenas personas, al fin y al cabo, en lugar de crear problemas con la semántica, denunciaban todos los días las atrocidades terroristas, como si no se cometieran precisamente como "pedagogía de paz". Como quien negocia un secuestro les pone a los paganos la grabación con el llanto del niño para convencerlos de que paguen, así estos "descontentos" publicaban el horror sin negarse a premiarlo, a lo sumo matizando algunos puntos y siempre buscando producir la impresión en el público de que ellos eran los "intérpretes de la angustia popular".

En las tres elecciones que se celebraron en 2014 (las legislativas y las dos vueltas presidenciales), tampoco hubo el menor interés en aludir a la "guerra", o sea, a la "paz". En la cuenta de Twitter de Óscar Iván Zuluaga se hablaba de "consolidar la paz" mediante inversiones en Inzá, pero fui el único que lo leyó. También lo he mostrado cientos de veces en Twitter, pero en los terminales ajenos no llega, nadie lo vio. El único que recuerdo que con ocasión de esas campañas manifestó algo sobre la paz fue Saúl Hernández, que protestaba porque se la utilizara como tema electoral. Debería prohibirse. Para que no crean que me lo invento, cito el fragmento.
Por eso, un tema tan azaroso, que suele ser presa del oportunismo político, debería estar excluido del debate electoral.
Esa renuncia generalizada a la verdad, que es lo que hay en esa aparente filigrana semántica, tampoco la detectó nadie, y los uribistas proclamaban después de las elecciones que nada habría cambiado con Zuluaga respecto a "la paz". ¿O alguien ejecutó la inverosímil proeza de leer esta perla del uribista Sergio Araújo, entenderla y darse por enterado? 
Un gobierno de Zuluaga habría sido reconciliador. La suya hubiera sido una paz responsable. Su álter ego, Luis Alfonso Hoyos –y no Uribe– habría sido el hombre más importante del Gobierno. Y Colombia hubiera dado seguramente el salto educacional que nos insertara en el primer mundo, transformándonos.
Nadie lo leyó. Es sencillo, lo he explicado muchísimas veces con base en lo que afirmaba Octavio Paz: la Contrarreforma de los siglos XVI y XVII dejó en la América española el rastro del rechazo a la crítica. No hay discusión real porque en cualquier momento Roma locuta, resulta uno discrepando con Uribe y echa a perder su carrera. En el mismo enlace afirma Mauricio Vargas que un grupo de amigos de Uribe lo intentaba persuadir para que aplaudiera los acuerdos. Parece que lo convencieron.

Tras las elecciones declaraba Óscar Iván Zuluaga:
Siete millones de colombianos cuya voz tendrá que ser escuchada por el nuevo gobierno. Aquí hay una opinión ciudadana que reclama un espacio en la política de construcción de la paz negociada.
(Citado por Rafael Guarín en un artículo obviamente dedicado a aplaudir la paz negociada y a llamar a la inclusión del uribismo.) 

Pero eso tampoco lo leyó nadie, no faltaría más sino que además lo recordaran. Y no obstante lo que ocurrió después fue mucho peor: ¿qué pasó con las reuniones de representantes del uribismo con Álvaro Leyva? No le interesan a nadie y son paparruchas tan despreciables que nadie las va a comentar, como el testimonio del vendedor de fruta que vio a Sigifredo López dirigiendo el secuestro de los diputados, según el inefable Montealegre. (El caso de ese asesino bastaría para demostrar que el uribismo es sólo una farsa de unos canallas, una evidente suplantación de la sociedad en aras de beneficios particulares: se renuncia a la justicia a cambio de quién sabe qué incentivos.)

Y como NADIE sabe ni quiere saber, salvo los "exegetas", que siempre interpretan las cosas de modo que resulte lo que quieran, tampoco se puede conocer lo que piensa NADIE del proyecto de acordar una Constituyente con las FARC, explícito en este artículo de Juan Lozano que Uribe divulgó en su cuenta de Twitter y que obviamente corresponde a los cálculos del uribismo. Por entonces creían posible anular el referendo, que daban por perdido pues ¿quién no va a aprobar una paz estable y duradera? La solución, visto que el acuerdo que pedía Zuluaga y proponía Guarín no se conseguía, era acordar una Constituyente en la que a cambio de la sumisión a la paz las FARC concederían algo al uribismo, yo casi apuesto a que sería la posibilidad de Uribe de volver a ser candidato.

En ese escrito, Lozano le reprocha a Santos incumplir sus promesas a las FARC, pero curiosamente NADIE lo leyó. Ahora se sorprenden de que Uribe anuncie que no buscará revocar el acuerdo final, pero ¿no es un poco cínico y a la vez ridículo sorprenderse? Es ocasión simplemente de renovar el voto de amor al Gran Timonel y advertirlo contra los malos consejeros, recomendándole que dé marcha atrás y mantenga la ficción de que se opone al acuerdo, como en aquella canción de Camilo Sesto:
Miénteme, porque sólo así me harás saber / que aún nos podemos entender. / Miénteme, tus ojos dicen la verdad, / miénteme.
Y es que sólo esa ficción permite mantener los hechos reales en esa zona oscura en la que no existen, en la que se puede no ver lo que abiertamente ocurre hace muchos años.

Cuando se acusa a los uribistas de rendirse lanzan su protesta: #NoClaudicamos. Ya claudicaron en 2010 y en realidad antes, cuando el gobierno en lugar de acabar con el engendro del 91 prefirió "corregirlo" sólo para poder instaurar un "uribato" inspirado en Mao Zedong y el "culto de la personalidad" que cultivó el comunista chino. Y cuando en combinación con esa proeza aplaudieron la alianza con la politiquería regional y Santos para conservar su cuota de poder.

Y es que el problema de Colombia no es el narcoterrorismo ni la mafia gubernamental sino el uribismo, tal como el enemigo de la salud en África no es el mosquito que transmite la malaria sino la falta de políticas eficientes para erradicarla. No habrá remedio para Colombia mientras no haya una movilización ciudadana que incluya al uribismo en el bando de "la paz" y lo rechace tajantemente, y eso no ocurrirá durante mucho tiempo. Tampoco habrá después de 2018 ningún gobierno uribista, pues la alianza planeada con el gobierno y sus aliados para hacer elegir a Duque se acabará en cuanto sea el candidato oficial: ya no lo querrán tanto los medios y puede que algún juez le encuentre alguna conducta dudosa. Pero es que ¿qué candidato es? ¿Qué representa? Bueno, representa el uribismo, la más vil politiquería y falta de principios que ha permitido la instauración de una dictadura criminal de la que será muy difícil salir.

Pero insisto, para la historia quedará esa derrota total y previsible, para la historia de la conciencia quedará ese milagro increíble de que NADIE haya visto lo que pasaba. Esa zona oscura en la que los hechos obvios no demandan respuesta y ni siquiera se registran.

(Publicado en el blog País Bizarro el 23 de febrero de 2017.)